tag:blogger.com,1999:blog-111029242009-05-29T12:06:55.203-03:00Intrépidos Navegadores del Tiempo<b>[Take your broken wings and learn to fly once more]</b>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.comBlogger75125tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-51409330488873708582009-05-05T00:38:00.007-03:002009-05-12T11:51:16.207-03:00Telaraña<span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;">['<span style="font-style: italic;">Después me contó un vecino</span></span> <span style="font-style: italic;font-family:arial;" ><br />que el campo se lo pidieron,</span><br /><span style="font-style: italic;font-family:arial;" >la hacienda se la vendieron</span><br /><span style="font-style: italic;font-family:arial;" >pa` pagar arrendamientos,</span><br /><span style="font-style: italic;font-family:arial;" >y qué sé yo cuántos cuentos;</span><br /><span style="font-family:arial;"><span style="font-style: italic;">pero todos se fundieron.</span>'<br /></span><span style="font-family:arial;"><span style="font-weight: bold;">José Hernández: "El Gaucho Martín Fierro", 173; "Martín Fierro", Edición del Centenario, pág. 44; Buenos Aires, Libra, 1972</span>]</span></span><br /><br /><div style="text-align: justify;">Los caminos del mundo son una alucinante tela de araña. No me refiero a la tejida por las pretenciosas normas judiciales que urdimos los hombres y Hernández hiciera descubrir <a href="http://books.google.com.ar/books?id=iUzu2tDIB0AC&amp;pg=PA509&amp;lpg=PA509&amp;dq=la+ley+es+tela+de+ara%C3%B1a+martin+fierro&amp;source=bl&amp;ots=_Dr-9M02tK&amp;sig=HLywgkezrz_HPAM8Py_oL0JPAtY&amp;hl=es&amp;ei=KUAASuW_IJPGMpmK1OgH&amp;sa=X&amp;oi=book_result&amp;ct=result&amp;resnum=6">en otra parte</a> al Fierro desde sus propias lecturas de Confucio, Epicteto, Manrique y el acaso rudimentario jurista uruguayo Pérez Gomar, sino a la que es fruto de la mera superposición de caminos terrestres y marítimos, algunos de ellos hijos principalmente del azar, y otros deliberadamente escogidos entre diversas posibilidades.<br /><br />Los caminos del mundo son una alucinante tela de araña. Lo sabe cualquier persona que haya tenido oportunidad de mirar desde una elevación del terreno la tierra surcada horas antes por unos tanques, o unos tractores, o simplemente unas '4 x 4' a campo traviesa. La guerra, la siembra y el turismo son otras tantas telas de araña.<br /><br />Los caminos del mundo son una alucinante tela de araña. El que goza de fama de sabio en el Septentrión parece un ente ignaro en el Meridión, y viceversa. Quien exhiba ética intachable en el Oriente podrá ser acaso insolvente moral en Occidente, y recíprocamente estará en riesgo de validar por vía empírica la importancia de la cultura en la diferenciación sociológica entre grupos de seres de una misma especie con el simple requisito de un corrimiento en el espacio. El valiente en el mar resultará muchas veces cobarde en tierra firme, el audaz andariego incapaz de gobernarse en medio del océano, y quien ejerza la prudencia y la templanza en el caos y la incertidumbre acaso adolezca de fatales aventurerismo y descortesía inmerso en la más ordinaria previsibilidad. Nuestras virtudes y defectos nos atrapan en una tela de araña.<br /><br />Los caminos del mundo son una alucinante tela de araña. Me ha parecido ver, desde un recodo del camino de hilo en que ando atrapado, esbozar una sonrisa apenada al cefalotórax del dueño de casa, que aguarda por nosotros en el centro de su delicado abismo: sabe que nadie intervendrá para cortar este nudo gordiano en que gimen, vociferan o guardan silencio sus huéspedes (a cada cual, su temperamento y la carga de sus destinos). Mejor así. La inercia es una tela de araña, y acaso la voluntad también lo sea.<br /><br />Porque todos los caminos del mundo, no sólo los de la Ley, son una alucinante tela de araña. Esta bitácora es una tela de araña, un libro es una tela de araña, una canción es una tela de araña, una ideología es una tela de araña, y tu mente, acaso lector, también. Una tela de araña, simple y eficaz, tejida a medida del usuario por sus propias víctimas. La telaraña virtual por antonomasia.<br /><br />Los caminos del mundo son una alucinante tela de araña. El innegable componente de álea en que la acción humana está encuadrada temporalmente no impide crear a gusto del sujeto absolutos matemáticos o parámetros lingüísticos que suplanten la realidad y la hagan más llevadera. Hay que saber arrojar los dados y hacerse cargo, a cada instante, de esto que hemos dado en ser y que no es sólo un enunciado o una expresión abstracta. Saber ponernos serios o sonreír, según corresponda, y empezar a hacernos de nuevo.<br /><br />Los caminos del mundo son una alucinante tela de araña. Puede que sea hora de cortar los hilos del camino y dejarse caer, venciendo los miedos, al aparente vacío. Tiempo de confiar nuevamente en la suerte. Quizás lleguemos, más o menos ilesos, a otra tierra, donde gozar nuestra breve existencia mientras a quienes se creyeron virtuosos los espera el anfitrión arácnido, el autómata que teje el Hilo Interminable, por no haberse atrevido a volar sin alas. O quizás caigamos indefinidamente a un vacío sin fin. Poco importa: la eternidad es una tela de araña, como la finitud.<br /><br />Me despido hasta una apropiada ocasión, confusas aunque sensibles damas, perplejos pero recios caballeros. Dejo a cada uno a solas con su correspondiente tela de araña, y les deseo que tengan éxito. Estar en cierto lugar de una telaraña es, hoy, el menor de nuestros problemas.<br /></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-5140933048887370858?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-59339312179445569222008-11-23T11:15:00.009-02:002009-03-31T10:20:59.871-03:00Página para recordar a 'El Amigo Invisible'<div style="text-align: justify;" id="yiv790329415"><span style="font-weight: bold;font-family:arial;font-size:85%;" >«...¡Mira! Mira los miles de linternas que brillan esta noche, en lo alto de este sendero de montaña.-» </span><span style="font-style: italic;font-family:arial;font-size:85%;" >(tomado de Hotaru-Koi, "Oh, ven, luciérnaga ...", canción infantil tradicional japonesa, en traducción de Chiyo, la dueña de la tintorería de la esquina de mi casa)</span><span style="font-weight: bold;font-family:arial;font-size:85%;" >.</span><br /><br /><span style="font-size:85%;">El Amigo Invisible se ha despedido de mí por correo. Un correo es una carta misiva, una pieza privada y confidencial. Pero esta en particular puede ser puramente imaginaria, y renuncio al deber de confidencialidad para ejercer la justicia de amigo. Así que, prescindiendo del verdadero texto, que guardado quedará con cinco mil candados, transcribiré en propias palabras lo que, según entiendo, me ha querido decir el buen hombre:<br /><br /></span><div style="font-style: italic;"><span style="font-size:85%;">«Estimado Alfredo:<br /><br /></span></div> <div style="font-style: italic;"> </div> <div style="font-style: italic;"><span style="font-size:85%;">Me presento en tu bandeja de entradas emboscado en este pseudónimo, si bien he usado algún otro y disfrutado de las mismas páginas web que tú en viejos tiempos. Éstos, según debatimos años atrás, no siempre fueron tan dorados como los añoran seres hesiodíacos, mas sí estuvieron vírgenes de decepciones y preñados de ensueños, a la manera de los esfuerzos de personas ingenuas mientras pueden mantenerse como tales.<br /><br />La nostalgia tiene por real sujeto a nuestra misma persona un poco - o mucho - más joven y menos desgastada por el uso y mero transcurso del tiempo. ¿Qué mejor sitio para ejercerla que el ciberespacio, donde, además de perder lamentablemente parte de nuestras escasas horas, hemos sonreído, discutido, aprendido y, algunas veces, llorado?<br /><br /></span></div> <div style="font-style: italic;"> </div> <div style="font-style: italic;"><span style="font-size:85%;">Ninguno de cuantos participamos en espacios comunitarios podemos hacernos los distraídos: se supone han sido nuestra templanza e ingenio, unidos a la afición a la belleza o a la verdad, los móviles que nos llevaron alguna vez a ellos. Responsables por nuestra cuota de inteligencia, sensibilidad o rigor tanto como por las de chabacanería, irrespetuosidad y desidia, somos todos igualmente capaces de ambos patrones de conducta. Acaso quien quiere ir por la vida como intelectual profundo debiera aprender a sonreír con algunas ocurrencias groseras, y no sería mal negocio que a cambio de esa graciosa concesión el zafio aceptara remitirse algunas veces a instancias superiores.<br /><br /></span></div> <div style="font-style: italic;"> </div> <div style="font-style: italic;"><span style="font-size:85%;">Llevo un tiempo largo recibiendo avisos de que, en breve, Aerolíneas Olvido anunciará la salida de su vuelo identificado con un número mayor que cualquier cantidad concebible, eso que en términos matemáticos sería un 'infinito'. Partirá, conmigo a bordo, en un viaje desde este, El Mejor de los Mundos, con destino a la Tierra de los Seres Imaginarios, que tales nos volvemos al perder la capacidad de narrarnos. Impedidos de justificar nuestros hechos, actos y miserias mediante el empleo de la propia voz, nos tornamos entonces sujetos de la ajena fantasía; a veces, la tal acierta a aproximarse bastante al que realmente fuimos, haciéndonos justicia mediante la zoología quimérica.<br /><br />Si nos negamos a hacer la parte a que tenemos derecho en la efervescencia del vino espumante dentro de la botella de la vida, nuestros epitafios dirán, como el de John Keats, "<span style="font-weight: bold;">Here lies One whose Name was write in Water</span>". A mí me gustaría que lo del 'cuerpo social' fuera cierto, que la memoria histórica y la elaboración colectiva de la cultura se hicieran presentes, y las futuras generaciones pudieran sonreír fugazmente ante nuestras tumbas como lo hacen quienes leen este otro: "<span style="font-weight: bold;">The body of Benjamin Franklin, Printer, Like the Cover of an old Book, Its contents torn out, And Stript of its Lettering &amp; Gidding, Lies here. Food for Worms. But the Work shall not be lost, For it will as he believ'd appear once more In a new and more elegant Edition Corrected and Improved By the Author</span>". Conocido tan espléndido mensaje, no con<span style="font-family:georgia;">sidero haber hecho méritos suficientes para asociarme al Pararrayos Fútbol Club. Pero he intentado, en mis raptos de lucidez y bondad, ser digna parte del fluido Dom Perignon, aunque en otros momentos haya vivido resignado a soportar sobre mi gaseosa y fugaz presencia un estrecho pasadizo de vidrio obturado por un mero trozo de la corteza de un alcornoque cualquiera. </span><span style="font-family:Arial;"><br /><br /></span></span></div> <div style="font-style: italic; font-family: georgia;"> </div> <div style="font-style: italic;"><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:georgia;">Desconociendo tu rostro, tu voz, y apelando a que sepas ejercer en adelante lo que entiendo es tu capacidad para mejorar alguno que otro de l</span>os caminos que circunstancialmente transitas, hagan o no intersección con el mío, me despido anónimamente, sonriendo, acaso, con alegría en los ojos y paz en el corazón.»</span></div><br /><span style="font-size:85%;">Allí lo imagino a mi corresponsal, sosteniéndose en suspensión mientras sujeta su correspondiente lucecita de peregrino, en marcha rumbo a la cumbre del monte que corona nuestro melancólico mundo flotante. ¡No hay más tiempo que perder!: los que venimos detrás también llevamos por linternas tan insuficientes antorchas. Como un puntito luminoso entre tantos que se alejan cuesta arriba, vamos a hacer otro intento, otro más, por conservar la ilusión... <span style="font-style: italic;">Verba volant, scripta manent.</span></span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-5933931217944556922?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-69624144255263700082008-08-19T12:06:00.003-03:002008-11-14T12:48:14.909-02:00CERRADO POR REFORMAS<div align="justify">Esta dignísima bitácora variará su configuración, diseño y algunos contenidos. Hasta nuevo aviso, pueden ustedes perderse a voluntad y placer en los laberintos virtuales de provechosos enlaces a páginas de interés reunidos en el margen bajo el gastronómico título <em><strong>"Revuelto Gramajo"</strong></em>.<br /><br />Volveremos, y seremos millones, en cuanto la página quede presentable y nos vengan ganas de publicar algo, tarea la primera que demorará un tiempito más bien largo y evento el segundo cuya fecha aproximada somos (pese a nuestra predicada superioridad moral e intelectual sobre los profetas, curanderos, astrólogos y psicobolches) completamente incapaces de pronosticar certeramente. Hasta tanto una y otra cosa ocurran, iremos haciendo limpieza: la vieja y querida corrección de estilo, secuela literaria de las mutaciones morales y estéticas propias de personas con "vida interior" que se descubren habiendo dicho alguna gansada y proceden a enmendar el estropicio. Y así, permanecerán los textos que lo merezcan, se defenestrarán los que el autor considere impresentables, se corregirán cuantos parezcan susceptibles de mejora, y una vez retomado el oficio bloguero se incorporarán otros que en ejercicio de mi destacado rol de demiurgo de verdulería juzgue se deban añadir.<br /><br />Reciban, oh víctimas, un cordial saludo, y gracias por haber pasado. </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-6962414425526370008?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-80403512837497416402008-07-30T11:58:00.030-03:002009-05-12T12:02:59.102-03:00Fantasías animadas de ayer y de hoy<div align="justify">Aunque me aparte de la bitácora, no puedo evitar escribir. En papel, sobre pizarras o aprovechando campos de escritura virtual en computadoras. Siempre escribo. Sobre todo, alegatos, recursos, peticiones administrativas y cartas documento. Debo ser el literato más insultado por los receptores de su arte que jamás haya conocido el mundo. <a href="http://www.lyricstime.com/juan-andr-s-caruso-destellos-lyrics.html">Para ahogar hondas penas que tengo</a>, entonces, en vez de rubio champán, uso libros, revistas e Internet: leo. Escribo y leo. A veces la lectura me descubre lugares, personas y situaciones reales y palpables. No bromeo. Tampoco me he vuelto loco (espero).<br /><br />Lleva razón el autor de <a href="http://amanuense.blogspot.com/2008/07/el-tnel.html">"Palimpsestos"</a> en cuanto a que ciertos personajes literarios, sobre todo entre los femeninos, nos impactan tanto como una rotunda persona corpórea, respirante y oliente. También puede suceder que un lector haya desarrollado una sensibilidad que le permita incorporar, pongo por ejemplo, a sus amantes favoritas de carne y hueso en la galería de tipos femeninos que gusta encontrar en las creaciones del imaginario de los vocacionales de la letra impresa, hasta no poder distinguir de las proyecciones emotivas halladas en sucesivas adquisiciones literarias a la amiga de ojos soñadores de la Universidad, la compañera de oficina de buena delantera y espíritu guerrero, la perfecta desconocida que le sonrió en el colectivo, la demasiado conocida que se le entregó en el tálamo nupcial, la chica que se apretó en aquella discoteca de moda o la esforzada trabajadora del desprestigioso lupanar.<br /><br />Podemos tropezarnos durante nuestras andanzas con descripciones hechas de mano maestra que permiten instalarnos en el estado de ánimo de los personajes y sentirlos tan vivos como si fueran parte de un recuerdo histórico propio. Así sucede con la notable descripción de la fiesta de cumpleaños irlandesa que en <em>"Los muertos"</em> hace James Joyce. Supongo todo esto guarda relación con aquellas series de virtudes y defectos que por razones personalísimas agradecemos descubrir en nuestras experiencias, eso que algunos reconocerán como "mitos o tipos literarios" y contumaces lectores del Dr. Jung (no soy capaz de explicar por qué, este psiquiatra siempre me evoca al jurista <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Carl_Schmitt">Carl Schmitt</a>) aludirán como "figuras arquetípicas" del <a href="http://www.rock.com.ar/letras/0/970.shtml">"inconsciente colectivo"</a>. Y marchen los correspondientes saludos para Charly. Esas tipologías funcionarían por aglutinantes culturales. Se repiten, una y otra vez, hasta redondear ciertos rasgos elaborados colectivamente y, ya condicionada la imaginación de uno cualquiera vaciado en ese molde, el entonces lector se anticipa a completarlos con otras percepciones procedentes de su experiencia con la realidad y la ficción. Tiene esa carga, según parece.<br /><br />En el caso de los arquetipos del psiquiatra suizo, encajan perfectamente dentro de la literatura alemana o inglesa, y la norteamericana romántica. Si el autor de turno resulta escribir desde Jujuy, China, Japón, México o la Europa del Mediterráneo, por citar unos cuantos ejemplos, seguramente nos convendrá cambiar de tipos ideales antes de leer, si es que vamos a emocionarnos. Como bien sabía Borges, sujeto que se la pasó adaptando los góticos y escandinavos para su uso grecolatino, la variedad de arquetipos demuestra que los seres humanos tenemos las mismas emociones y pensamientos, sí, pero cada cultura invoca a unas y otros con distintos rituales. Personajes de narraciones de Baroja o Marsé, Pavese o Pratolini, Azuela o Rulfo, Akutagawa o Liu Shin, no responden demasiado exactamente - ni por joda - a esos tipos literarios germánicos anteriores a Jung y ni que hablar a la "globalización", como sí lo hacen los de Conrad, Stevenson o Hawthorne. Pero les juro que unos cuantos de ellos también <i>están vivos</i>. Entre nos: acabo de venderle unas canillas de bronce viejas al botellero Java, sin ir más lejos. Fue por motivos sentimentales: llevaba años sin ver pesar con una romana. También, tipos y arquetipos al margen, en los poemas de alguno de esos autores hay <a href="http://www.stedo.it/poesie/pavese6.htm">una vieja conocida del género humano</a> que está indudablemente viva, aunque su función o nicho ecológico resulta ser dejarnos a todos sin aliento. No menos carnales son los amantes y el melancólico dueño de casa de unos poemas de Ferrater y Manuel Castilla, respectivamente, que ya hemos citado años ha por <a href="http://intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com/2005/11/narrador-de-enigmticos-rumbos.html">aquí</a>.<br /><br />El Néstor (tranquilos, que hablamos de otro Néstor <b>;-)</b>) continúa impresionado con María Iribarne, personaje de la novela <em>"El túnel"</em>, del casi centenario escritor Ernesto Sábato. En busca de las emociones primarias que ese personaje femenino le suscitara, desoyó el mandato de los sabios que comprenden la imposibilidad de ser otra vez aquel inocente de la primera emoción, y trató de hallar su ejemplar editado por Seix Barral, el mismo en que descubrió la tenebrosa historia de Juan Pablo Castel. Y el retorno se frustró, porque no lo pudo encontrar. Difícil situación la de nuestro colega bloguero, esa de andar por la vida sumamente preocupado, buscando obsesivamente entrar en relación inmediata y directa con determinado ejemplar de cierta edición de un libro, esperando devuelva, por su hermandad editorial con aquel nuestro ejemplar de la experiencia prístina, el encanto del primer enamoramiento o admiración por un personaje de ficción, que es, arquetípicamente, el del primer encuentro con alguna persona posible en el mundo de los vivos.<br /><br />Por su parte, un ciudadano tripero en el exilio conocido en estos bytes como "El Flaco" reconoció en comentarios al blog de referencia haber sucumbido, cuando lector platense recién estrenado, al prodigioso misterio, sensualidad e insania de la porteña de Barracas Alejandra Vidal Olmos, creada por el anciano novelista vilmente adicto al León para ejercer de protagonista en su <em>"Sobre héroes y tumbas"</em>. Respecto de esta novela debo apuntar que los caracteres de ficción de la historia principal (Alejandra, Fernando, Martín, los camioneros, y algunos otros personajes secundarios) tienen más vida que los decimonónicos presentados en la historia paralela, salvados todos éstos por la verosimilitud de un arquetipo: el sargento Aparicio Sosa. Cuando la edición "Piragua" de 1966 llegó a mis manos, dos décadas más tarde, ya no tenía las tapas, y hube de reconstruirlas con dos cartones recuperados de blocks anotadores, cuerina, papel encerado, cola vinílica e ingenio. La primera persona con quien comenté esta novela fue un todavía hoy amigo escasamente afecto a la persona de Sábato que suele lamentar la admiración dispensada a través de esa narración ya clásica hacia Lavalle, personaje histórico que fue durante su vida de actuación ligeramente lamentable. Pero no viene al caso, porque el general termina siendo un saco de huesos envuelto en un poncho celeste, y de todo el resto nos queda en la mente Aparicio Sosa, símbolo literario de miles de desconocidos a quienes antes, entonces y después mandaron hacer cosas terribles y de dudosa utilidad social: "vaya y derróquelos a esos incivilizados". Apuesto doble contra sencillo que en las tropas de Oribe que perseguían a los fugitivos de la Legión iba un mellizo de este Sosa, con la consigna: "alcáncelos y reprímalos a esos salvajes".<br /><br />Lo haya querido o no, el oriundo de Rojas celebró no al insensato Lavalle, torpe catalizador de nada menos que veinte o treinta años de guerras civiles, sino al sargento Sosa, a todos los sargentos Sosa. Bien pensado, no sé cuál de los "errores morales" que se pueden atribuir al residente de Santos Lugares resulta ser <i>'más pior'</i>. O acaso uno de esos vicios conlleve al otro; acaso el aristócrata en armas no pueda ser, en la literatura compuesta por escribas de determinada formación cultural o extracción social, sin la compañía de alguna especie de escudero fiel desposeído de voluntad autónoma. Sosa jamás sería puesto, ni siquiera por broma, por ver qué hará con el poder, pobre hombre inexperto, en el gobierno de Ínsula Barataria alguna. No osaría tal cosa Sábato ni tampoco mi amigo el criticón, que dice es en estas pequeñeces en las que hemos de buscar la explicación a ciertas contradicciones vitales del novelista y ensayista durante los sesenta y setenta, y al final veo que va a salir teniendo razón. Cosas que ocurren, el buen narrador Ambrose Bierce también fue sargento, pero en la vida real, y no guardó buena opinión de sus superiores, aunque combatía para "los buenos", y le tocó - supuestamente - vencer. Marche mi saludo para el civil sureño ahorcado en "<em>Un incidente</em> en el <em>puente sobre el arroyo del Búho</em>". Que también él, gracias al sargento Bierce y su pluma, está vivo.<br /><br />En la entrada anterior hablábamos de cierto grupo social de los comicios centuriados romanos, el de los <i>proletarii</i>, ciudadanos que combatían de a pie y malamente armados, estamento al que cuando tocaba el turno de votar invariablemente las centurias de æquites habían repartido, con las mayorías rituales, todo el pescado castrense, y en cuya desventura se inspiraron autores políticos del siglo XIX para referirse a unos nuevos europeos desposeídos contemporáneos suyos. Por ahí va la cosa, aunque <a href="http://www.educacion.gov.ar/efeme/tradicion/elgaucho.html">este Aparicio Sosa de la novela de Sábato gozara ya de la ventaja de al menos hacer la guerra a caballo</a>. Anda todavía <em>"Sobre héroes..."</em> en un estante, cerca de <em>"Boquitas pintadas"</em> de Manuel Puig, otra novela rica en personajes inolvidables, gran parte de los cuales existieron realmente en Villegas y su puesta en circulación nacional e internacional por obra y gracia del autor costó a éste algunos conflictos con paisanos suyos que, heridos en la preservación de su intimidad, no consideraron las ventajas de la impersonalidad que ese juego de recreación otorga ante terceros a quienes son genuinos caracteres históricos. En efecto, todo heredero o amigo de la persona física inspiradora del alter ego literario debería permitirse un magnánimo perdón de la travesura. Porque dama inmoral en una pequeña urbe repleta de correveidiles y preocupados por el "¿qué dirán?" puede ser, con mediocres resultados pero con su verdadero nombre y apellido, una señora o señorita cualquiera, pero que nuestra propia tía abuela pueda devenir bajo nombre supuesto atorranta calificada arquetípica de las letras argentinas y se le reconozca oportunamente ese mérito es cosa de la que podremos estar ciertamente orgullosos: <em>"¡Aaah!"</em> -dijo uno- <em>"Esa Francisca que participa en la orgía con dos PM marines negros y un prisionero japonés que se relata en el capítulo cuarto de 'La ramera de Okinawa', novela histórica del afamado literato inglés Sir Stephen Lighthouse, y celebrada como protagonista arquetípica por los mejores críticos literarios de Oxford, Cambridge, Princeton y la Universidad Popular de la Boca, bueno, esa en la realidad histórica era mi abuela Anita, para que usted sepa, y puede leer la reseña en 'The Guardian', si no se duerme antes de llegar al suplemento literario de ese voluminoso periódico"</em>... Cotéjese esa actitud con la que asumen algunas personas orgullosas por otro motivo cualquiera de su árbol genealógico, desciendan o no de próceres y díganme si no viene a ser lo mismo, a los efectos de la literatura y sus figuras arquetípicas, ser el nieto de la ramera de Okinawa que el chozno de un lord inglés, pongamos por caso Bertrand Arthur William Russell (que descuento se manifestaría cínicamente de acuerdo con mi insignificante opinión).<br /><br />Los libros viejos suelen llegarnos, o volver a nuestras manos, si es que eran ya del propio dominio, con pequeños testimonios de nuestros congéneres: dedicatorias a personas desconocidas, olores a ignotos tabacos de distinta textura, hollines diversos, notas marginales y subrayados unas veces acertados e iluminadores y otras superfluos y hasta incomprensibles, aun irritantes. Cuando manipulamos un ejemplar a cuyo anterior poseedor o tenedor hemos conocido, no pocas veces nos vuelve un poco de él o ella en el momento de la contemplación y/o de la relectura. Mi ejemplar de "El Túnel" es de otra edición distinta de la añorada por Néstor: la de EUDEBA de 1966, revisada por el propio Sábato. Acaso fuente de la de Seix Barral. Tapas enceradas negras y flexibles, hojas interiores de papel <em>berreta</em> (porteñismo que inmortaliza a un verdulero del siglo XIX famoso por vender bazofia a su clientela en el desaparecido Mercado del Plata, que quedaba en la cortada Carabelas, y equivale no tanto a nuestro más moderno vocablo "trucho" como al españolismo "cutre"). Papel de calidad similar a la del que usaba Minotauro, es decir la típica presentación de las colecciones populares de libros que se vendían en quioscos de diarios.<br /><br />De esa misma serie conservo las inquietantes <em>"Falsificaciones"</em> de Marco Denevi, que encontró la felicidad dejando de escribir, premio Kraft de 1955 mediante, enojosos alegatos, recursos, peticiones administrativas y cartas documento. Desde que la leí a los doce años, en 1975, me persigue la impresión que me hizo la "Falsificación" del supuesto primer cuento de Kafka atribuido a un número de la revista praguense "Der Wanderer". Relato de ambiente judicial, revela al lector avisado la incidencia del ambiente sobre la psiquis del escritor, los fatigosos recuerdos del Palacio de los Tribunales de Injusticia alojadas en las circunvoluciones cerebrales de don Marco, oriundo de Sáenz Peña, una estación de ferrocarril - o algunas paradas del 105 - antes de Santos Lugares, donde reside Sábato. Yendo desde Baires, claro: Partido de Tres de Febrero, capital Caseros, donde la batalla famosa. <em>"El nombre"</em> (del condenado), dice un narrador que cobra vida desde la hábil pluma de Denevi, <em>"me parece conocido. ¿No será el mío? Pero ahora yo soy el Juez, y firmo las sentencias"</em>. Extraordinario. Lo que hace a la mente del letrado, en la Praga de los Habsburgo o en el Buenos Aires de Perón, laburar en compañías aseguradoras. Y, bien mirado, lo que puede hacer un buen cuento sobre la mente de un preadolescente. Mucho más adelante llegué a dar con el Dr. Max Brod, y comprendí que su amigo Franz no fantaseaba mucho más que cualquier otro letrado, y los verdaderos alegoristas y fantasistas son quienes no entienden que sus obras nos hablan del horror cotidiano de las sentencias y las medidas cautelares.<br /><br />De la colección de Seix Barral a que pertenece la edición de "El túnel" añorada por nuestro ciberamigo ("Literatura contemporánea"), impresa en Sta. Perpetua de Mogoda, Barcelona, sobre un papel elaborado con los detritus más execrables de la península ibérica como vil materia prima que rápidamente se puso ocre, revelándose todavía peor que el que usaba Minotauro en los sesenta y setenta, conservo, además de la obra completa del maestro Juan Rulfo y el recuerdo de Abundio, una "novia" llamada Marie, coprotagonista de las <em>"Opiniones de un payaso"</em> de Heinrich Böll, autor al que hasta 1984 desconocía y a partir de entonces tengo como uno de mis favoritos, al punto de haber intentado leer alguna de sus obras breves en alemán, de lo que fui oportunamente disuadido por una amiga provista de atributos tan convincentes como un buen irse, un conveniente apellido de siderúrgica renana y vasta pericia en el uso de la lengua teutona, que me hizo ver la conveniencia de desistir de ejercer de políglota. No tiene nada que ver, pero ahora que escribí "políglota" he recordado un inmortal letrero en el almacén de cierto amigo de mi abuelo, que anunciaba, en mayúsculas trazadas, o mejor dicho garrapateadas, con fibra negra junto a una lata de mercadería comprada al mayorista para venderse fraccionada al peso: "POLVOS DE ORÑIAR". Ni Quino lo hubiera imaginado mejor. Discúlpese mi apartamento del asunto principal, pero es que, como aquel Hans Schnier, el <em>clown</em> de Böll, que extrañaba a su Marie cuando la sensatez aconsejaba buscarse una mina mejor que esa turra, yo soy un payaso al acecho, y colecciono momentos...<br /><br />Volvamos a donde creo recordar que íbamos: personajes puramente imaginarios o acaso inspirados en amores carnales o platónicos de nuestros escritores favoritos pueden resultar más "vivos" para el lector que sus amantes, vecinos, amigos, familiares, compañeros, enemigos y acreedores de carne y hueso. Esto llega al punto de que a veces se termina amando obras literarias que están lejos de ser un prodigio técnico simplemente porque se encuentra en ellas un personaje que evoca los climas vitales en que ese lector se siente a gusto. Un profe de Literatura del secundario te haría pelar el lápiz y anotar al margen esta observación: "cenestesia", como si estuviéramos ante las iluminaciones de Blake, Whitman o Li Tai Po. No tiene que ver sólo con la buena técnica del autor, sino con la circunstancia de ser los receptores de su arte quienes finalmente le ponemos sentido y significado a la historia que se nos ofrece. Y a saber si nuestra emotividad tiene o no alguna relación con la que inspiró al escriba.<br /><br />Me ha ocurrido no sólo con perfectos redactores de gran habilidad, sino también con autores con imaginación de guionista cinematográfico apareada con una poco sugestiva aptitud para la ejecución literaria, tipos con mente de esteticista británico de 1890 y modales de encargado de corralón de materiales porteño de 1920, caso de Roberto Arlt. Lo que me hace recordar que también personajes femeninos de algunas películas me han llevado a emociones similares. Curiosamente, no me ha sucedido nada parecido con personajes de piezas de teatro: yo en el cine juego fútbol y en el teatro ajedrez. Pero ahora sé por qué extraños caminos un devoto de las morochas como un servidor recuerda con agradecimiento ciertas interpretaciones de Ingrid Bergman o Lauren Bacall, que no son del club de las <i>brunettes</i>. Alguna canción que supo entonar Baglietto (<em>"¡Vaya una vida!"</em>), a medio camino entre el virtuoso sonido Knopfler de los Dire Straits y las letras del primer Joaquín Sabina, cuando las canciones del cantautor colchonero eran susceptibles de distinguirse las unas de las otras, decía eso de <em>"...si voy al cine es por consuelo, porque Ingrid Bergman tiene tu pelo: no te exagero, en estos meses, vi Casablanca cuarenta veces..."</em> Creo que Bogie y el autor de la letra debieron tener una seria conversación en el bar de Rick, porrón de ginebra y Smith &amp; Wesson del 38 o Star de cachas nacaradas de por medio.<br /><br />Trabajando sobre la misma idea que expresó a su manera Néstor y es - nuevamente - otro de los argumentos ocultos, hace bastante tiempo se escribió este texto que sigue, a partir de una historia que me contó alguien muy cercano en los afectos y añadiéndole retazos de otra que leí en el borrador de un cuento ajeno cuya autora decidió, muy al estilo de Sábato o Macedonio, entregarlo a las llamas purificadoras de un artefacto abastecido por Metrogas, ese "noble y gran co-autor", benefactor y auspiciante de la genuina crítica literaria:<br /><br /><span style=";font-family:verdana;font-size:85%;" ><em><strong>Bosquejo para novela<br /></strong><br />Ella aparentaba ser soñadora, sensual, culta, viajera, con un cierto voluble deje adolescente en la conducta. Él se sabía huraño, estoico, curioso, informal, desaforadamente capaz de imaginar y poner sus ensueños por escrito; apostó al instinto y ganó.<br /><br />Se conocieron sin verse, y luego se fueron contando sus historias, o las que ellos dijeron ser sus respectivas vidas. La primavera (o el otoño, quién lo sabe) les trajo la flor del romance, que se prolongó, fuego fatuo, otro largo semestre.<br /><br />Ella tenía enormes ojos negros en los que a él le gustaba perderse. Él la miraba con pupilas de lo que el Dr. Macedonio Fernández del Mazo llamara "un inútil color azul".<br /><br />La vida transcurría suave, descubriéndoles el significado de la palabra "felicidad".<br /><br />Pero como todo lo que es tiene su fin, sus trayectorias, reunidas por un improbable azar, nuevamente divergieron. Se sabe que los dos lloraron mucho, uno a continuación de otro, a bordo de un moderno aeroplano ella, frente a un obsoleto artefacto cibernético él.<br /><br />Ella se reveló también capaz de mostrarse mentirosa, autoritaria, manipuladora y altanera. Se recicló en un infinito relato circular de los despojos de su mejor versión.<br /><br />Él jamás pudo quitarse la decepción de encima. Siguió siendo el mismo, pero nunca más sus palabras volvieron a tener la misma eficacia que en aquel principio. Y ya no volvió a componer escritos con lápiz y papel.<br /><br />A cada uno de ellos le hubiera gustado saber si era posible que al otro le ocurriera lo mismo. Se preguntaban si esto que sucedía era lo que se conoce como "haber llegado a viejo". Querían aprovechar su tiempo.<br /><br />Sólo cinco años transcurrieron entre el principio y el fin. Cada uno de ellos se sentía, sin embargo, quince años mayor que la edad indicada por su partida de nacimiento. "Algo" del otro les quedó para siempre en sus maneras, en sus recuerdos, en su mirada.<br /><br />Nunca se volvieron a ver. </em></span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-8040351283749741640?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-86298073688207338582008-07-23T01:59:00.019-03:002008-10-31T12:29:10.056-02:00Tiempos excepcionales<div style="TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-WEIGHT: bold;font-size:85%;" ><span style="font-family:arial;"><em>"No se ha de aspirar a que las constituciones expresen las necesidades de todos los tiempos. Como los andamios de que se vale el arquitecto para construir los edificios, ellas deben servirnos en la obra interminable de nuestro edificio político, para colocarlas hoy de un modo y mañana de otro, según las necesidades de la construcción. Hay constituciones de transición y creación, y constituciones definitivas y de conservación. Las que hoy pide la América del Sud son de la primera especie, son de tiempos excepcionales."</em></span><br /></span><span style="FONT-WEIGHT: bold;font-family:arial;font-size:85%;" >[El Dr. Juan Bautista Alberdi nos explica, siguiendo a Jeremías Bentham, eso de que "la única verdad es la realidad"; la cita es del capítulo 10 de "Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina", edición del Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1984, página 41.]</span><br /><br />Nuestra Constitución (su texto de 1853 inspirado en el modelo de "Las bases" de Alberdi, pero también después que el mitrismo y "Chapita" Sarmiento, la generación del '80 y Roca, el primer peronismo, los sediciosos de 1955, Lanusse y finalmente el Pacto de Olivos le metieran sucesivamente mano) es por lejos mucho más liberal que la norteamericana original. No requirió ninguna enmienda para abolir la esclavitud, y a los inmigrantes legales se extendieron las mismas declaraciones, derechos y garantías que a cualquier ciudadano sin deber incorporarse para su ejercicio a servir en la Guardia Nacional (antes de la Constitución, la Argentina solía intimar a los extranjeros residentes a empuñar las armas, salvo convenio internacional expreso con su Estado de origen). Tiene desventajas. Por ejemplo, que la práctica patria no haya sido publicar el texto primitivo seguido de "enmiendas", como hacen los malvados norteameriyanquis. Según estilan los iberoamericanos bravíos que jamás se equivocan y entierran a sus enemigos en sitios donde no se los pueda encontrar ni por error, las autoridades nacionales se limitan a una tarea editorial propia de un censor: sustituyen eso que al enmendante no le agradaba e injertan en su lugar la norma nueva sin dejar rastro alguno de la anterior. Las ediciones no reflejan cabalmente la evolución histórica, y si usted no estudió para abogado está verdaderamente jodido: no podrá aprender de una primera lectura de la Constitución algunos rudimentos de nuestra historia. Un maldito (norte) americano alfabetizado y lego en Derecho sí que puede hacer lo propio, sea para alabar a sus instituciones o hacer apostasía de ellas. En cambio, una mayoría de argentinos ignora que a su Constitución una vez la reformaron unos señores que ganaron una parodia de guerra civil, otra vez la derogó por decreto una dictadura a fin de anular lo dispuesto por la última Convención Constituyente, y ya más cerca de nosotros fue enmendada por ley del Congreso, pues los numerosos salames reunidos a costa del contribuyente en Convención Nacional Constituyente se olvidaron de sancionar un nuevo artículo, que además cambió de número.<br /><br />El Artículo 1º continúa diciendo desde 1860: "<span style="FONT-STYLE: italic">La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal, según la establece la presente constitución</span>". Pero los textos originales del anteproyecto del tío Alberdi eran técnicamente mucho mejores, porque proponían: "<span style="FONT-STYLE: italic">Artículo 1º: La República Argentina se constituye en un Estado federativo, dividido en provincias, que conservan la soberanía no delegada expresamente, por esta Constitución, al Gobierno Central. - Artículo 2º: El Gobierno de la República es <span style="FONT-WEIGHT: bold">democrático</span>, representativo, federal... (etc.)</span>". Es decir, "<span style="FONT-STYLE: italic">representativa republicana</span>" es la forma de <span style="FONT-WEIGHT: bold">GOBIERNO</span>, mientras que lo "<span style="FONT-STYLE: italic">federal</span>" es la forma del <span style="FONT-WEIGHT: bold">ESTADO</span> nacional, que se adopta para mejor controlar "representativa y republicanamente" el territorio y repartir democráticamente deberes y garantizar derechos a las personas. Nótese que los señores convencionales constituyentes se cargaron oportunamente el "<span style="FONT-WEIGHT: bold; FONT-STYLE: italic">democrático</span>" que había puesto el tío Alberdi, que se los veía venir, aduciendo los tales patricios argentinos que "democracia" era sinónimo de "representativo republicano", cuando ya entonces, 1853, se sabía que no, al menos por estos pagos. Los sucesores de estos legisladores de la "unidad nacional" (o casi todos ellos, porque alguno habrá sido honrosa excepción) pondrían el acento en ese sesgo antidemocrático al vaciar, una vez sí y la otra también, a las instituciones patrias de contenido y reducirlas a las formas que justifiquen el uso de la fuerza pública o la coacción sutil contra el pueblo, para que, asustado, acepte por legal lo que no lo es.<br /><br />Cuanto discutieron respecto de ciertas normas tributarias, durante cuatro meses, por una parte entidades agrarias representantes de distintos estratos de la "burguesía nacional", y por la otra el Ejecutivo Nacional y aves migratorias adjuntas, no es ni por asomo una mera cuestión fiscal. Lo tributario fue apenas un indicador del conflicto existente entre la realidad, la técnica económica y jurídica y el maltratado sentido común, por una parte, y los usos obsoletos y antidemocráticos de la clase política argentina, por la otra. Además, el largo despelote permitió apreciar una vez más el ridículo antieleático de ciertas corrientes del pensamiento político criollo que han jurado siempre querer favorecer el desarrollo de una "burguesía nacional" a fin de mejorar el futuro económico de nuestra sociedad en su conjunto, blablabla, a la vez que continuamente denigran a un maléfico ente social difuso calificado genéricamente como "clase media", "medio pelo" o "pequeña burguesía", cultivando así la paradoja de que una cosa pueda ser y no ser buena o mala a un tiempo y acerca de un mismo respecto, cual Abraxas, ya que no Jano Bifronte. El populismo patrio se nutre con frecuencia de opiniones hermafroditas y escasamente calificadas en el plano técnico, que no sólo nos alejan de la realidad sino también conducen al colectivo social a paradojas de catástrofe ferroviaria: si uno se para en medio de la vía del tren cuando está llegando el expreso y no se corre, luego no puede pretender que el maquinista es el tarado, ¿verdad? Bueno: el tren llegó, y poco me extrañaría que la formación ferroviaria <span style="FONT-STYLE: italic">transversal</span> los pise también en el recorrido de vuelta. Deberían hacerse amigos de la realidad como en el 45, y dejar los mitos para los poetas. No se puede caminar por la vía y manejar la locomotora a la vez.<br /><br />El "gobierno republicano federal" se ejerce territorialmente, en nuestro sistema, a partir del manejo federal de las rentas generales de la Nación, los dineros públicos, que permiten a los gobernantes locales completar los costos de las actividades estaduales. Lo que Papá Estado federal reparte a las Provincias son valores excedentes de fondos que recauda en nombre de todos los Estados argentinos por facultades que la Constitución Nacional o los "representantes del pueblo" han puesto en cabeza de aquél.<br /><br />La repartija de ese superávit, por muy reglada que se encuentre para cubrir las apariencias, se realiza desde tiempos remotos conforme el Sistema Argentino de Simpatías y Antipatías Políticas (SASAP). Según el buen criterio de los circunstanciales ocupantes del Ministerio del Interior y el de Economía, Papá Estado federal, personificado por el Poder Ejecutivo, aplicará el SASAP y así repartirá o prorrateará, que no siempre será lo mismo, entre sus autonomías una cosa llamada <span style="FONT-WEIGHT: bold">"A.T.N."</span>, que - esta vez no se trata de un chiste - no es la sigla de ningún sindicato ni de un modelo de tanque berreta "<span style="FONT-STYLE: italic">made in May Field</span>" ni de un nuevo piretroide distribuido por una pérfida multinacional de los pesticidas, sino la abreviatura de los "Aportes del Tesoro Nacional". No ahondaremos en detalles acerca de la enrevesada metodología que pone en práctica el SASAP para ejercer este deber social de Papá Estado respecto de sus veinticuatro sucursales, pero sépase que los "A.T.N." son<span id="cuerpo"> de uso discrecional porque fueron creados para ayudar a las Provincias a cubrir desequilibrios financieros, económicos y sociales que en realidad, si hubiera federalismo, no deberían tener. El procedimiento instituido por costumbre política v</span>iene a ser, en síntesis, y como pasa casi siempre que se otorga a un político una facultad discrecional, similar a la "doma" a que los pirados adictos a sadomasoquismo someten a otros pirados a quienes gusta les peguen para que tengan y guarden. Imaginen algo a medio camino entre la ficción del pueblo de frontera norteamericano donde ejercía su sagrado ministerio televisivo el <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/The_Misadventures_of_Sheriff_Lobo">Sheriff Lobo</a> y la genuina e histórica Rusia zarista, o entre los ridículos textos del estúpido del Marqués de Sade y las fantasías eróticas de Mademoiselle de O. Si usted es argentino o uruguayo, ya lo sabe: en el mejor de los casos, entre el <a href="http://cursosparalelos.blogspot.com/2007/03/un-hijo-de-pueblo.html">Pinchinatti</a> de Espalter y el Dictador de Costa Pobre que representaba <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alberto_Olmedo">Olmedo</a>.<br /><br />El unitarismo de facto ha perdurado gracias a la notable incapacidad de los argentinos para dotar a sus muy autónomos Estados Provinciales de constituciones en que los municipios dejen de ser descentralizaciones de derecho administrativo local para transformarse en verdaderas entidades autónomas, circunscripciones cuya sumatoria coordinada por ley haga realidad la personalidad política de la Provincia gracias a una mayor participación de los sectores sociales más dinámicos, disminuyendo el desconocimiento entre unos agentes y otros, eliminando tensiones, y reduciendo al mínimo los fatigosos deberes del funcionario público a partir de las relaciones de coordinación libre así establecidas. Lejos de eso, los Gobernadores se toman tan en serio el cómodo precepto constitucional según el cual son "<span style="FONT-STYLE: italic">agentes naturales del Gobierno federal</span>" (actual artículo 128, antiguo 110) que puertas adentro de sus territorios terminan por ejercer un despotismo fiscal análogo al que sobre ellos ejerce cualquier ocupante, idóneo o incapaz, de la Rosada. Ni siquiera en la Capital Federal, o lo que queda de ella, ha sido posible descentralizar en comunas que funcionen como tales. La intervención "federal" de facto a través de los aparatos políticos es mayor en la urbe porteña que en cualquier otro sitio de la República. Si yo fuera cierto ex presidente de determinado club de fútbol, envidiaría al día de hoy las libertades de que el Gobernador de Jujuy o el de Tierra del Fuego gozan gracias a residir donde Judas perdió el poncho.<br /><br />Por eso, una desobediencia civil al mejor estilo del ínclito compañero <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Henry_David_Thoreau">Mr. Henry David Thoreau</a>, célebre ácrata norteamericano contemporáneo del Dr. Alberdi o el Gral. Peñaloza, y también muy consciente de que el patriotismo no es el último refugio de los sinvergüenzas, como creía ingenuamente el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Samuel_Johnson">Dr. Samuel Johnson</a>, sino que por el contrario suele ser <a href="http://books.google.com.ar/books?id=RsJDLMqshVYC&amp;pg=PA220&amp;lpg=PA220&amp;dq=diccionario+del+diablo+patriotismo&amp;source=web&amp;ots=MzybsV_1Q1&amp;sig=cfQeaJa1l5bqW0kHZo3pWjDrGiY&amp;hl=es&amp;sa=X&amp;oi=book_result&amp;resnum=2&amp;ct=result#PPA220,M1"><span style="FONT-WEIGHT: bold">el primero</span></a> de ellos, una rebeldía así, decía, ejercida oportunamente por quien pueda hacerlo, ante una medida antipopular (por ende, antinacional) como el aumento confiscatorio de otro tributo dictado por una autoridad no facultada por la ley para ello, no es sino un reclamo por el verdadero federalismo, el que todos invocan pero siempre ha sido soslayado, y que comienza por el aspecto fiscal. ¿Cómo sostener a Papá Estado si sus exacciones se nos hacen incontrolables, y con nuestro propio dinero nos corren a cada rato con la sábana para que hagamos lo que no tenemos por qué hacer, según se supone nos garantiza el texto del artículo 19 de la Constitución inspirada en el tío Alberdi, y según ratifica su interpretación judicial "a contrario sensu", de la que se deduce que Papá Estado no debe hacer nada que no le esté expresamente permitido?<br /><br />Algunos individuos revoltosos, durante el llamado medioevo europeo, claro está que no los pobres muy pobres, que nunca cortan ni pinchan ni tienen con qué pagar y por eso, desde el tiempo de los '<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Proletarii"><span style="FONT-STYLE: italic">proletarii</span></a>' romanos, los llevan de las pestañas como carne de cañón a todas las guerras y batallitas políticas, sino otros señores que pudieron apretar en debida forma al rey, lo solucionaron con la famosa norma fundante de la futura democracia liberal, recogida en e<span style="FONT-STYLE: italic">l viejo artículo 44 argentino que ahora es el 52, y remite a Diputados como instancia exclusiva para iniciar debates sobre impuestos (para que no desvalijen a la 'burguesía nacional' sin contraprestación) y movilizaciones de tropas (para contentar a los 'proletarii')</span>. Los revolucionarios norteamericanos fueron bastante claros en cuanto a los alcances de este concepto jurídico elemental de la democracia: <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/James_Otis,_Jr."><span style="FONT-WEIGHT: bold; FONT-STYLE: italic">"Taxation without representation is tyranny"</span></a>, dijo uno de ellos.<br /><br />Perjudicar intencionalmente al mandante genérico es mala praxis y hasta delito. Salvo que uno tome la precaución de hacerse elegir diputado nacional con el voto de ese mandante, y, previo clamor de su partido contra la pérfida democracia formal burguesa, puede entonces levantar la mano obediente y votar afirmativamente por una norma tributaria que según todos los manuales conocidos y por conocerse enriquecerá más a los amigos de quienes la proyectaron y seguramente impedirá que otros se enriquezcan, además de disuadirlos definitivamente de trabajar, invertir y gastar en el país. Aprobar un proyecto que hará que un empresario se lleve su ganancia a Suiza en vez de invertirla en Sunchales, Arrecifes o General Deheza, o al menos gastarla en el Casino de Mar del Plata o algún prostíbulo, y que simultáneamente dejará en la lona a quienes vivan "al día" y no puedan eludir el cumplimiento del tributo ilegal ni pirarse con la familia a otro país tras arruinarse por haber invertido en trabajar es, según estos personajes que embolsan mensualmente el equivalente mínimo a dos sueldos de un gerente de Banco, patriótico. El refugio de los sinvergüenzas, again. Pobre Patria. Ahora, además, <a href="http://www.finanzas.com/noticias/economia/2008-07-22/27264_argentina--marsans-podria-acudir-un.html">nuestras ínclitas autoridades, armadas con los fondos del Tesoro Nacional, corren patrióticamente en auxilio de empresarios españoles torpes cuando sus negocios amenazan ruina</a>.<br /><br />Pasemos a lo de "<span style="FONT-STYLE: italic">gobierno representativo</span>". Según el artículo 22 de la Constitución Nacional, transcripción casi textual de los artículos 25 y 26 del anteproyecto del tío Alberdi, "<span style="FONT-STYLE: italic">El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste, comete delito de sedición</span>".<br /><br />La teleología del artículo 22 nos parece una esmerada joya de la Filosofía del Derecho liberal y demócrata. Pero, sin contar que cuando alguna fuerza armada con cierto respaldo popular por activa o pasiva se irroga el derecho de matarte a corchazos no hay quien la pare, ocurre que los representantes del pueblo o diputados y los representantes de los Estados provinciales o senadores no son imagen, símbolo o brazo ejecutor ni de sus votantes ni del bien común de sus respectivos distritos. Integran -salvo excepciones - una clase política que se ha cerrado en <span style="FONT-WEIGHT: bold">OLIGARQUÍA</span> (en el sentido técnico que a esta expresión se da en sociología desde <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Vilfredo_Pareto">Pareto</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Michels">Michels</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Joaquin_Costa">Joaquín Costa</a> y otros sujetos por el estilo, y <span style="FONT-STYLE: italic">única acepción conocida fuera de la Argentina</span>). No es un fenómeno exclusivo de la Patria, pero no es casual que en nuestras Universidades uno pueda detectar una cantidad impresionante de pintorescos expertos en "Ciencia Política", más conservadores retrógrados o más declaradamente progres, según los casos, cuya prédica evangélica se destaca por parecer intencionadamente dirigida a aprovechar el análisis de cualquier prestigioso estudio académico de algún maestro del ramo para desalentar en el infeliz educando cualquier idea que conduzca a formar en éste la convicción de que un político pueda y deba representar lealmente a sus electores y circunscripción por encima del que sea su color partidario. Limitar la democracia a su versión decimonónica representativa y oligárquica, o a su versión intervencionista "social" propia del período transcurrido entre la Revolución Mexicana de Madero, Zapata y compañía y la crisis petrolera de 1973, proyectar en el otro nuestras propias cualidades, negar el pluralismo, suponer que el bolsillo es para todos sin excepción algo más importante que la libertad, es parte de una psiquis acaso patológica. Dejaré esta última consideración para los queridos psicobolches, que siempre tienen algo que decir, hasta acaso algo verdadero también. "<a href="http://www.rock.com.ar/letras/0/980.shtml"><span style="FONT-STYLE: italic">No creas que estoy loco: es sólo una manera de actuar...</span></a>"<br /><br />Finalmente, queda como tarea para el hogar a nuestra ínclita "clase política" emplear su indudable inteligencia en leer y razonar, a fin de luego aplicarlas a relaciones <span style="FONT-STYLE: italic">interiores</span> entre clases sociales y grupos de interés, tan similares en su comportamiento como entidades políticas dentro de los Estados a los sujetos del Derecho Internacional Público, las enseñanzas del malvado libretista del imperialismo <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Hans_Morgenthau">Dr. Hans Morgenthau</a>, expositor de la llamada "doctrina realista de las relaciones internacionales". Tanto abogado y politólogo suelto ahí en el Congreso y su periferia, y ninguno se entera de ciertas nociones elementales que no sólo son parte de la psicología de café que puede aprender cualquier experto asambleísta de club atlético, sociedad comercial o consorcio de propietarios, sino que están incluidas en los programas de nuestras carreras de grado en cualquier mísera Universidad de las que Papá Estado suministra a sus súbditos más pobres para que se arreglen como puedan. Hay mucho, demasiado, boludo importante en la política argentina. Algunos, en los sangrientos setenta, estaban escondidos en la segunda o tercera retaguardia de los violentos y ahora, a la vejez viruelas, se nos hacen los machos recios creyendo que los mansos sin militancia política somos fáciles. Parece que no.<br /><br />Son tiempos excepcionales, sí. Tiempos de asamblea popular y ruptura de presupuestos ideológicos, de quiebre de todos los manuales de instrucciones razonados en tiempos idos para actuar en una sociedad que ha cambiado rápidamente. No hay caos sin noción de cosmos: hasta para ser anarquista fanático hay que tener primero una serie de ideas y ejercer unas prácticas consecuentes acerca del orden, que empiezan por respetarse uno mismo. Claro que todo es según el color del cristal con que se mire, con y sin los ojos de aquel Campoamor tan pedorro pero que sirvió para que la poesía española se librara definitivamente del anacrónico lastre del léxico y formas oratorias fenecidas y llegara a su estado moderno. Es el feo trabajo del intelecto sin dotes excepcionales cuando se atraviesan tiempos de transición: pensarlo y repensarlo todo, y no dar nada por cierto sino hasta que el espejo del prójimo muestre que estamos de acuerdo en ciertas cuestiones esenciales, como el respeto. La constitución no es una vaca sagrada: su versión formal se ha vuelto obsoleta. Le queda chica a las necesidades reales de la sociedad. Así que, parafraseando a cierto asesor de un famoso político norteamericano, digámoslo sin miedo: ¡es el federalismo, estúpidos! Hay que proponer otra. Nuestros tiempos excepcionales son diferentes de los del tío Alberdi... O quizás no tanto:<br /><br /><span style="font-size:85%;"><span style="FONT-WEIGHT: bold;font-family:arial;" ><span style="FONT-STYLE: italic">"Don Quijote dio a su estancia por de pronto el nombre y rango de "colonia"; a sus animales el de "colonos", a su gallego el de "secretario general de Quijotanía", como llamó a su colonia el imitador de Guillermo Penn, y él mismo se dio el título de "Gobernador" de su Pensilvania patagónica. Los peones recibieron el título de "intendentes", y los colonos fueron clasificados en tres departamentos, a saber: "homo-ovejas", "homo-vacas", "homo-caballos". El gobierno de la colonia fue democrático-representativo, con un parlamento mudo (por de pronto) en el que cada departamento debía tener un número de votos proporcional al de su población. Los "homo-ovejas" formaban mayoría absoluta, y teniendo más de la mitad de los votos, ellos hacían la ley. Provisionalmente y mientras no sabían hablar, ni escribir, ni leer, debían hacerlo por ellos el gobernador y el secretario general constituidos en consejo y parlamento colonial. Las leyes y decretos debían ser dados y promulgados en nombre del pueblo de "Quijotanía", proclamado soberano y libre por su fundador y libertador. La soberanía debía ser ejercida por el pueblo, en forma de "plebiscitos", expresados por un "sí" o un "no", en contestación a los proyectos interrogatorios propuestos por el gobernador libertador. Al cabo de dos años, la colonia asumiría el rango de estado soberano y libre y se daría una Constitución de tal, definitivamente. Sólo entonces entraría en relaciones con el gobierno nacional de la República, o en caso necesario con los poderes extranjeros."<br /></span>[Juan Bautista Alberdi ejerciendo de novelista allá por 1871: en "Peregrinación de Luz del Día"; Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1983; pág. 115.]</span></span> </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-8629807368820733858?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-39906773776515997332008-07-16T00:03:00.010-03:002008-08-12T11:52:59.331-03:00A mediados de año, el invierno.<div style="TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-WEIGHT: bold;font-size:85%;" ><span style="font-family:arial;"><span style="FONT-STYLE: italic">"...El arte es todo lo opuesto a las ideas generales: sólo describe lo individual y no desea más que lo único. No clasifica: desclasifica. Por mucho que ello nos preocupe, nuestras ideas generales pueden ser similares a las vigentes en el planeta Marte, y tres líneas que se cortan forman un triángulo en todos los puntos del universo. Pero observad una hoja de árbol, con sus caprichosas nervaduras, sus tonalidades que la sombra y el sol varían, la tumefacción levantada por una gran gota de lluvia, la picadura que ha dejado un insecto, la huella argentada del pequeño caracol, el primer tinte de oro mortal que marca el otoño, y buscad una hoja exactamente igual en los bosques más grandes de la Tierra toda: os desafío a que lo hagáis..."<br /></span>[Marcel Schwob; "Vidas imaginarias"; traducción de Hugo Acevedo, Editorial Brújula, Buenos Aires, 1967; Prólogo, pág. 9-10.]</span></span><br /><br />Yo podría volver de entre los muertos, y no para vivir la misma vida. Podría, por ejemplo, contemplar la luz del mediodía con la mirada del niño que fui hace más de treinta años: los ojos perdidos en detalles como el de esa nube mansa que lleva a lomos algún sueño. Aspiraría con narices vírgenes unos aromas tranquilizadoramente conocidos y me serían revelados otros, inquietantemente novedosos. Saldría a caminar en las tardes, sí, aprovechando la hora de la siesta y desafiando el sol alto, pero sobre todo preferiría hacerlo durante las noches, para detenerme a aprovechar el fresco en cada una de nuestras plazas. En ambos casos, con luz diurna o a ciegas, presentiría con placer los misterios del alta mar desde la medialuna que describe la carcomida costa. Sería capaz de imaginar la novelesca carrera de algún sinvergüenza huyendo de la ira de las personas de bien: ¡allí lo veo, deshaciéndose de sus perseguidores al lanzarse al Océano, quitando por última vez el pie de las arenas, cerca de la Usina, e iniciando, en este año olímpico, un enérgico e incesante pataleo rumbo al Mar de los Sargazos! Sonreiría, divertido con la ridícula escena. Descubriría, al ir recorriendo los lugares de siempre, que mis amigos y compañeros (tripulación inscripta en libros de rol caducos) pueden ya no ser los mismos que los tuyos. Y sin embargo, otra vez, como era entonces, hacia el fin de la deshabitada avenida en sombras se vería parpadear, a lo lejos, un paisaje que tenía olvidado. Tal vez mi suerte sea la de quien puede andar soñando que atraviesa indemne muchedumbres de incomprensibles espectros, y hacerlo como pasajero a bordo de una nube que un desconocido Dios pilotea. Quizás mi destino poco o nada se distinga del que habrá tocado a los otros, y ni siquiera mis palabras, que intentan pretenciosamente combinarse de un modo inconfundible, propio de su usuario, tengan en realidad ese 'toque' particular.<br /><br /><span style="FONT-WEIGHT: bold;font-family:arial;font-size:100%;" ><span style="FONT-STYLE: italic">"To Laughter"</span><br /><span style="font-size:85%;">by Percy Bysshe Shelley (1792-1822)</span><br /><br />Thy friends were never mine thou heartless friend:<br />Silence and solitude and calm and storm,<br />Hope, before whose veiled shrine all spirits bend<br />In worship, and the rainbow vested form<br />Of conscience, that within thy hollow heart<br />Can find no throne - the love of such great powers<br />Which has requited mine in many hours<br />Of loneliness, thou ne'er hast felt; depart!<br />Thou canst not bear the moon's great eye, thou fearest<br />A fair child clothed in smiles - aught that is high<br />Or good or beautiful. - Thy voice is dearest<br />To those who mock at Truth and Innocency;<br />I, now alone, weep without shame to see<br />How many broken hearts lie bare to thee.<br /><br /><span style="font-size:85%;"><span style="FONT-STYLE: italic">["The Poems of Shelley", edición de G. M. Matthews y Kelvin Everest; London, Longman, 1989; página 520.]</span></span></span><br /><br /><span style="FONT-STYLE: italic;font-family:arial;font-size:85%;" >[</span><span style="font-family:arial;font-size:85%;">Traición al marido de la "Chica Frankenstein" (disculpen los expertos lingüistas, pero lo mío es el inglés de la costa atlántica bonaerense):</span><span style="FONT-STYLE: italic;font-family:arial;font-size:85%;" ><br />«Tus amigos nunca fueron los míos, amigo sin corazón:<br />El silencio y la soledad y la calma y la tormenta,<br />la esperanza, a cuyo velado santuario todos los espíritus se recogen<br />reverentes, y el arco iris debidamente configurado<br />de conciencia, que dentro de tu corazón hueco<br />no puede encontrar trono - el amor con sus grandes poderes<br />que ha compensado al mío en tantas horas<br />de soledad, tú nunca lo has sentido; ¡vete!<br />No soportas el ojo poderoso de la Luna, le temes<br />a un bello niño vestido de sonrisas - ninguna cosa grande<br />o buena o hermosa. - Tu voz es querida<br />por quienes hacen mofa de la verdad y la inocencia;<br />y, en soledad ahora, lloro sin vergüenza al ver<br />cuántos corazones rotos yacen desnudos ante ti.»]</span> </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-3990677377651599733?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-1257460632557197812007-12-13T00:19:00.003-03:002008-07-07T13:44:54.082-03:00La vida continúa<div style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"><span style="font-family:verdana;font-size:85%;"><strong>«...When I was a child</strong></span></div><div style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"><span style="font-family:verdana;font-size:85%;"><strong>I caught a fleeting glimpse</strong></span></div><div style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"><span style="font-family:verdana;font-size:85%;"><strong>Out of the corner of my eye.</strong></span></div><div style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"><span style="font-family:verdana;font-size:85%;"><strong>I turned to look but it was gone.</strong></span></div><div style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"><span style="font-family:verdana;font-size:85%;"><strong>I cannot put my finger on it now.</strong></span></div><div style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"><span style="font-family:verdana;font-size:85%;"><strong>The child is grown,</strong></span></div><div style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"><span style="font-family:verdana;font-size:85%;"><strong>The dream is gone.</strong></span></div><div style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"><span style="font-family:verdana;font-size:85%;"><strong>I have become</strong></span></div><div style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"><span style="font-family:verdana;font-size:85%;"><strong>Comfortably numb.»</strong></span></div><div style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify"><span style="font-family:verdana;font-size:85%;"><em>[Roger Waters y David Gilmour: "Comfortably Numb" (versos finales), en "The Wall" de Pink Floyd, 1979... parte de la banda sonora de mi adolescencia.]</em></span><br /><br /></div><div style="TEXT-ALIGN: justify" align="justify">No descubro nada si digo que cuantos hemos pasado los cuarenta estamos ciertamente más cerca del arpa que de la guitarra. La ruta del Gran Juego de la Oca tiene muchos casilleros adelantados y cada vez menos trecho por andar. Cada uno de nosotros mira frecuentemente hacia atrás con nostalgia, gratitud o desconcierto, y aprendió a preocuparse no por cuanto de malo haya conseguido que le pase al elegir una alternativa en los cruces de caminos (con una importantísima colaboración de los necios y los jueputas, claro que sí), sino por el tiempo que ha perdido cada vez que resultó haberse dejado inducir a optar, tomando entonces la ruta equivocada. A arrojar los dados y empezar de nuevo estamos largamente acostumbrados, y es lo que haremos en el 2008.<br /><br />A poco de empezar con esta absurda bitácora recuperé un texto propio ("<a href="http://intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com/2005/03/crossroads_03.html">Crossroads</a>") que era principalmente un post inserto años ha en un foro al que mataron el nihilismo y la masificación del acceso a Internet. Sí: los oficinistas aburridos y los fascistas desconocidos por sí mismos, sobrerrepresentados en la gran muestra sociológica que es esta Red de Redes, son enemigos de la vida en todas sus manifestaciones, y contagiosos para casi todos nosotros. En ese entonces, <a href="http://www.archive.org/web/web.php">la máquina del tiempo</a> vino en mi auxilio y, rescatando mis propios engendros de allí, pude iniciar esta aventura. También me ayudé con la memoria de un mensajero que solía usar a altas horas de la noche; curiosos borradores los que empleo, y hay quienes saben que mis comentarios en sus blogs después se hacen entradas aquí. Hoy de aquel foro sólo queda el nombre por un lado, y la página madre por otro: "<span style="FONT-STYLE: italic">De mi pueblo</span>" -cito de memoria a Nicanor Parra- "<span style="FONT-STYLE: italic">sólo queda un puñado de cenizas</span>". En los años 2003, 2004 y 2005 quien les habla estaba literariamente <i>"on fire"</i>, para usar términos basquetbolísticos. Las ideas y palabras me salían de las mangas, como dicen le ocurría a Capablanca con las jugadas de ajedrez. Cuando escribí esos textos creía haber descubierto cómo y con quién juntar las ideas y las cenizas de mi pueblo. Pero era una ilusión más. Lo que regresa a la mente a propósito de la felicidad acaso se esté despidiendo dulcemente de su aparente importancia. El "velo de Maia" del cuarentón es en versión blues: <i>I woke up this morning, feeling round for my shoes...</i><br /><br />Puede que sea la costumbre, la familiaridad, pero Internet ha ido perdiendo la magia, si tal cosa existe fuera de la inagotable ingenuidad del ser humano que uno es. Dominado razonablemente el arte básico de internarse a explorar lo desconocido, de encontrar lo universal humano en toda latitud y longitud, la maravilla se vuelve rutinaria y la atención, con la carga de conciencia del tiempo (¿mal?) gastado en la empresa, rumbea para otros horizontes debidamente racionalizados, a veces más banales que los que acostumbrábamos husmear. Adolescente de otros tiempos, joven de los abominables ochenta, hasta hace poco no le pasaba ni bola a mi presencia física: ni al peinado, ni a la ropa, ni a los zapatos. Ahora me acicalo un poco más, pero es sólo una treta para que no me confundan con los que me llevan diez o veinte años. Una triquiñuela más modesta que, pero tan eficaz como, la de la tintura para el pelo que hacía morocha y espléndida la cabellera, de natural castaña habiéndose vuelto canosa, en el cráneo de alguna amiga que estaba más fuerte que tres camiones Scania y así restaurada aparentaba diez años menos que los reales. De ahí que no escriba casi nunca: ¿para qué repetirse una y otra vez? Uno no es Borges ni Hawthorne ni Stevenson, después de todo.<br /><br />En algunos aspectos, el tiempo presente es de lo mejor. En otros, no. Comoquiera que me sirva hacer memoria sincera, del pasado también vuelven el acné y los profesores dementes de 1976 a 1980, el nihilismo y los laburos de mierda de 1981 a 1994, la espantosa universidad alfonsinista, la destrucción sistemática de la sociedad por Mr. Palíndromo, y otras desgracias varias (esas señoritas de más de 25 que le siguen haciendo caso a su mamá, esos parientes garcas, esos soberbios pelotudos que nos reclaman humildad y no modestia mientras solicitan que nos quedemos a vivir en sus nubes de pedo tóxico, esos supuestos amigos leales, esos accidentes de todas las vidas que son). Me quedo con el presente y lo que esté por venir, aunque - descuento - estaremos frecuentemente mal acompañados en este viaje.<br /><br />Un día, increíblemente, moriremos. Esto es lamentable porque, aunque nuestra especie pueda ser como conjunto una verdadera porquería, hay personas que merecerían, en rigor de justicia, sucesivas oportunidades con plena conciencia de sus errores, de manera que en cada vida sucesiva les vaya gradualmente mejor. Porque la suerte y el destino previstos por Borges para su Inmortal son demasiado grises, demasiado lineales. Así, las autoridades del Más Allá podrían disponer que un beato recomenzase su uso del tiempo y espacio terrícolas como amnésico "dalit" maltratado en la India anterior al apogeo de los ingleses, reaparecer reducido en calidad de carpintero guaraní en las Misiones jesuíticas del siglo XVIII, y luego de un tiempo devenir cartonero afortunado en el Londres de Dickens y Thackeray (escritor con lindo segundo nombre: <span style="FONT-STYLE: italic">Makepeace</span>, mucho mejor que el mío); posteriormente, un salto en el tiempo le concedería descanso hasta que, gracias a su condición de ingeniero normando poseedor de secretos vitales para la industria bélica, le tocaría zafar de la guerra del 14, aprovechando oportunamente parte del stock de máscaras antigas de rezago para el momento de saludar a su suegra (esa vieja desagradable pero millonaria) durante los sucesivos brindis de Navidad de los años veinte del pasado siglo. Renacido el fulano durante los años cuarenta en el arrabal del mundo ((c) Alberto Zum Felde), cual Lautrèamont de signo inverso, descubriría sus milagrosas habilidades futbolísticas en un partido entre Wanderers y Nacional, y lógicamente terminaría abandonando el falso Oriente para cruzar el charco a bordo de un chinchorro con rumbo al Tigre, como Lavalleja pero al revés, y convertirse en goleador de San Lorenzo, único sitio posible para un crack de tamaña dimensión. Y así hasta abarcar una idea de aumento constante e ilimitado mayor que el de cualquier cantidad concebible de perfeccionamiento humano. En síntesis: hay quienes merecen el infinito y no se les otorga como universalidad.<br /><br />Retomando el hilo de este discurso, iba diciendo que un día, increíblemente, moriremos. La tendencia que se suele observar en ese momento extraño es a esquivar el sufrimiento por empatía. Yo mismo fui sólo una vez a un velorio, y algo aprendí: el muerto, tío de mi entonces novia, era en vida tenido unánimemente por un sinvergüenza, y en mi opinión probablemente lo fuera, pese a lo cual los mismos que lo odiaban comenzaron a elogiarlo a viva voz ni bien llegados al costado del jonca. Y por consiguiente, violando el principio lógico y epistemológico que veda derivar válidamente conclusiones ajustadas a la realidad a partir de un caso único, declaro que, vistos los antecedentes del difunto y considerando cómo su paso al más allá tornó en excesivos elogios y generalizados clamores por su canonización los insultos y rencores que supo largamente cosechar en vida, puede postularse que tanto más rápido pasaremos al olvido cuanto mejores tipos hayamos sido: mi malevolencia intrínseca me permitirá permanecer en la memoria de la turba popular un tiempo más prolongado que Heidi o Súper Hijitus, pero sustancialmente menor que el destinado al recuerdo del protagonista de aquel velorio.<br /><br />Ignoro qué decidiré con respecto a esta página web que quise matar tres veces, pero, para el caso que finalmente me decida a finiquitarla, supongo correrá el mismo destino de olvido, más temprano que tarde, que cualquiera de quienes nos precedieron en el camino de la vida. Sin embargo, apunto, de algunas páginas ajenas (de algunos momentos de páginas ajenas, más bien, que no tenemos por qué ser profundos o estar inspirados "full time") suelo acordarme cada tanto. Si la memoria es - como la poesía para Celaya - un arma cargada de futuro, según opina el dueño de un blog español que está en el Revuelto Gramajo, de la misma manera que la felicidad, conforme recopilaron Lennon y Mc Cartney, es un arma de fuego caliente, quienes estén vivos, simplemente, disparen. De eso se trata.<br /><br />Felices fiestas.</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-125746063255719781?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com6tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-45928829521914187112007-11-05T00:39:00.000-03:002007-12-11T21:39:55.028-03:00Secos y húmedos<p align="justify">En estos pagos hay dos bandos: el de los secos, digamos – haciendo sociología fantástica - que un sesenta o setenta por ciento de la población nacional (en que me cuento: sólo alguna cerveza o vino muy de vez en cuando) y el de los húmedos muy húmedos, o sea algo así como el treinta o cuarenta por ciento restante.<br /><br />Hasta hace relativamente pocos años, una o dos generaciones atrás, determinado tipo de entusiastas hábitos alcohólicos no estaban demasiado bien vistos por aquí. De hecho, ingestas normales para cualquier almuerzo o reunión de amigos en las Uropas, Estados Unidos o el Caribe todavía pueden ser contempladas en ciertos ámbitos como propias de despreciable bacante.<br /><br />Se conocen en la actualidad más <em>sommellieres</em> y enólogos, o personas que dicen serlo, que nunca antes en nuestra historia. Jamás pasé de distinguir al vino con cuerpo, uva fermentada, del alcohol etílico con tintura del tipo del celebrado vino de mesa "Soy Cuyano", de feliz memoria en los estrados de los Tribunales de la Injusticia Ordinaria en materia Penal de la Provincia de Buenos Aires. Los duchos en visitar bodegas afirman por su parte ser capaces de distinguir una cepa de otra por los olores, sabores, y no sé cuántas características más. O carezco de toda sutileza sensorial, o mucha gente hoy día abusa del clonazepan u olvida su ingesta y asume conductas progresivamente más raras mientras empieza a imaginar cosas.<br /><br />También hay un auge de la profesión de preparador de cócteles, y los parroquianos sobreviven a <em>daiquiris</em>, <em>bloodymarys</em>, <em>dry martinis</em>, <em>gin tonics</em> y demás combinaciones líquidas por el estilo. Uno de mis antepasados, por mal nombre "Cinzanito", estaría feliz con este beodo nuevo siglo que se ha perdido beberse. Él consideraba a los “<em>barman</em>” una verdadera raza de superhombres llegada del espacio sideral, pero no porque siguiera por la tele las aventuras del arquitecto David Vincent, asistiera regularmente a las conferencias de Fabio Zerpa o fuera militante posadista, que nada de eso sucedía, sino porque sólo así se explicaba -decía- que el ser humano hubiera finalmente encontrado manera de asociar sin daño fulminante para su salud las acaso dos mayores porquerías líquidas existentes fuera de la orina: el insípido ron y el jarabe gaseoso de Atlanta, Georgia. Suscribo.<br /><br />Hace poco, acudí a entrevistarme con un colega abogado a un prestigioso bufete del microcentro porteño distante pocas cuadras del cristalino y pasteurizado estuario atlántico y desembocadura del Paraná conocido por los geógrafos como Río de la Plata. Llegado que fui, ascensor mediante, al sexto piso de una mole de más de veinte, en zona bancaria - la denominada "City" capitalina, claro - una contoneante secretaria metida en sentador trajecito chanel me guió hacia una inmensa, bien equipada sala de reuniones, digna de un bunker de transnacional (que eso y no otra cosa es en realidad el «<i>Estudio Jurídico Pirañelli, Garkerson, Juepútez, Sanatelli, Latrocinántez, Infámez &amp; Asociados, Consultores - Lawyers</i>», según pomposamente anuncia el indicador sito en la Planta Baja del prolijo edificio de oficinas).<br /><br />Tomé asiento: quince sillas de respaldo alto quedaron vacías alrededor de una gran mesa de cedro. Me sentí CEO de La Nada Petroleum Company, mientras era visitado (una vez más, y van...) por la impresión de que los de arriba me suelen tratar demasiado bien. De aspecto más bien nórdico, gringo, aunque con cejas probatorias de la desprestigiosa presencia del Centro de Almaceneros en mi mapa genético, el ambo, la corbata, el nivel de lenguaje, la astuta ambigüedad del silencio o la parquedad expresiva, vaya uno a saber cuáles de estos factores y mezclados en qué proporción, sumados a la necesidad de sentirse entre iguales y no minoritarios que persigue a la conciencia de las denominadas "clases altas" les harán la impresión - que nunca trato de desvanecer, voto a Diógenes de Sínope, Hobbes, Macchiavelli y Don Vito Corleone - de que soy uno de los del palo. Sé, presiento, que ellos preferirían discutir un contrato frente a la Costanera enarbolando un choripan. No aceptaría si tal cosa me propusieran. También sé, damas y caballeros acaso lectores, que ahora mismo están pensando: <i>"este tipo que escribe no tiene abuelita"</i>, y por lo tanto ruego no se molesten en hacérmelo notar.<br /><br />Instalado ya en el que sería ámbito de mi visita, cuál no fue mi sorpresa cuando acto seguido se presentó y cuadró ante mí como recluta en el servicio militar un fulano rubio, grandote y altísimo como Largo, el mayordomo de Homero y Morticia Addams, pero de facciones más regulares y trato no exento del cordial profesionalismo del gastronómico VIP. Largo no venía vestido de Largo, sino disfrazado de camarero de película de Fred Astaire, hasta con esos zapatos acordonados y charolados que en otros tiempos gastaba la aristocracia británica. Bertrand Russell solía calzarlos. Tras presentar imaginarias armas (bandeja y servilleta, en realidad), sin dejar de mantenerse cuadrado, me interpeló:<br /><br /><i>- "Doctor, ¿qué puedo ofrecerle para amenizar la espera?"</i><br /><br />Ni le aclaré al referido ser humano que soy apenas Licenciado: en la Argentina y Uruguay eso es completamente inútil, y la etiqueta profesional inserta en mi programación se da por sentado indica que "si un épsilon nos supone aún más afortunados que cuanto somos, no debemos desalentar su creencia. ¡Pip!" Al igual que ocurre con sus explotadores, digo amos, digo dueños, digo empleadores (conforme LCT, 20.744/1974 y sus modificatorias), conviene mantener ambiguo silencio a fin de abonar la impostura, cargando el significado sobre la mente del interlocutor, y atrayéndonos inmerecida atribución de lustre, autoridad, distinción y talento.<br /><br />Así nos enseñaron en la gloriosa Facultad de Derecho, donde escupimos sobre la tumba de los semiólogos tras cobrarles pingües honorarios. Añado que cuando yo era pibe, en cierto sitio de la costa atlántica bonaerense primero, en un modesto barrio del sur porteño después, creía que personas como Largo sólo existían en teleteatros y películas, como fruto de la imaginación romántica de incorregibles libretistas (v.g. Alberto Migré, el guionista del "Batman" pop sesentista, y gente por el estilo), porque en mi entorno no se veía nadie como ellas.<br /><br />Debo reconocer que en esa circunstancia metí la pata, denunciando por acción y omisión mi notoria falta de hábito de moverme dentro de la lógica del estilo de vida cajetilla. Porque sólo atiné a solicitar a Largo, modestamente, un cortado, y lo hice sin la seca voz de mando de quienes epicúreamente se dirigen a sus víctimas para satisfacer su necesidad de tener entre manos un <em>dry martini</em> que nunca honrarán hasta el fin. Mi expresión de preferencias fue de corriente parroquiano de bar de oficinistas. Largo esperaba, imagino, que en tan solemne circunstancia todo un profesional del Derecho ordenara con ademán de falso entendido enotécnico un whisky o una caipiroska, pero no es parte de los usos de la auténtica clase media, la "pequeña burguesía", eterno chivo expiatorio de zurdos y peronistas residentes en la Avenida Alvear, la calle Posadas o los alrededores del Hipódromo de Palermo.<br /><br />Cuanto más rico el argentino, más probablemente borracho y drogadicto, y psicoanalizado, claro. Se me habrá notado en esa elección que no soy ninguna de las tres cosas, y sí miembro de número del Partido Estoico, un club de eternos aprendices desconfiados de la costumbre del placer fácil. Y Largo sonrió, sabiendo que nada debía temer de mí, del número de la clase colchón. A veces, las pertenencias y alianzas entre clases sociales tienen un camino sumamente misterioso, sugería algún vagoneta y revolucionario profesional (¿habrán trabajado alguna vez los revolucionarios profesionales?) que perturbaba el orden en Europa. Largo también cobra por representar un papel, comprendí. (¡Qué falta nos hace un Aristófanes!, pensé).<br /><br />Mi anfitrión (tres nombres y dos apellidos, y - of course - también mero Licenciado) se presentó, apareciendo, sonriente y fraternal con el querido colega, al cabo de unos minutos, por otra de las puertas del enorme salón de reuniones, carpeta de seguimiento del asunto judicial en mano, y se pidió, esto es, ordenó secamente, con la envidiable y bien educada naturalidad del profesional usuario de traje de trescientos dólares y zapatos apropiados, un <em>mojito</em>, brebaje cubano célebre por el nombre, pero que casi nadie de entre mis conocidos ha ingerido jamás en horas de trabajo. Largo, profesionalmente, se aprestó a traerlo del bar contiguo a la sala.<br /><br />Así principió la cordial entrevista entre secos y húmedos del Derecho. Optamos por ocupar asientos casi contiguos sobre un ángulo de la mesa para dieciséis personas; yo en una cabecera, él silla por medio sobre el lateral. De lo contrario, hubiésemos necesitado a Largo o a la secretaria de trajecito chanel (ésto hubiera sido lo preferible, a fin de deleitar con sus andares al público masculino, trayendo el siempre dulce recuerdo de otras Gracias terrenales) para que fuera llevando y trayendo papeles una y otra vez de una punta a la opuesta de la mesa, como en imaginario almuerzo entre el Señor Conde Drácula y Ersébet Báthory. Pero no: desde el enorme ventanal pude ver, muchos metros hacia abajo, las muchedumbres de Buenos Aires en agitado caminar.<br /><br />Antes de concentrarme en la suerte de nuestras respectivas víctimas vi a los oficinistas que regresaban de almorzar, los repartidores de correspondencia, los veloces <em>delivery</em> de las pizzerías y de los bares, las chicas pulposas en uniforme de entidades bancarias, el quiosco y fotocopiadora con sus encargados atendiendo clientes a ocho manos como si fueran pulpos, el auto oficial del Consulado contiguo, la larga cola de postulantes de aspecto resignado que presentaron sus respectivos <em>curriculum</em> en la agencia de empleo de la esquina, el cartel electrónico de la casa de cambio con la cotización de las principales monedas extranjeras, el carrito de descarga del camión proveedor apoyado en la puerta de la librería de mitad de cuadra, los conductores histéricos meta bocina, los cobradores con sus portafolios gastados, los primeros heladeros de la temporada, los camiones blindados de caudales, el agente de la Federal con pechera naranja, y ¡los vendedores de cubanitos! Mi distinguido colega sin su costoso ambo bien podría pasar por humilde vendedor de cubanitos... En esto, volví al denominado Universo o Realidad, a la parcela de mi entorno inmediato de intereses. Me llamaba el deber: somos todos (¿todos?) hijos del imperativo categórico. Y de nuestros pudorosos padres.<br /><br /><em>C'est la vie</em>. Como decía el gran Pepe Biondi: soy un buen muchacho... lástima que sea tan canalla. La suerte, nuevamente, está echada. Siempre estamos solos. Me bebí el cortado, y también el vaso de agua que lo acompañaba. El mojito quedó sobre la mesa de cedro, a medio consumir. No podía ser de otra manera. La diferencia entre la necesidad y el lujo termina materializándose en toda ocasión.<br /><br />Hasta pronto.<br /><br />N.B. Ya que estamos, dejo una intuición ajena de cómo se pueden ver estas cosas desde más abajo:<br /><br /><span style=";font-family:verdana;font-size:85%;" >Cuando dejaba una frontera de neblinas<br />detrás de un cielo y de un riachuelo de humo gris,<br />la vez primera que cruzaba Puente Alsina,<br />Pompeya para Diego era París.<br />Se persignó frente a la iglesia desteñida.<br />Allá en Fiorito conocía otro país,<br />donde hay más huérfanos que platos de comida.<br />Pompeya para Diego era París.<br />Después vino el insulto, la elegía,<br />la cruz donde mostró su cicatriz,<br />la gloria del suburbio, la osadía<br />y el gesto de su hora más feliz.<br />Pero antes vio un país desconocido:<br />el Sur, "que está de olvido, siempre gris..."<br />Acaso cueste ser un elegido<br />y ver al arrabal como París.<br />Será tal vez que ese momento fue un destello<br />y comprendió mejor que nadie a este país;<br />este país que sueña siempre un rey plebeyo.<br />Pompeya para Diego era París.<br />O acaso fue que contempló un mundo perplejo<br />que no existía en su niñez de barrio gris,<br />o vio un espejo, menos pobre, menos viejo...<br />Pompeya para Diego era París.<br /><em>['Pompeya para Diego era París'; Tango, de Javier González (m) y Alejandro Szwarcman (l)]</em></span></p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-4592882952191418711?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com8tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-40763131095155393952007-10-02T11:50:00.003-03:002009-05-04T13:45:45.494-03:00Sermón laico acerca de las ventajas de ser un López<p align="justify">Necesitaba, queridos hermanos, ratificar mi pertinente inclusión en ciertos listados de profesionales emitidos por determinado ente de derecho público no estatal. Apelando a la guía de nuestro milagroso pastor San Google, Patrono de los peregrinos en la Red de Redes, decidí efectuar una búsqueda por la Vía Láctea <i>firefoxea</i>. Inserté, entonces, en el formulario <i>ad hoc</i> los seis signos del abecedario (tres consonantes y tres vocales) que componen mi apellido, del todo inapropiado -aclaro- para la libranza impune de órdenes de pago bancarias sin oportuna provisión de fondos. Rocié el monitor con agua bendita virtual, oprimí materialmente la tecla "enter", y aguardé, confiado en Dios y la Autoridad de Aplicación temporal, rogando por la intercesión del beato Henry David Thoreau, Protector del Contribuyente Antibelicista, los resultados del proceso.<br /><br />Habiendo omitido, sin embargo, restringir mi busca a "sitios de Argentina", no sólo no encontré prontamente el archivo que necesitaba sino que mi cicerone binario sugirió como primera instancia de consulta una página de genealogía íntegramente compuesta en gallegoportugués, en realidad en la jerigonza pomposamente denominada "<i>regeneracionista</i>", que las autoridades políticas, indudablemente inspiradas por Belcebú y bajo el influjo permanente de la mescalina, creen constituye el referido idioma. Esta variante psicodélica de la lengua de Pondal resulta tan parecida a nuestro cagaste llano que hasta una renombrada erudita con el elevado cociente intelectual y conocimientos filológicos de la Licenciada Karina Olga Jellinek, a quien Dios guarde muchos años, comprendería a la primera lectura cuanto allí se dice. Para muestra basta un botón: accedí al portal enlazado en los resultados de la búsqueda a través de una sección intitulada "<i>Apelidos de Galicia</i>" (y no "<i>Galiza</i>", que es como se llama Galicia en <i>galego</i>).<br /><br />No deja de sorprenderme haber descubierto <i>ab initio</i>, además del significado vegetal que ya conocía y alguna alocada compañera de Facultad encontraba "erótico" allá por los ochenta (y de la ausencia de la acepción muy distinta que le dan los brasileros), la circunstancia de ser mi apellido topónimo de una fraga, un bosque, un espacio verde. Tras imponerme del paso de objeto erótico a hábitat ecológico, la página de marras informaba la presencia en nómina telefónica de personas con mi apellido bajo el título <i>"Distribución no País Galego"</i>, horrible manera de seguir sin llamar a las cosas por su nombre. Imagino la indignación en Tartagal, Cerrillos o San Ramón de la Nueva Orán si a Salta le dijéramos "País Salteño"; es indudable para cualquier ser humano dotado de mínima racionalidad geopolítica que será "Galiza", y no la Rutenia Subcarpática, los Dardanelos o el Tawantisuyu, el único "<i>país galego</i>" posible, del mismo modo que perogrullescamente sabemos de toda la vida que si la Argentina está en guerra Corrientes la va a ayudar.<br /><br />El culpable (siendo su segundo apellido López) de que yo no pueda librar cheques sin fondos decía siempre que estos pintorescos episodios de nominalismo político barroco se deben a que ocurren en <i>"un país lleno de gallegos, nada sensato puedes esperar de ellos"</i>. Hasta Internet le da, post mortem, la razón al abuelo. Bueno, en el "País Gallego", anteriormente conocido durante siglos como "Galicia", la guía indica que el grueso de la familia (nueve abonados) permanece resistiendo heroicamente a Telefónica, naranjero en mano y bandera albiceleste en ristre, en su solariega fortaleza románica de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Monforte_cabe.jpg">Lemos</a>, y asimismo, salmodiando en alta voz el "Conxuro" y armadas hasta los dientes, hay delegaciones culturales ocupando estratégicas cabezas de puente en Coruña (tres abonados) y Pontevedra (dos), continuando a salvo de las expansivas hordas monfortinas solamente Ourense, que ya bastante castigo tiene -se dice- con los Alfonsín.<br /><br />Los eruditos de la página de marras informan: "Apellido originario de la provincia de Lugo, en la actualidad el mayor numero de personas con este apellido” (sic) “se concentra en los municipios de Pantón, Monforte y Saviñao"... "En España hay un total de 81 personas con este primer apellido y 67 con este segundo apellido: Lugo (28), Madrid (12), Coruña (11), Vizcaya (7), Barcelona y Pontevedra (6)". El Lebensraum Galego, o sea la mitad oriental del "País galego" que viene a ser la mitad occidental del "País asturiano" (supongo así llamarán ahora los españoles en su <i>neolingua post constitucional</i> a Asturias), no habría resultado damnificado por semejante emigración. Si a los peninsulares hacemos adición de los argentinos, venezolanos y brasileños que usamos la marca de referencia, andaremos en el mundo alrededor de los doscientos imposibilitados de librar talones bancarios carentes de respaldo financiero alguno sin riesgo de atraer a la Policía.<br /><br />Uno de los doce de Madrid era otro argentino, con cargo ejecutivo en una empresa de aeronavegación, y trabajaba en Barajas (alguna vez deberían sincerarse y ponerle "<i>Aeropuerto Internacional Heraclio Fournier</i>"). Allí, hace unos años , fue sorprendido con las manos en la masa, para el caso una valija con un bruto contrabando de estupefacientes... Aunque me enteré recién en ese instante, gracias a la tele, de mi parentesco con tan poco recomendable individuo, ya me imaginaba en futuros problemas con los simpáticos y nada xenófobos funcionarios de Migraciones íberos, que a la vista de mi pasaporte azul del MERCOSUR comprobarían la portación del desprestigioso apellido.<br /><br />Previo revoleo imaginario del botafumeiro, debo concluir este sermón con su correspondiente moraleja. Si la futura madre de sus hijos se llama López, ni lo dude, caballero: la marca "López", la más hispánica de todas, denominación de origen donde las haya, inmunizará a sus herederos contra las consecuencias de todo delito, propio y ajeno. Y de paso, fundado lícitamente en la ley del nombre, tendrá una nueva excusa para no casarse, ni reconocer descendencia excepto cuando una prueba de ADN lo acorrale, evitando así estropear su magnífica foja de servicios y el futuro de su prole desde la misma inscripción de los nacimientos. Siempre, voto a Laurence Sterne, podrá uno alegar que si los nombres elegidos para los niños tienen relación con su destino, los apellidos aún más, y los sinvergüenzas indudablemente deben ser López, pero otros López. Eso sí: a menos que se opte por bautizar a la criatura con un nombre de pila del todo inconveniente para la libranza de cheques sin fondos, atentando así contra su futura idoneidad como sujeto activo de operaciones bancarias (v.g.: «Ecuménico López»), no le será nada sencillo, por suerte para él, encontrarse entre tanto tocayo en nóminas y padrones electorales.<br /><br />A todo esto, ¿de dónde habrán salido tantos López descaradamente patronímicos cuando entre nosotros y nuestros antepasados no se conoce ni un solo Lope? Indudablemente –dicen fuentes bien informadas- de la ventaja que los delincuentes económicos y financieros encuentran en ocultar sus habituales delitos sirviéndose de idéntico patronímico falso. Una clásica campaña de manipulación de la opinión pública internacional, hábilmente orquestada desde la prensa y los medios universitarios y políticos, cuya meta es la dilución de toda responsabilidad en significantes vacíos. Tan elevado es el número de cuantos deshonestamente han optado por ser un López, eligiendo <i>ex professo</i> ese apellido para generar multitud y fungibilidad de sus portadores, a la vez que poder identificarse entre sí como miembros del hampa, que los que entre ellos cuentan con medios suficientes para hacerlo han tomado concertadamente la precaución de contratar a precio de oro a historiadores, periodistas de investigación, archiveros, sociólogos, ingenieros en sistemas y genealogistas para fingir, disponiendo probanzas adulteradas, una fraudulenta historia del apellido López. Piedra angular de tan audaz ucronía vienen a ser ficticios protagonistas del pasado cuya existencia demostraría la falacia de nuestra aseveración inicial en este párrafo, que hoy los entendidos desprecian por considerarla fruto de carencia de rigor metodológico.<br /><br />Así, partiendo de una idea atribuida a Nostradamus según la cual “el mejor escondite es el que está a la vista”, tales "expertos" han conspirado eficazmente para fraguar un linaje adecuado, haciendo posible, mediante la introducción de sutiles falsificaciones en repositorios documentales de todo el mundo, que personas de buena fe verifiquen de un modo u otro, y sin mayor contradicción entre fuentes, la supuesta existencia de una vasta serie de personajes como por ejemplo Lope de Rueda, Lope de Vega, Lope de Aguirre, Estanislao López, Carlos Antonio y Francisco Solano López, Cándido López, el <i>luthier</i> López Puccio o hasta López Rega. El siniestro plan incluye, para mejor embaucar a la población ignara aprovechando el auge mediático del balompié, el "<i>Prototipo Pedvncvlvs Academicorvm</i>". Astutos hombres de ciencia cordobeses, camuflados en lo cotidiano bajo el aspecto de músicos y cantante de un conocido cuarteto característico, son en realidad parte de la conspiración, actuando a las órdenes de Wolfgang Gottfried López Urwüchsigkeiter, pedagogo musical y científico loco hispanoalemán prófugo de la Justicia y el Mozarteum de su ciudad natal (al que adeudaría varias cuotas), refugiado entre los alambiques de una cervecería artesanal de Villa General Belgrano.<br /><br />El grupo, sirviéndose de numerosas capturas en video de la imagen tridimensional de un homúnculo encargado del delivery de la pizzería “El Cacho”, sita en la ciudad mediterránea de Río Tercero, y de un complejo equipo de proyección de imágenes virtuales sólidas, ha conseguido simular exitosamente la existencia de un futbolista mítico cuyo <i>doppelgänger</i>, bautizado, no podía ser de otra manera, <i>López</i>, lleva más de una década en activo y si no convierte más goles es porque, de resultas de una serie de algoritmos defectuosos que empecen el libre tránsito de datos dentro del sistema informático, sigue corriendo más de prisa que la pelota que él mismo simula patear, generando a sus directorios de comando conflictos irresolubles y en el mundo real auténticas paradojas de balística.<br /><br />Sépanlo: no hay López genuinos. Los López son, todos y cada uno, un Golem, un engranaje monstruoso, un autómata fuera de control integrante de la conspiración sinárquica diseñada por un genetista dipsómano a fin de apoderarse de todas y cada una de las páginas de las guías telefónicas del mundo entero desde el amparo de las sierras de Córdoba. Se los juro por el culo de la tal Jennifer López, que tambíén, queridísimos hermanos -afirman ciertos difamadores, que nunca faltan- sería falso: pura silicona.<br /><br />La Gloria sea con aquel que paga, en calidad de titular del servicio, con tarjetas de crédito y cheques a nombre de un tal Señor López. El Registro de Antecedentes Penales lo libre de toda constancia en sus archivos, los organismos de Papá Estado le doten de empleo con estabilidad propia, y el Banco Central y la Bolsa de Comercio le otorguen vida eterna. Ellos lo salven siempre, especialmente de otros López que puedan cruzársele por ahí. Amén.</p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-4076313109515539395?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com9tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-75768604433775443762007-08-14T00:26:00.000-03:002007-10-01T13:56:15.617-03:002007, A Cyber Space Odyssey.<p align="justify"><span style="font-size:85%;"><b style="font-family: arial;"><i>"San Agustín -hombre que invoco adrede para fortalecer la opinión de quienes me juzgan agusanado de antiguallas- escribió una vez que, en el discurso, habíamos de apreciar la verdad y no las palabras: </i><span style="font-family:times new roman;">In verbis verum amare non verba</span><i>. Conjeturando que una verdad sin palabras, quiero decir un pensamiento sin enunciación, es un antojo asaz difícil, quizá convenga más parafrasear lo antedicho y apuntar prolijamente que en el discurso no hemos de consentir vocablos horros de contenido sustancial. Basta hojear un poema rubenista para convencerse que existen esas palabras fantásticas, más enclenques que una neblina y gariteras como naipe raspado." </i>[Jorge Luis Borges: "Ejecución de tres palabras", en "Inquisiciones" (1925); Alianza Editorial, Madrid, 1998; pág. 167.]</b></span><br /><br />Leemos, o releemos, en busca de palabras precisas y nunca ajadas en partidas de truco, a algunos buenos narradores argentinos de los años sesenta y setenta, inmediatamente antes de <i>la hecatombe, una sucesión de hechos bochornosos</i> que las mentes menos obtusas vieron venir y, efectivamente, se desató en aquel empetrolado año de 1973. Por ejemplo, acudimos a textos de Germán Rozenmacher, fallecido en 1971, y descubrimos o redescubrimos: <i>"Cochecitos"</i>, <i>"Los ojos del tigre"</i>, <i>"Esta hueya la bailan los radicales"</i> y el magnífico <i>"El gallo blanco"</i>. El político, el sargento y el pulpero de este último cuento no se olvidan fácilmente, y con un poco de buena fe y mala suerte podrían ser ucronía de personas que hemos conocido.<br /><br />En esas narraciones creímos encontrar ratificada nuestra antigua sospecha, generada en que por entonces éramos niños - y suspendida merced a la engañosa esperanza de los ingenuos - acerca de la total conciencia de parte de algunos protagonistas de esa época, no importa su lugar, respecto de lo que estaban haciendo, y de las que supieron o debieron razonablemente saber serían las consecuencias necesarias, desgraciadamente concebibles, por posibles y altamente probables, de sus actos propios. Consecuencias anticipadas en el imaginario desde los años cincuenta y sesenta (acúdase a comprobarlo en cualquier hemeroteca o librería de viejo o, más simplemente, a navegar sitios como por ejemplo <span style="font-style: italic;">"<a href="http://www.magicasruinas.com.ar/">Mágicas ruinas</a>"</span>). Actos propios de los que casi ningún superviviente, de los buenos ni de los malos, se hizo cargo. Aclaro, por las dudas, total los aludidos tienen sesenta o más y yo soy, por unos meses más, un juvenil <i>sub 45</i>: no califico a nadie, ellos solos lo han hecho y en eso continúan, sin ponerse nunca de acuerdo respecto de cuáles serán unos y otros. Cuando yo tenía veinte, decían de sí mismos que eran unos fenómenos, mientras el suscripto lo ponía seriamente en duda; veinticuatro años más tarde, seguimos en la misma situación. Sospecho que a las nuevas generaciones, muy ocupadas en vivir mirando al futuro, como corresponde, no les importará demasiado la calificación que los tipos se pongan y se habrán ido formando, mal o bien, sus propias opiniones al respecto, que continuarán ajustando con el paso de los años.<br /><br />Hay un presente, en las calles y los campos, lleno de paradojas temporales, juegos de palabras, <i>"<a href="http://www.exargentina.org/_txt/krise_elacau_democracia_es.html">significantes vacíos</a>"</i> (expresión de moda en política; no problemas sino enigmas, como las tres palabras oportunamente <i>ejecutadas</i> por Borges en 1925), <a href="http://www.clarin.com/diario/2007/07/09/um/m-01453873.htm">nieve en Buenos Aire</a><a href="http://www.clarin.com/diario/2007/07/09/um/m-01453873.htm">s</a>, vida caótica y aventurera en el marco de instituciones caducas a cargo de solemnes aficionados. Los libretistas de la Nación, ejerciendo de <a href="http://www.wordreference.com/es/en/frames.asp?es=vate">vates</a>, han cumplido con creces, y lo cotidiano de carne, hueso y piedra imita a lo ultramoderno cotidiano virtual. <span style="font-style: italic;">Lönnrot</span>, <span style="font-style: italic;">Irene</span>, <span style="font-style: italic;">Juan Salvo</span> o <span style="font-style: italic;">Pepe Sánchez</span>, entre otros, pueden descubrirse oportunamente encarnados por esas calles de Dios. Recuerdo decía el joven <i>Georgie</i>, en algún otro de sus libros de ensayos, casi seguramente <i>"Discusión"</i> (edición príncipe de 1932 por Gleizer, "<a href="http://www.lanacion.com.ar/Archivo/nota.asp?nota_id=793369">el último de los editores románticos</a>"), que el propósito de la literatura de ficción no es la recreación intelectual del lector sino la emocional, y quien se escudare en la hipertrofia de la razón para negarse a la identificación con una emoción bien transmitida con palabras será inexorablemente un mal lector, al menos de ese escriba narrador o poeta. Espero no estar inventando lo que acabo de poner en la prestigiosa boca de otro; al fin y al cabo soy también, aunque en grado más modesto, un sinvergüenza y agusanado lector de antiguallas...<br /><br />Cada tanto nosotros, lectores, salimos de nuestra amada burbuja de papel y tinta. Radica en ello nuestro usual desinterés por la sutil inteligencia de ajedrecista que como majestuoso pato criollo demuestran a cada paso otros excelsos ejemplares de la especie humana a la hora de tomar decisiones para impedir la inercia histórica. Y por eso en estos días hemos vuelto a mirar con mayor atención <i>lo que pasa en la calle</i>. La calle de hoy está decididamente peor, para la gente y por la gente, que la de hace unos pocos meses atrás. No sólo por las baldosas flojas, que, en todo caso, serán susceptibles de la acción reparadora de expertas cuadrillas de albañiles. Encima de las baldosas, cuando yo era pibe, era raro que durmieran personas. Si hasta era raro que, con la excepción de grupitos de gatos callejeros, durmieran mascotas...<br /><br />¿<i>No future</i>? Tal vez sea que <a href="http://www.mundoredondo1.com.ar/Letras/baion08.htm"><i>el futuro llegó, hace rato</i></a>; que lo sospechábamos desde hace un cuarto de siglo y no le habíamos dado suficiente entidad, no tanto racional cuanto emotiva, como para estar convencidos del cada día más diminuto tamaño de la esperanza. <a href="http://www3.rock.com.ar/letras/0/599.shtml"><i>Las noches de frío es mejor ni nacer, las de calor se escoge matar o morir, y así nos hacemos argentinos</i>..</a><a href="http://www3.rock.com.ar/letras/0/599.shtml">.</a> Cada cual pone a sus aventuras la banda de sonido que estima apropiada. A veces no es la que más nos gusta para soñar y reposar, sino la que podemos asociar emotivamente a nuestras percepciones.<br /><br />En ejercicio de un arraigado hábito de cortesía, me despido saludando a ustedes con distinguida consideración. Y aquí viene el duro reverso, la lección de preceptiva, en lo que creo recordar decía, allá a lo lejos, Borges, y a su manera también enunciara el demente Wittgenstein: si al exponer una situación en esta ficción disfrazada de opinión generé recreación intelectual, pero no emotiva, si el contenido sustancial cae derrotado ante la eufonía y la consiguiente hipnosis lúdica de los enigmas verbales, juegos pseudoracionales buenos lo mismo para un barrido que para un fregado, entonces <i>mi</i> texto es malo, y <i>nuestro</i> tiempo se ha perdido. Lo que en buen cristiano se dice haber trabajado, uno y otros, decididamente al cuete; aunque los "posmodernos" y demás sectas intelectuales del último medio siglo hayan elevado semejante inhabilidad al rango de virtud y teleología.</p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-7576860443377544376?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com8tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-60924487163891103302007-07-26T17:09:00.000-03:002007-08-03T13:04:36.244-03:00Arrieros en la niebla<div align="justify"><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><strong>"La cuenta regresiva se apagó al momento y tan sólo se escuchó en el estadio el débil chasquido del césped al ser doblegado por el leve peso de la pelota en su marcha hacia la línea de sentencia." <em>[Roberto Fontanarrosa: "El área 18"; Buenos Aires, Pomaire, 1982; página 251.]</em></strong><em><br /></em></span><br />Corren tiempos pésimos para la poesía, la prosa poética, la épica, los narradores directos pero elegantes y -sobre todo- los lectores agradecidos. Los vientos son favorables, en cambio, entre otros géneros detestables de boludos barrocos, para defraudadores intelectuales con pose de científicos, malos periodistas metidos a literatos (cuando no a periodistas, alcanzando así el nivel propio de su natural incompetencia) y entrenadores de fútbol haraganes y guitarreros. Un delincuente cualquiera hoy puede creerse héroe y enseñar, orgulloso, el oficio a sus hijos, mientras el vigilante de la esquina -acaso, su cuñado- hace la vista gorda en un acto que no quisiéramos creer manifiesta el inevitable, ritual beneplácito de la fuerza pública con los malhechores. Los autoritarios más flojos de sesera, de ambos sexos, fingen, imagen y diseño y RRPP mediante, ser cultísimos amantes de las libertades de los modernos, y entendidos en los vericuetos de la psicología y sociología. Y así por el estilo. Esta parece ser de las peores épocas posibles para la buena gente y las personas sinceras, lo que es mucho si tenemos en cuenta la avasallante evidencia de los méritos que otro momento histórico cualquiera ha hecho para merecer también semejante rótulo.<br /><br />Quedan vestigios de décadas idas, en que los seres humanos no necesitaban salir por televisión o tener un portal de Internet para existir. Tiempos en que en vez de imitar malamente la sociabilidad con mensajeros electrónicos se hacían amigos o se levantaban minas en la calle, los cafés, las reuniones sociales, y hasta los estadios de fútbol. En que se empleaba apropiadamente la lengua en sus distintos niveles, se escribían misivas a manuela con letra más o menos legible, se corregían los horrores gramaticales y combatían las muletillas. Tales ecos del pasado reciente están constituidos por unas cuantas personas y muchos, cada vez más, en mérito a lo perecedero de los seres vivos, testimonios históricos. Quienes vinimos después que los felices ejemplos estamos cada día en mayor riesgo de sentirnos solos e inútiles. Días atrás, una referencia de la alegría, una prueba viviente de la posibilidad de plenitud del ser humano pasó al estado documental, a testimonio de una era que se muere, y en tal carácter será oportunamente compulsado en bibliotecas y hemerotecas por los investigadores del futuro y desfigurado por la heurística, algunas veces por negligencia o error, y otras por conveniencia.<br /><br />Se jugaba la semana pasada en Canadá un partido de fútbol sub 20 entre el seleccionado de la AFA y el equipo juvenil de la Agencia de Exhibiciones de Capoeira y Llorones para Entierros "La Rojita" (una ONG chilena que ejerció indignamente la representación balompedística trasandina). Mientras miraba por televisión cómo los nuestros intentaban jugar el partido y los contrarios, asustadísimos ante la oportunidad del éxito, procuraban salir a toda costa como víctimas de una eficaz conjura del resto del orbe para impedir que alguna vez ganen algo, el relator -o tal vez fuera el comentarista- hizo mención al fallecimiento de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Roberto_Fontanarrosa">Roberto Fontanarrosa</a>, un hincha de fútbol rosarino que dibujaba historietas, hizo muchos guiones de Les Luthiers <a href="http://www.quintadimension.com/televicio/index.php?id=135">e incursionó en los dominios de la literatura</a>. El partido entre juveniles, en el que no se hizo extrañar la presencia de algún rudo al mejor estilo del uruguayo Wilmar Everton Cardaña, parecía por momentos guionado ciertamente por Fontanarrosa, que nunca supe si era o no pariente de Rodolfo, jurista especializado en derecho comercial (como Vicente Aleixandre, pero sin dotes poéticas, que uno sepa) y asimismo rosarino.<br /><br />Aunque todos lo conocimos a partir de su labor como dibujante y guionista de historietas, que mantuvo mientras la salud se lo permitió, pues se había agarrado en sus últimos años una simpática esclerosis lateral amiotrófica, el rosarino era por sobre todas las cosas un excelente narrador, rico en recursos literarios, que fue en sus principios reiteradamente traicionado por los tipógrafos. Éstos cometían horrores ortográficos en las ediciones de Pomaire mucho antes que se inventaran los analfabetos en serie con título secundario que hoy hacen el 'script' en los programas de la tele o redactan "papers" en las Universidades, esto es, verdaderos personajes dignos de figurar en las tiras de Boogie e Inodoro. Acaso exagere, pero debe ser el escritor argentino que mejor ha ironizado con respecto al lenguaje de los medios de comunicación y la manera en que 'se le pegan' su vocabulario y mentalidad al receptor. Me refiero específicamente a los giros propios de relatores de fútbol, creativos publicitarios, periodistas, políticos patrioteros, ideólogos lunáticos, etc., combinados estrafalaria pero solemnemente con nociones vulgarizadas del pensamiento filosófico, científico o artístico. Se lo cita hasta ahora más por su ingenio y pasión futbolera que por lo que realmente importa y le será reconocido en el futuro: su buen uso de la lengua y el acerado filo de su ácido discurso.<br /><br />En mérito a que esta bitácora trata principalmente de la augusta persona de su autor, suscripto, procedo a dejar constancia de que mi primer conocimiento de la obra artística de Fontanarrosa fue a los nueve años, en 1972, gran año, en cuanto de fútbol argentino se trata. Llegaba a mi casa, enviada por algunos parientes cordobeses, una voluminosa revista llamada "<a href="http://www.imageandart.com/tutoriales/comics/hortensia/hort.html">Hortensia</a>", en la que se publicaban, entre otros delirios, un par de historietas de su autoría: "<a href="http://www.negrofontanarrosa.com/boogie/fpb.asp">Boogie, el aceitoso</a>", protagonizada por un típico matón a sueldo del cine norteamericano, e "<a href="http://www.negrofontanarrosa.com/inodoro/fpi.asp">Inodoro Pereyra, el Renegáu</a>", historia casi de <i>realismo mágico</i>, calificada por la revista como "poema telúrico". Y la que me llamó poderosamente la atención fue esta última tira, protagonizada por quienes Borges hubiera calificado de "hombres de antigua fe de la llanura abierta, elemental, casi secreta", prescindiendo del detalle de que Mendieta se presentara al lector en forma de perro.<br /><br />En ese número de la publicación mediterránea, Inodoro y el Mendieta iban arreando desde La Pampa hacia Santa Fe, al mejor estilo de la serie de cowboys "<a href="http://rockolafree.com.ar/Series/Rawhide.htm">Cuero Crudo</a>", pero con inequívoca épica de nuestra tierra suramericana, no pesados cuadrúpedos sino escurridiza tropilla de quinientas gallinas batarazas, a la voz de <em>"¡Poyo!, ¡poyo!, ¡poyo!..."</em> Ya los aguardaba, creo, en el rancho, la Eulogia, que no era por entonces una <i>china</i> gorda y poco agraciada, como se tornaría luego. En el curso de los años fueron apareciendo en la tira el chancho Nabucodonosor II (sospecho que secretamente auspiciado por Paladini), los ranqueles del Cacique Lloriqueo, los Loros (esa Esfinge colectiva), y todo género de personajes bizarros mucho más relacionados con la filosofía y la historia de la cultura de cuanto algunos intelectuales estarían dispuestos a admitir.<br /><br />Imagino, sintiéndome un poco Swedenborg, Schwob o Dick por un rato, que si Fontanarrosa, con su aspecto de clérigo mal alimentado de tiempos anteriores al alumbrado eléctrico, llegaba a nacer en el siglo XVIII, muy probablemente le hubiera tocado en suerte, en el reparto de vidas de los agentes administrativos de la Providencia, hacerse cargo del personaje de Laurence Sterne. Si usted nunca leyó una biografía rigurosa del Libertador Gral. San Martín, y por lo tanto ignora quién era su escritor preferido, lo invito a pinchar en el enlace "<em>Laurence Sterne in Cyberspace</em>" de la sección "<em>Revuelto Gramajo</em>" de este mismo blog, y verá lo que es bueno. Dice la leyenda que el fútbol suramericano ha tomado el estilo escocés, y que escoceses eran en su mayoría los fundadores de Rosario Central y de sus queridos primos, así que es un destino ucrónico coherente para un argentino de leyenda. Pero lo cierto, vista la índole de las más famosas criaturas del Fontanarrosa historietista que ha pisado concretamente la Tierra, es que acaso los referidos tecnoburócratas de la Eternidad pusieran a este señor en Santa Fe en la segunda mitad del siglo XX para que continuara, un poco a lo García Márquez, otro tanto a lo Bustos Domecq, a sujetos traviesos y valientes como el oriental <a href="http://www.oni.escuelas.edu.ar/olimpi97/Literatura-Argentina/Autores/Hidalgo/Hidalgo.htm">Bartolomé Hidalgo</a>, el porteño <a href="http://www.los-poetas.com/b/camp.htm">Estanislao del Campo</a> o el cordobés (de Bell Ville, como el Guaso Kempes) <a href="http://www.los-poetas.com/c/hila.htm">Hilario Ascasubi</a>. Acaso también para dar el toque de sana ironía a esos ilustradores del Martín Fierro como por ejemplo <a href="http://www.clarin.com/diario/2002/04/22/s-03102.htm">Mario Zavattaro</a>, y - sobre todo - a paisanos de historieta como <a href="http://www.tebeosfera.com/Obra/Tebeo/Caleuche/CaboSavino.htm">Cabo Savino </a>o <a href="http://axxon.com.ar/not/142/c-1420007.htm">Martín Toro </a>(versiones criollas del Sargento Kirk, con Tadeo Isidoro Cruz en la mente). O aumentársela a los trabajos de <a href="http://www.molinacampos.net/">Molina Campos</a>.<br /><br />Nunca he sabido explicar por qué razón, Pereyra y el Mendieta, que no necesitaron ningún Tadeo Isidoro Cruz que los ayudara a zafar de los verdaderamente malos, vagando, absurdos, inocentes y heroicos, por el campo, desfaziendo tuertos, filosofando acerca del posible o probable sentido de la existencia, poniéndole el pecho a la vida y haciéndose cargo del ridículo, siempre me han recordado a Don Quijote y Sancho. Y a partir de cierto momento de mi vida como lector ya no pude ver el dibujo del <em>lobizónico</em> ladero de don Inodoro sin evocar también al perrito Orfeo, de la novela "<em>Niebla</em>" de Miguel de Unamuno.<br /><br />Como ya sabrán, y si no lo saben se enteran ahora, <a href="http://intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com/2005/03/alucinaciones-culturales-2-la-irona-y_06.html">este blog está descaradamente de parte de los cínicos</a>. Y de los perros. Yendo al campo de la especialidad de Fontanarrosa, aunque no se trate de un <i>canis familiaris</i> propiamente dicho (tampoco lo es Mendieta, lobizón al que tocó en mala suerte emperrarse durante un eclipse), no puedo sino estar a favor del Compañero Willy Coyote, esa estrella libertaria del comic, y completamente en contra del reaccionario Correcaminos. Los perros son largamente mejores que los seres humanos. Se me objetará, acaso, usando un endeble argumento dolinesco, que la estructura mental de un perro no da para mucho más que la fidelidad y el estoicismo, a lo que responderé, ciertamente, que porque estamos mejor dotados para dirigir racionalmente nuestros actos y evaluar sus consecuencias es que tenemos menos excusas que un perro para ser desagradecidos e injustos. Por otros motivos, que expone, <a href="http://lalagun4.com/?c=145&a=8519">este diario mexicano</a> se manifiesta un tanto de acuerdo conmigo. Léanlo, antes que el periódico actualice la página y se pierda acaso el buen texto. Desde la voluble eternidad del recuerdo, el Negro Fontanarrosa seguirá logrando hacernos pensar... cuando consigamos parar de reírnos: rara virtud, la de no permitir que el receptor del mensaje piense mientras se está cagando de risa. Un éxito lo suyo, don Roberto. Nadie como usted en la Patria.<br /><br />Añado, tarde pero seguro, un enlace que me ha sido remitido después de una lectura de la publicación original de la entrada: <a href="http://youtube.com/watch?v=ysWHM-p_ssQ&mode=related&amp;search=">discurso del Negro, años atrás, alegando a favor de una amnistía para las malas palabras, en el Congreso de la Lengua desarrollado en Rosario</a>.<br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><strong>"...soy un hombre. He tenido que sufrir mucho para comprenderlo. Pero ahora sé que no estoy solo. En cada barrio, en cada rincón de la ciudad enorme, en todas partes donde se sufre y se comprende, hay hombres como yo. Y entonces no importa que haya lobos que quieran comprar la sangre y se apoderan de la alegría y la felicidad del hombre. Yo he luchado. He probado mis fuerzas y estoy seguro. Eso... no muere..." <em>[Agustín Cuzzani: "El centroforward murió al amanecer"; Buenos Aires, Cántaro, 2000; página 85.]</em></strong></span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-6092448716389110330?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com13tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-43190014867607034802007-06-11T11:33:00.000-03:002007-08-13T15:37:46.193-03:00La insignia (o "El 99º aniversario")<div style="text-align: justify;"><span style="font-weight: bold; font-style: italic;font-family:arial;font-size:85%;" >"Al cabo de un largo monólogo, el Míster Peregrino Fernández recordó sin pizca de arrepentimiento que más de una vez había puesto doce jugadores en la cancha sin que nadie se diera cuenta."<br />[Osvaldo Soriano: 'Nostalgias', en "Piratas, fantasmas y dinosaurios", Grupo Editorial Norma; Bogotá-Buenos Aires, 1996; página 263.]</span></div><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_yB0-tpTqqg8/RngCrV3hvTI/AAAAAAAAAAw/X9pLf4CBIE4/s1600-h/gasometro1.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_yB0-tpTqqg8/RngCrV3hvTI/AAAAAAAAAAw/X9pLf4CBIE4/s320/gasometro1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5077811523487907122" border="0" /></a><br /><br /><div style="text-align: justify;">Se juega un partido de fútbol. Hay valores y honores en riesgo: la identificación con una identidad colectiva, el esfuerzo por amor al juego mismo, el respeto a los compañeros, la dignidad personal. Y la vida privada del futbolista y del hincha. Se defienden, como en el arte, una praxis, una ética y una estética, y cada escuadra debe saber exactamente a qué juega, y comprender, aunque no comparta sus principios, a qué juega el rival, y por qué. El deporte de equipo concebido de esa manera enseña a enfrentarse con otras mentalidades, a 'poner huevos' (en argentino básico: 'superar el miedo a tomar riesgos'), y a perder. También, a compartir los triunfos y hacerse responsable de aquellas derrotas que no resulten ser causadas por la simple y sana superioridad del circunstancial adversario, en cuyo caso se tratará de asimilar la enseñanza para jugar mejor.<br /><br />Permanentemente se está, según sean las alternativas del juego, entre el cielo y el infierno, y se depende no sólo del esfuerzo inteligente sino -además- del azar: se ganan y empatan partidos que se pudieron haber perdido, y se cae derrotado o se hace tablas en aquellos que el '<em>mereciómetro</em>', artificio de mensura no contemplado por el Reglamento de la FIFA, indica que se ha sido netamente superior al rival. Por eso, los grandes deportistas, como los grandes tahúres, siempre son tipos que saben por qué están jugando, y apuestan a los plazos largos de la sabiduría oportunista y del esfuerzo entusiasta, aunque para llegar a ganar cuando menos se lo esperan antes tengan que perder mil veces las ilusiones propias y ajenas por el camino.<br /><br />Supongo que soy de San Lorenzo porque desde muy chico me llevaba bien con lecturas y dibujos animados sobre piratas y superhéroes bizarros que hacían suyas todas las empresas posibles pero altamente improbables, y encima, cada tanto, ganaban. No es absurdo, por lo tanto, confundir al lateral derecho de nuestro equipo favorito con el Súper Agente 86, con Sandokan o con Philip Marlowe. ¿Por qué no? En el mundillo de causas perdidas, cada feligrés tiene su Iglesia; ser del Ciclón es la mía. Era un acto de fe el solo hecho de ir a ver un partido en esa gradería de dobles tablones desvencijados cuya capacidad andaría por los cincuenta mil espectadores, torres de iluminación modelo 1937 y mástil dentro del terreno de juego, una platea perimetral en forma de C (desde la que no se veía un carajo, pero estaba siempre llena), y anchos pasillos de baldosas dibujadas multicolores, típicas de las primeras décadas del siglo XX, acaso puestas en 1914 o poco después, con los puestos de panchos y pizza de cancha encima, junto a los alambres de la platea antedicha. Una porquería sublime, viera usted. De ese primer alambre, el del lado de adentro, el que daba a los pasillos, ataban en la cabecera local los de la barra un extremo de las banderas, que subían hasta el cielo de Boedo para sujetarse por la otra punta en los parapetos de la cabecera, rematando ese paisaje kitsch.<br /><br />Uno pasaba bajo las tiras de tela azulgrana, tras sortear a los controles en los molinetes, volvía la cara y tomaba rumbo a su sitio preferido: en esa popular local, dando espaldas a la Avenida La Plata, había ubicaciones tradicionales según el temperamento y la audacia de cada cual. Así, el codo que conectaba con la platea "Bodas de Oro", comenzando un lateral más bajito que las otras tres tribunas, de espaldas a la sede del club, que todavía está, era ocupado por gente impetuosa y gritona, con mayoría de socios de cancha menores de cuarenta años de edad. Inmediatamente al lado de los bullangueros insultadores, la pesada, reja de por medio, cara de pocos amigos, y bandera larga por encima. Junto a esta, otro sector de gente 'under 40', y desde el otro codo, más alto, que completaba la popu hasta conectar con la oficial (ésta era algo así como la actual Norte del Bidegaín, pero menos poblada de asociados amargos) se situaban los niños con sus padres, tíos o abuelos más tranquis mezclados con vejestorios quejosos que pretendían que delanteros de dieciocho años con tres partidos en primera jugaran como ellos juraban lo habían hecho Lángara, Pontoni o Picot. Una vez, con un impresionante disparo de media cancha lanzado desde las cercanías de la línea de toque, a la altura del mástil hacia el arco de Avenida La Plata, el Negro Chazarreta empató el superclásico contra la no-entidad del aerostato, del inefable tovarich Menotti, del presidente de AFA Dr. Bracuto y por supuesto del referí temeroso del quemero plenipotenciario presidente de AFA, y que por eso, sin duda, nos había anulado dos tantos legítimos. Esa tarde, uno de estos fastidiosos ancianos tuvo el honor de morirse de un infarto ipso facto, mientras ese golazo evitaba la victoria artificial de la Sociedad de Fomento de Parque de los Patricios.<br /><br />El ingenio popular sanlorencista debe en realidad muy poco a los "barras" del Ciclón, que casi nunca han cumplido con las prestaciones esenciales del matón de estadio. Muchas veces los pesuquis llegaban tarde, o se dejaban afanar las banderas, o no las traían, y -lo que es peor- no gritaban. Así que para motivarlos y recordarles su deber como orfeón estímulo de los anfitriones, empezaba el codo bajo con los cantitos, el contagio por el resto de la popu se producía, y cuando veían que eran los únicos pajarones que se quedaban afuera, entonces arrancaban ellos también. Otros tiempos. Hoy, tomando las precauciones del caso, les recomendaríamos cambiar de 'dealer'.<br /><br />Cualquier gol hacía temblar el obsoleto estadio de hierro y madera, que parecía se iba a derrumbar. Si había varias conquistas, uno se cagaba encima de miedo y se agarraba más fuerte al paraavalanchas. Recuerdo especialmente un partido contra el ex Racing de Avellaneda, obviamente con el Gasómetro lleno hasta lo imposible, en que el resultado cambió tres veces de mano, la última en el minuto noventa, y temí acabar entre las chapas de las instalaciones que estaban debajo de los tablones. Nunca comprendí cómo la vieja catedral resistió más de sesenta años, dos veces la vida útil de cualquier estadio de esas características. Ni por qué San Lorenzo no construyó otro, allí o en otro sitio, mucho antes de la catástrofe social y deportiva de principios de los ochenta.<br /><br />Capítulo aparte merecían las de la platea de socias, una de ellas siempre con una camisa azulgrana que llevaba estampado o cosido el número seis u ocho. Damas ricas en hidratos de carbono que puteaban sistemáticamente a todos los rivales indeseables: "¡Morite, Bobington!"; "¡Si serás amargo, Alonso!" Etcetera. A veces, las agresiones de palabra del selecto público femenino, que años antes idolatrara a Doval y al Bambino, las ligaba alguno de los nuestros, por torpe o por calesitero, o porque sí nomás, y el tablón en pleno se sumaba al reproche. Kadijevich, Sconfianza o el Japonés Tojo figuraron, a principios de los setenta, entre los más insultados por el pequeño grupo de treinta mil o cuarenta mil inadaptados cuervos que se daban cita a tal efecto en el venerable recinto. También Figueroa, hasta que la empezó a embocar seguido (su mejor cliente fue River, en campeonatos locales y en la Libertadores), y Scotta, que recién zafó cuando dejó en paz a la estratosfera, y le entró a acertar al arco de Avenida La Plata, y -ya que estaba- al de Muñiz también.<br /><br />Los veteranos del tablón, además, guardaban memoria de los fantasmas del pasado azulgrana, para apresurarse a repelerlos si volvían a tener la mala idea de reaparecer por nuestro lujoso coliseo. Así, el referido Gringo Scotta fue visto, hasta el Nacional de 1974, como un peligro para nuestra salud deportiva, pues traía el infausto recuerdo (decían mis mayores) de gente incapaz de tirar correctamente un centro, pecado del que acusaban a los extremos derechos Facundo y Carotti, delanteros y goleadores a quienes jamás vi jugar.<br /><br />De niño y adolescente, época de la vida en que estamos más predispuestos a creer las mentiras de nuestro círculo de relaciones, nadie me avisó que esos cuatro campeonatos (dos de ellos invictos) en siete años, no eran algo normal para nosotros ni para nadie, como que yo era un sanlorencista afortunado, y a diferencia de mis antepasados, que debían conformarse con algún ocasional relumbrón santo, me había tocado la mejor etapa de la historia futbolística cuerva. Llegué justo a tiempo para ver cómo los nuestros empezaban a ganar campeonatos, y a hacerlo seguido, como los grandes 'caballos del comisario' de nuestro fútbol, que ni falta hace decir quiénes son.<br /><br />No hay posibilidades de explicar lo que yo sentía, por sólo citar ejemplos, cuando Irusta salía del arco a descolgar un centro o el Gordo D'Alessandro alternaba atajadas espectaculares con tonterías increíbles como un 'carring' que le cobraron en cancha de Banfield, en el '72; cuando Ortiz, Veglio o Beltrán desparramaban rivales por las inmediaciones del área, cuando Telch robaba cada pelota que pasaba por el mediocampo. O cuando el Sapo Villar (mi ídolo) salía del fondo tirándole caños a los delanteros o se fabricaba foules haciéndose una zancadilla a sí mismo en una pelota dividida para cortar mañosamente una corrida del wing, y todos protestábamos indignados por la violentísima acción del ingenuo delantero de la visita. Lo mismo, si Glaría o Espósito operaban a su víctima de los meniscos sin cobrarle nada por el servicio, si García Ameijenda la metía de tiro libre, o Cacho Heredia la embocaba de penal. O en cada oportunidad que Cocco, el Gallego Rosl, Rezza o Piris ganaban de arriba y cabeceaban todos los centros en el área rival, cuando el Lobo Fischer araba la cancha. O aquellas ocasiones en que Pedro González, o el auténtico Ratón Ayala -con cabeza gacha- o el Gringo Scotta -con pecho inflado- se iban como locomotoras rumbo al gol. NADIE DESPUÉS JUGÓ COMO LO HACÍAN ESOS TIPOS. NUNCA. No importaba quiénes los dirigieran: siempre parecían jugar como correspondía a un cuervo, porque el hincha, que es demasiado torpe o cagón, o demasiado viejo, lo único que espera del futbolista, trátese de un especialista en lujos como Silas o un guerrero como Michelini, es que el tipo juegue por él. El lema es siempre el mismo, desde 1908: "<span style="font-weight: bold;">Los Forzosos de Almagro desafían</span>".<br /><br /><span style="font-weight: bold;">Siempre se juega por la camiseta</span>. Siempre, en la óptica del hincha, se juega <strong>por el juego mismo</strong>, como cuando éramos pibes. Y se equivocan fiero los profesionales del asunto que, creyéndose vivos o pragmáticos, dan prioridad a los morlacos por sobre los logros deportivos: cuando sean muy pero muy viejitos, acaso el único consuelo que les quede no sea la extremaunción ni el recuerdo de sus seres queridos, sino el eco del lejano aplauso de la tribuna de algún club que quizás no les pagaba puntualmente el sueldo, del que acaso nunca fueron simpatizantes durante más de noventa minutos. Sé que algunos futbolistas y entrenadores "de importación" se descubrieron, sorprendidos, las franjas de colores "azul y rojo (grana)", según norma el artículo 2 de los Estatutos, cruzándoles el alma como si ellos también fueran oriundos de Treinta y Tres Orientales y México. Sé, también, que los que no pudieron volver tampoco pudieron borrarlas. Es que... les voy a contar un secreto: <span style="font-weight: bold;">los que andan bien son siempre los mismos, desde que nació el club; se trata de un puñado de almas selectas que transmigran de un cuerpo a otro, de generación en generación. Y saben que San Lorenzo no se rinde.</span><br /><br />Para finalizar, dos apuntes. El primero, una mención a los cinco mejores jugadores visitantes que vi pisar aquella cancha gloriosa: <em>Mario Zanabria</em>, de Newell's; <em>Enzo Ferrero</em>, de Boca Juniors (el delantero más espectacular que vi en mi vida); el maestro <em>Ricardo Bochini</em>, de Independiente; y dos grandes de la infame Sociedad de Fomento, <em>Miguel Ángel Brindisi</em> y el demente <em>René Houseman</em>. El segundo apunte es el siguiente poema, o lo que fuere, de <strong>Sergio Levinsky</strong>, escrito en Barcelona, en Enero de 1999...<p></p><br /><br /><a href="http://2.bp.blogspot.com/_yB0-tpTqqg8/RdsGBax7qWI/AAAAAAAAAAM/k3iWBUSR9xA/s1600-h/Cuervo.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5033623629955049826" style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center;" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_yB0-tpTqqg8/RdsGBax7qWI/AAAAAAAAAAM/k3iWBUSR9xA/s320/Cuervo.jpg" border="0" /></a><br /><br /><div align="justify"><strong><span style="color: rgb(204, 0, 0);">C </span><span style="color: rgb(0, 0, 153);"><span style="color: rgb(0, 0, 153);">A</span> </span><span style="color: rgb(204, 0, 0);">S </span><span style="color: rgb(0, 0, 153);">L </span><span style="color: rgb(204, 0, 0);">A</span></strong><br /><br /><em>Aquel círculo blanco a la altura del corazón<br />no era un garabato más,<br />ni una mancha que la fregona incansable<br />con los colores azulgrana en el alma<br />y en la convivencia diaria,<br />acaso desdentada y casi inmóvil, no pudo quitar.<br /><br />No.<br /><br />Aquellas letras cosidas seguramente a mano,<br />con horas de amor y abstracciones,<br />representaron una época gloriosa,<br />en la que defendíamos lo nuestro porque sí,<br />porque era nuestro<br />y jugábamos (jugaban) también por lo nuestro.<br /><br />Por eso, muchas de esas desvencijadas camisas<br />con colores pintados en forma vertical<br />(u horizontal, ¡qué más da!),<br />aquellos botones cosidos por aquella viejita,<br />representaron momentos en los que<br />pintábamos el cielo gris desde los tablones de madera,<br />pero nuestros, con los colores de la imaginación,<br />"los nuestros".<br /><br />Aquellos once, alambrado de por medio,<br />eran los nuestros, nos representaban y se jugaban<br />por lo que nosotros quisiéramos que se jugaran.<br /><br />Y entonces fue "El Ciclón", y fueron "Los Matadores",<br />aquellos que vi de la mano de mi padre<br />preguntándole, inocente, qué significa<br />"el gol del honor", aquel con el que los pobres<br />se contentaban de hacer para no quedar zapateros.<br /><br />El gol del honor....<br /><br />Tiempos en que el honor existía<br />aunque más no fuera para no perder sin marcar.<br />¡No salir del campo sin marcar!<br />Era un deshonor hace ya tanto tiempo,<br />cuando el CASLA ocupaba el lugar del sentimiento,<br />la viejita lo cosía a la altura del corazón<br />y era lo único que obstruía<br />aquellos colores azulgranas.<br /><br />Parece que hubiera pasado un siglo<br />y sólo son algunas décadas que van<br />plateando nuestras sienes<br />y nos van mostrando el paso del tiempo.<br /><br />Hoy no hay Gasómetro, ni viejita,<br />ni camisa con botones,<br />nadie sabe qué es el gol del honor<br />y el CASLA dejó su lugar a publicidades<br />que pocos entienden,<br />menos aún los que gritaban los mismos<br />goles que los que los marcaban,<br />y padecían lo mismo que aquellos que los sufrían.<br /><br />El CASLA era nada menos que el<br />Club Atlético San Lorenzo de Almagro.<br />Hoy aquel azulgrana puede ser bordeaux,<br />rojo o cualquier tonalidad de azul,<br />que las cámaras puedan tomar.<br /><br />Y el CASLA, aquella ridícula inscripción,<br />dio lugar a la ultramoderna propaganda que también<br />pasará al olvido, cuando otra ponga más dinero.<br />Y cuando ya se cansen de ofertar, cuando quede<br />todo podrido y el último apague la luz,<br />la viejita volverá para cerrar bien la puerta<br />y en sus manos traerá una inscripción<br />para colocar en las desvencijadas y empobrecidas<br />camisetas clase-media de Boedo.<br /><br />Colocará aquel CASLA con el que San Lorenzo creció<br />y se hizo de una identidad.<br />Acaso allí muchos se den cuenta del tiempo perdido.</em></div></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-4319001486760703480?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com14tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-17772372124240858322007-05-03T00:40:00.000-03:002007-05-07T14:35:53.469-03:00Fragmento de pesadilla<p align="justify">Hace unas semanas, aprovechando unos días libres, anduve navegando portales de Internet muy diferentes de los que suelo frecuentar. Me hice un paseo por bitácoras de eminentes periodistas, escritores y catedráticos universitarios. Los leí, y dejé algunos respetuosos comentarios apostillando educadamente sus magistrales intervenciones.<br /><br />Constaté durante esta aventura de curioso paseante que hay numerosos "intelectuales" argentinos de más de treinta y menos de sesenta que no se enteraron todavía de que la provocación surrealista y el 'happening' pasaron de moda hace mucho, ni de que matar gente en nombre de una idea política, no importa cuál, no es defender esa idea sino simplemente ejecutar el encuadre subjetivo dentro de alguno de los delitos comunes cuya acción tipificante consiste en matar gente, ni de que, si uno eligió ser miembro fundador del Partido Nazi alemán y se quedó adentro con uniforme de la Wehrmacht hasta 1945, o si fue especialista en infiltrar desde la recontraizquierda partidos de sonrosados y laboriosos burgueses apacibles para reventarlos haciendo que quedasen definitiva e irreconciliablemente peleados entre sí, luego no puede convertirse repentinamente en un vegetariano filósofo anarquista o un ascético anacoreta de la Tebaida, salvo demencia sobreviniente o fariseísmo congénito. Y que tener un familiar, amigo o vecino de esas características es cosa que debe preocuparnos. Y que si apelamos a lo mejor de tales individuos, como puede ser su buena redacción o su conocimiento en alguna materia, nunca hemos de perder de vista dónde estaban cuando la libertad y la paz los necesitaban en otra parte. <i>Olvidar lo malo</i>, decía el Gaucho Martín Fierro, <i>también es tener memoria</i>. También, ciertamente: <b>también</b>.<br /><br />Y así, en ese universo paralelo surcado por algunos de nuestros más prestigiosos intelectuales (imagino lo que quedará entonces para el mundo de los más brutos de nuestra castigada tierra), aunque respetuosos comentaristas del montón tratemos de hacer volver la mirada de los 'intelectuales UBA' a las necesidades más evidentes del pensamiento crítico, como por ejemplo la prospección del jardín del filósofo supuestamente ácrata o los alrededores de la choza del tenido por impoluto anacoreta en busca del Panzerfaust o el puñal envenenado que intuimos estos simpáticos hombres de acción retirados de la lucha conservarán primorosamente escondidos y listos para su inmediato uso so pretexto de "mostrárselos a sus nietos", nada, viejo: igual continuarán nuestros sabios tercamente encapsulados, orgullosos de su genialidad y modernidad, muy despreciativos ellos de las actividades emanadas del modesto raciocinio y entusiasta eros del ciudadano o ciudadana común, que no responde a los tipos humanos ideales que han elaborado en sus estupendos gabinetes swiftianos sino a las necesidades concretas del día a día.<br /><br />Bueno: había escrito un post -largo, por supuesto- sobre todo esto que vengo relatando, intitulado <i>"Pelotudos sin fronteras"</i>. Una invitación a sumarse a una más entre tantas ONG internacionales. Iba a crear el blog apócrifo de "PSF" y a cursar, vía enlaces en comentarios, las pertinentes invitaciones a destacados astros y estrellas -y, por qué no, también nubes, cometas y satélites espías- del presente firmamento intelectual de la Nación. Si desistí, al cabo, fue porque sería una manera de hacerse como ellos: la ONG de marras, aunque no se haya tomado registro de su constitución en la Inspección General de Justicia o en algún Juzgado competente de provincias, está fundada de hecho. Por eso, porque hay más amargados y delirantes con diploma y fama que pensadores serios acercándose a "lo que pasa en la calle", hay más personas que se aburren de la vida a temprana edad.<br /><br />Casi nadie trabaja en estos tiempos para enlazar la ingenuidad silvestre del niño o el adolescente con la cultura más elaborada de las sociedades donde les tocó nacer. Pensaba, mientras leía a esa gilada rutilante, en la suerte que hemos tenido los que nos formamos en hogares de gente un poco más ignorante, o suficientemente instruida pero sin más pretensión que la de estar de vez en cuando, como por casualidad, a la altura de las circunstancias. Artificios intelectuales, parece, eran los de antes. Frente a esta vacuidad sustancial de los pretendidamente cultos, uno hace memoria de un graffiti hallado años atrás en una estación de trenes del noroeste del Gran Buenos Aires: <i>"Yo no corro ni te engaño: fumo porro y meto caño"</i>, advertía su autor. Debemos reconocer que, hoy por hoy, los chorros y cuantos la van de marginales suelen tener más inteligencia e imaginación. Acaso por tan desgraciada circunstancia sea que nuestra sociedad ha vuelto a ponerse violenta, mucho más que por las hambrunas, desidias e injusticias: el cerebro y la sensibilidad trabajando en el vacío, o en circunstancias no deseadas, son temibles. <i>El sueño de la razón engendra monstruos</i>, según Pancho Goya, como íbamos perorando en <a href="http://intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com/2006/05/del-caos-el-cosmos-el-sueo-de-la-razn.html">este añejo post</a>.<br /><br />En definitiva, he ratificado mi convicción de que uno es lector de ciertos blogs sí y de otros no, y que, así como hay quienes saben decir brevemente lo que a nosotros nos lleva párrafos faulknerianos, otras personas son capaces de escribir de manera constante e ilimitada hasta superar cualquier cantidad de texto concebible, sin que se les pueda descubrir sentido alguno, pero cansándonos: el infinito da vértigo, y una de sus manifestaciones puede ser una interminable sucesión de palabras. Según la versión coloquial del consejo del maléfico Georgie, <i>"lo que no es para vos, no es para vos"</i>. Así que mejor guardarse de tan inconmensurables ingenios y disfrutar de nuestras lecturas internáuticas habituales, por ejemplo las que pueden verse sugeridas en el margen derecho de esta majestuosa bitácora, dejando a los miembros de mi imaginaria ONG impúdicamente de cara al sol, con calzoncillos nuevos y el culo al aire, en su pasmosa brillantez.<br /><br />Prescindiré de enlazar las correspondientes URL: es pornográfica la exhibición de supuestamente respetables mentes criollas compartiendo bits con payasos de los más berretas, gente que dice tener 'la posta' para leer la realidad política o científica o filosófica, pero no sería capaz de inventar un argumento potable para un cuento verde o para conseguir, ardid mediante, un comodato definitivo <b>;-)</b> de cosa mueble fungible susceptible de apreciación pecuniaria en caso de no tener para los fideos. El pensador del graffiti y los rufianes de sainete han estado gnoseológicamente más profundos en su brutalidad esencial que varios eruditos politólogos y sociólogos que he podido leer en esta Red de Redes.<br /><br />No es casualidad que haya tantos seres humanos aburridos, indolentes y agresivos, supongo. Desistí de delirar y divertirme públicamente con "PSF" y su apócrifo blog a costa de esas destacadas personalidades. <i>"Pero alguien, alguna vez, lo hará"</i>, como dicen unos sainetescos personajes setentistas del escritor menor Osvaldo Soriano en el final de una de sus novelas, mientras dejan flotando la promesa de inciertos apocalipsis y sombrías revoluciones.<br /><br />Yo no creo en los psicópatas argentinos, pero que los hay, los hay. A montones. El deber de una persona con dos dedos de frente, hoy, en estos pagos, es ir por la vida muy pero muy preocupado con su destino, debiendo compartirlo con tantos sabios recientemente escapados del entorno de Jekyll, Mabuse y Viktor Frankenstein.<br /><br />Saludo a ustedes con distinguida consideración.</p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-1777237212424085832?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com10tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-86144417405987339932007-02-28T00:43:00.000-03:002007-05-04T17:44:13.621-03:00Selecciones literarias argentinas del Anti-Reader's Digest<div align="justify">Estamos padeciendo un cierto decaimiento de la calidad del lenguaje popular, que antes era picaresco y con oportunos toques de <i>argot</i>, pero de un tiempo a esta parte se aproxima de modo preocupante a los modos y sonidos del hampa y las personas con disfunciones intelectuales.<br /><br />Pasar hambre, soportar tensiones cotidianas varias y vicisitudes hijas de la ineficacia de los regímenes políticos no es gratis pa' la salud, parece. Y leer o escuchar a determinados <em>'comunicadores sociales'</em> (los otrora denominados simple y sanamente 'locutores' y 'periodistas') tampoco: bien decía hace muchos años el finado hombre de prensa cordobés Dante Panzeri, hincha de Estudiantes de La Plata y de Bochini, odiado en vida por sus mismos colegas que hoy lo santifican, que su profesión era, para bien o para mal, el primer preceptor del ciudadano en el camino de la vida. Se habla o se opina orientado por empresas de prensa gráfica, radio o televisión. Casi invariablemente, mal orientado.<br /><br />Según dichos de otro pincharratas notorio, el escritor Ernesto Sábato, la de Académico (o, en su caso, la de crítico profesional) y la de Subcomisario son vocaciones que suelen nacer a la vez en la misma persona, que duda un tiempo acerca de cuál de ellas es la que debe seguir, y finalmente se decide por las dos, o algo así... quizás esto me lo esté inventando. Pero juraría que si buscamos en "<em>El escritor y sus fantasmas</em>" podremos leer algo parecido. Esta humorada del científico-novelista de Rojas alude a la pretensión de encauzar el pensamiento, el gusto y el consumo de la gente que comparte nuestros aglutinantes culturales dentro de algún sistema ideológico-político, pero no a través del sano proselitismo hijo del comercio de las ideas sino a partir de la admisión acrítica de la bondad de una ortodoxia (o, en su caso, una presunta heterodoxia) que se mide necesariamente por el largo, grosor y dureza del pene de su emisor como presunción <em>iuris et de iure</em>. La amenaza es, como en el "Estanciero", la tarjeta de "marche preso directamente". Salir de ese círculo dantesco de los réprobos termina siendo más difícil que sobornar al cabo de guardia. Con lo que Sábato acaba por tener razón ;-).<br /><br />En la República meramente Argentina hay regiones culturales en las que se hablan castellanos radicalmente distintos, con vocabulario, sintaxis y tonada propias, y mezcla o coexistencia con otros idiomas. A la hora de escribir, lo hacemos combinando el lenguaje de nuestra región de origen con los demás en la medida en que nos han influido la lectura, la conversación, la convivencia con gente de otras zonas (tenemos buen elemento femenino en todas ellas, así que yo aprovecho las relaciones públicas para incrementar mi repertorio lingüístico). Perfectamente puede narrarse el mundo según las mentalidades argentinas, apelando al lenguaje de los diversos grados de la elaboración cultural de nuestra tierra. A veces, la influencia externa es benéfica, pero en no pocas ocasiones, una vez cuajado cierto estado de madurez del intelecto expresado en letras y palabras, establecidos ciertos códigos colectivos dentro de una comunidad, enrolarse en las maneras de otras sociedades humanas, hijas de una diferente historia, puede resultar incompatible con el establecimiento de una identidad entre unos emisores de discurso, escritores u oradores, que intentan comunicarse con otros receptores, lectores u oyentes. Esa situación mengua considerablemente la eficacia del lenguaje, por más que haya quienes se crean en el deber de aplaudir la extravagancia o la transgresión por sí mismas.<br /><br />Los idiomas se crearon para comunicarse entre semejantes, no para negarse a compartir información con los inferiores, aunque seres superiores o que se creen tales nos tropecemos cada tanto, bajo la forma de periodistas, escritores y críticos (no hablemos ya de los boludos diplomados con y sin bitácora que pueden encontrarse por docenas aquí en Internet). La creencia en que la literatura y el arte en general son nada más que un juego, o principalmente un juego, se entrelaza con la grosería imperante hoy en lo cotidiano como degradación de la otrora espléndida cultura popular propia, hasta amalgamarse en un sinfin de vulgaridades en que coexisten lo peor que puede dar a sus semejantes el ser humano con la sobrevaluación de lo más flojo que han producido algunas eminencias de la cultura, a quienes personas facultadas por el azar histórico para servirse de medios masivos y masificantes de comunicación conocen apenas superficialmente y como íconos aptos para la propia exhibición ante el público. La repetición multitudinaria de una falsedad es, por efecto de la impresión que causan la cantidad y el adormecimiento del sentido crítico propio y ajeno, de una gran apariencia de veracidad. Pero sólo apariencia.<br /><br />Ocultos en rincones de la biblioteca de uno cualquiera de los grandes autores criollos supersticiosos del eurocentrismo, por ejemplo don Julio Cortázar, cuya buena literatura solían estropear con su mala influencia, acechan escritores poco amantes de ir a los bifes: los Robe-Grillet, Queneau & Co. continúan, cada vez que acudimos a sus textos, masturbándose satisfechos en su cuarto de baño o jugando inofensivamente con las palabritas, en tanto que Sade y demás ordinarios de frenopático andan espiando tocadores femeninos y revolviendo letrinas y cementerios. Pero, en la misma estantería consultada de a ratos por ese lector que es también uno de nuestros escritores favoritos, los Camus, Malraux y otros, siguiendo a su manera la senda de Hugo, Baudelaire o Schwob, muestran cómo hacían la literatura francesa moderna, y los clásicos venerables del tiempo de los Luises, el Renacimiento y hasta Villon flotan sobre todos ellos como omnipresentes espectros. Para ambos bandos juegan Guillaume Apollinaire, y también el otro héroe de 1914, luego novelista insomne y proctólogo de nazis, más tarde 'vergüenza nacional', esto es, chivo expiatorio, Mr. Celine, y el tovarich Sartre. Si nos refiriéramos a otras literaturas extranjeras y su influjo en nuestros autores, descubriríamos un fenómeno parecido. Pero para tomar conciencia de ello deberíamos <b>leer</b>. A los nuestros y a los otros. Con nuestros ojos. Leer textos íntegros, no solapas. Formar la propia opinión, y no remitirnos a la que se nos impone.<br /><br />El primer texto que acaso leerán, tomado de los anaqueles de la Gran Churrasquería Criolla "A los bifes", es fruto de la pluma finísima de un mendocino. Y parte de una novela defectuosamente resuelta: según mi personalísimo mal gusto, el autor pagó tributo en el desenlace de su atractiva narración a ciertas cuotas suyas de sadismo y amargura esencial. El segundo es un fragmento de un excelente cuentista hijo de un cantor de sinagoga, muerto allá por 1971 en la gloriosa Mar del Plata Atlantic City, asfixiado con gas, en un tipo de accidente que aun hoy, con lo caros que están el suministro de fluido, sea por cañería o por garrafa, y las pompas fúnebres, se lleva cada año a unos cuantos poco cuidadosos habitantes de la República y deja vivos pero intoxicados durante meses a otros muchos desaprensivos más afortunados.<br /><br />Los copio porque, sin referencias alienígenas, tratan del tiempo, la distancia y la verdadera dimensión de seres, patrias y cosas. Y porque, me temo, sus autores están entre los muchos que hoy son poco tenidos en cuenta por nuestros intelectuales especializados, acostumbrados a zafar ante las nuevas generaciones con citas de segunda mano del maestro Borges o de Gombrowicz, señoras y señores sumamente descuidados de lo que pasó ayer o está ocurriendo ahora mismo en la calle donde viven, pero muy atentos a <em>los eventos consuetudinarios que acaecen en la rúa</em>, tales las novedades literarias ocurridas durante la última fiesta rave celebrada en el archipiélago hispanoalemán de las Islas Baleares (gran prosa la oratoria de discoteca de DJ Paco, el tan fumado animador musical, desde su cabina) o los campos de cultivo de opio inglés sitos en el Afganistán democrático liberado de los taliban (notable poesía en las letras de los cantos de trabajo de la mano de obra nativa, casi como el 'Go Down Moses': apuesto a que Martin Amis o Houllebecq de eso no se atreverían a escribir).<br /><br />En estos tiempos de talleres literarios dados por amargos y chantas que pretenden desanimar en plan patotero a sus víctimas y disociar historia, ética y arte, bueno es repasar el ejemplo de la obra de señores como estos dos fallecidos ciudadanos argentinos que hoy el Anti-Reader's Digest ha seleccionado para solaz y confortación de Vuesas Mercedes. Uno, al fin y al cabo, es, antes que nada, lo que se ha propuesto que lo dejen ser. Como en el fútbol, lo cortés no quita lo valiente: ciencia y sudor, sutileza y huevos. Somos mayores de edad cuando aceptamos ser lo que queremos y podemos, y nos hacemos cargo, descartando el destino que nos imponen otros, diga lo que diga el artículo 126 del Código Civil con su pretensiosa acotación cronológica. Ahí me tienen a mí, con casi cuarenta y cuatro y todavía menor de edad...<br /><br />Lo importante no es llegar, sino que muchos lo hagan. Que la mayor cantidad de cuantos se acerquen a un texto lo comprenda y haga propio en alguna medida, lo más aproximada posible a la utilizada por quien lo compuso y publicó. Si a veces, siquiera al redactar un correo electrónico, parecemos estar más cerca de esa meta - supuesto el caso que fuera necesaria - será porque antes existieron quienes no tuvieron dudas acerca de sacar fuerzas de donde aparentemente no las había para rehacer lo que descubrieron que estaba mal hecho y a su alcance mejorar. Y porque los leímos. Y, según parece, porque ni siquiera los dioses creadores, según la concepción argentina de la omnipotencia, estarían libres de su cotidiana u ocasional cuota de imprevisión o desánimo. Lean, lean:<br /><br /><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:courier new;"><span style="color:#990000;">"Me remontaba a la idea de un dios creador. Un espíritu que no hacía pie en nada, capaz de establecer las leyes del equilibrio, la gravedad y el movimiento. Pero su universo era una rotación de bolillas, mayores o menores, opacas o luminosas, en un espacio preciso, como recortado por el alcance de una mirada, en el cual el sonido resultaba inconcebible.<br />Entonces, por mis necesidades, del dios creador tomaba la figura de un hombre, que no podía ser verdaderamente un hombre, porque era un dios, ajeno y remoto. Un anciano de melena y barbas blancas, sentado en una roca, que contemplaba con cansancio el universo mudo.<br />Sus cabellos eran de siempre blancos. Había nacido anciano y no podía morir. Su soledad era atroz. Aciaga.<br />Como un dios no puede crear dioses, pensó crear al hombre, para que éste los creara.<br />Creó entonces la vida. Pero antes de crear al hombre, hizo las culebras, los gérmenes de la peste y las moscas, dio fuego a los volcanes y removió el agua de los mares. Precisaba extirpar el tormento y una cierta cólera que la soledad había puesto en su corazón.<br />Después realizó una obra de amor: el hombre, y lo rodeó de bienes.<br />Pero el dios fracasó, porque el hombre creó multitud de dioses que no miraban bien al primero y no sólo se repartieron el universo, sino que algunos de ellos impusieron hegemonías. El mayor fracaso del dios consistió en que podía ver al hombre, pero el hombre no podía verlo a él, no podía devolverle ninguna de sus miradas enternecidas de padre.<br />El dios quedó solo e irritado. Dejó que los frutos del bien se multiplicaran por sí mismos o por obra del hombre; más no eliminó los males y desde entonces, para manifestar su presencia, se complacía en agitarlos, ora aquí, ora allá. Otros dioses advenedizos le ayudaban..." <strong><em>[Antonio Di Benedetto: "Zama", segunda parte, Año 1794; Clarín, Biblioteca Argentina, Serie Clásicos - Cases i Asociats S.A., Barcelona - Buenos Aires, 2001; p.95]</em></strong></span><br /><br /><span style="color:#663366;">"...Y entonces ahora se iba, por primera vez descubrió la exacta medida de su tierra, que no había visto nunca, más que como telón engañoso del pueblo y que ahora empezaba a aceptar. 'Es como si en el pueblo todo estuviera mal hecho', pensó, 'de raíz'. Pensó en Manuel que siempre hablaba de Sarmiento y de civilización y barbarie y decía que era el único hombre civilizado de la región, bárbara a su modo, en su inercia y en su muerte lenta. Luis pensaba que en el fondo Manuel deliraba como pasaba con todos los doctores del pueblo y del país que pretendían imponerse a la realidad de antemano, con fórmulas importadas, y que era bastante bárbaro y ciego pasarse el día leyendo en francés y tocando solamente Bach, allí donde el mismo Manuel decía que había cien mil cosas que necesitaban ser dichas y hechas y que esperaban ser arrancadas al silencio"..."...'Hay que hacerlo todo de nuevo', pensó. 'Pero no sé si tengo fuerzas para eso'..." <strong><em>[Germán Rozenmacher: "Raíces", largo cuento o novela corta inserto en "Cabecita negra"; "Cuentos completos", Centro Editor de América Latina, Narradores de hoy, Buenos Aires, 1971; p. 62-63]</em></strong></span></span></span> </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-8614441740598733993?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com5tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-49445643891690065122007-02-23T11:59:00.000-03:002007-02-23T18:30:21.660-03:00Apuntes del natural<div align="justify"><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><strong>"Pensándolo después -en la calle, en un tren, cruzando campos- todo eso hubiera parecido absurdo, pero un teatro no es más que un pacto con el absurdo, su ejercicio eficaz y lujoso." <em>[Julio Cortázar: "Instrucciones para John Howell", en 'Todos los fuegos el fuego'; Buenos Aires, Sudamericana, 1968, página 129.]</em></strong></span><em></em></div><br /><br /><div align="justify"></div><div align="justify">Ese característico piso de pino, de tablones largos, asentados sobre tirantillos, ocultando la cámara de aire de unos quince a treinta centímetros de altura. Suelo clásico de interiores en cualquier edificio urbano de fines del siglo XIX o principios del XX. El mismo de las habitaciones del viejo departamento de su abuela, construido hacia 1884 y fuera del patrimonio familiar desde una treintena de años. Bueno, lo de incluirlo en el patrimonio familiar es un acto muy generoso. Yo hablaría de 'historia familiar', que es más exacto, pero nuestro hombre postulaba que el ininterrumpido carácter de inquilinos, sostenido desde 1933 hasta 1974, debería considerarse integración del inmueble ajeno a la propia universalidad familiar de bienes, por constituir su uso y goce en algo más que meras prestaciones limitadas en el tiempo de su ejercicio contractual. Otro, decía, tercero reconocido por los habitantes del inmueble como titular de dominio, gozaba los cánones locativos, cuando se acordaba de pasar a cobrarlos. Ellos, los suyos, allí hicieron su historia, entre ladrillos y aberturas legalmente ajenos, bajo altos cielorrasos elevados hasta cinco metros sobre el nivel de los pisos interiores de pino armados sobre tirantillos, y pisos exteriores y de servicios sanitarios y de cocina que también tenían personalidad. Hasta parecían atrevidas obras de arte: baldosas floreadas, con guardas de grecas y de estilizados arabescos multicolores. La luz entraba a las habitaciones, en las primeras horas de las tardes del verano, en forma de nítidos rayos polvorientos, llegados oblicuamente desde los intersticios de las persianas hasta ese significativo suelo de pino, pasando antes a través de los vidrios de las antiguas puertas con pomos de bronce, como queriendo dar la razón a aquellos físicos de antaño, más artesanos que científicos, obstinados en sostener el carácter de 'masa de corpúsculos' de la acaso materia luminosa. Uno podía llegar a sospechar, pensaba nuestro personaje, una misteriosa alianza 'art noveau' entre escayolistas de gran clase, ingenieros y sociedades de amigos de las ciencias.</div><div align="justify"><br /><br />Para el tiempo en que sucedieron los hechos que aquí nos ocupan, el tipo ya no era aquel niño, y en consecuencia había dejado de ser tan minucioso perceptor de las pequeñas alteraciones del aire, de la luz y del sonido, pero aun así se sabía en su hábitat; podía ahora -cosa que sospechaba vedada a otros mortales- perderse en el suelo de esa su oficina céntrica, alquilada también, sita no en una planta baja del barrio sur sino en propiedad horizontal sobre la galería retratada, por alusiva a uno de los cuentos de la colección, en la contratapa de la primera edición de "<em>Todos los fuegos el fuego</em>", como símil de la galería parisiense de la cubierta roja y negra, donde el rojo hacía las veces de sucedáneo del sepia fotográfico. Le era dado navegar a placer las vetas de esos tablones de pino y, siguiéndolas como embutido en un indestructible kayak del tiempo, comparecer ante los duendes de su infancia. Cada tarde. En cada sorpresa de las volutas de la memoria, reencontraba un olor, una voz, un juguete, un sueño, una caricia. Con frecuencia, llamaban a la puerta o sonaba el timbre del teléfono y se suspendía la ceremonia de saberse siempre fiel a su historia y a su gente. Entonces, se acomodaba la corbata, el peinado a lo despeinado, sonreía ligeramente, y procedía a atender con profesionales cortesía y contracción al trabajo a la convocatoria de la realidad. </div><div align="justify"><br /><br />Era -así se sentía - nuevamente el dueño del tiempo, como en aquellos años agridulces. Y de cada problema no hacía sino salir más fuerte y menos agrio. No había para él cosa más similar al afamado torrente heraclitiano que esas humildes vetas de madera centenaria afirmadas sobre invisibles tirantillos asimismo seculares, cubriendo una cámara de aire de unos quince a treinta centímetros de altura, subterránea y silenciosa memoria del misterio de los pasos humanos. Las no menos decimonónicas figuras irregulares de los diminutos mosaicos del pasillo, desordenadamente alternados formando masas azules, celestes, ocres, verdes, grises, amarillas, blancas, eran, tras la puerta de la oficina, los musgos, árboles, raíces, terrones, de la ribera. Los focos pendientes de los altos cielorrasos de tiempos idos, otras tantas luciérnagas, que, cuando el sol matutino doraba los ambientes desde las ventanas, se tornaban en pájaros antiguos, fantásticos vigías. Sus días pasaban, más o menos iguales, rápidos y tumultuosos, con ingenua inercia, casi como días de infancia.</div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"></div><div align="justify"><em><br /><br />(Improvisación de locutorio, como </em><a href="http://intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com/2005/02/diamantes-laberintos-de-la-memoria.html"><em>esta otra</em></a><em>. Que su lectura les haya sido leve.)</em></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-4944564389169006512?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-1161824414573984742006-10-26T00:25:00.000-03:002007-02-18T11:18:16.059-03:00El elefante Trompita, la Ilustración y el neurólogo acaso hippie<p align="justify"><strong><span style="font-family:arial;font-size:85%;">"Pregúntese a un científico si cree que tiene derecho a suscribir una afirmación en el campo de la ciencia tan sólo porque le guste, o porque la considere un dogma inexpugnable, o porque a él le parezca evidente o porque la encuentre conveniente. Probablemente conteste más o menos así: 'ninguno de esos presuntos criterios de verdad garantiza la objetividad, y el conocimiento objetivo es la finalidad de la investigación científica. Lo que se acepta sólo por gusto, o por autoridad, o por parecer evidente (habitual), o por conveniencia, no es sino creencia u opinión, pero no es conocimiento científico. El conocimiento científico es a veces desagradable, a menudo contradice a los clásicos (sobre todo si es nuevo), en ocasiones tortura al sentido común y humilla a la intuición; por último, puede ser conveniente para algunos y no para otros. En cambio, aquello que caracteriza al conocimiento científico es su verificabilidad: siempre es susceptible de ser verificado (confirmado o desconfirmado)'." [Mario Bunge, "¿Cuál es el método de la ciencia?", en: "La ciencia, su método y su filosofía"; Buenos Aires, Siglo Veinte, 1985, página 41]</span><br /></strong><br />El acaso lector recordará un divertido corto publicitario que emitía la televisión argentina años atrás. En él, para demostrar la pureza de su soda, una conocida marca del ramo ponía en acción a una especie de barrabrava-patovica-cadenero-levantador de pesas-peludo y mugroso-motoquero, directamente salido de la película "Easy Rider", o de un cuadro de "El club de la pelea", que se aproximaba a un sifón, se servía un vaso, tomaba un traguito, y bajo el influjo de "la pureza" del producto se largaba a cantar con voz candorosa, mirando a cámara, "El elefante Trompita", insufrible <i>hit</i> de los establecimientos preescolares de la Patria:<br /><i>"Yo tengo un elefante que se llama Trompita;<br />mueve la cabeza llamando a su mamita..."</i><br /><br />Imagino que Leopoldo Lugones, Enrique Banchs, Jorge Luis Borges, Manuel Castilla y Alejandra Pizarnik, entre otros, se estremecerán de indignación en sus incómodas tumbas ante la comprobación histórica de lo calamitoso que puede resultar para una comunidad escolar el simple hecho de abandonar un Diccionario de la Rima al alcance de cualquier autor de canciones infantiles convencido de que los seres humanos somos unos entes decididamente estúpidos. Pero no es eso lo que importa aquí.<br /><br />Si supiera dónde hallarlo, ciertamente enlazaría el 'trailer' de la divertida publicidad, para que quienes no la conozcan de primera mano puedan disfrutar de ella. Pero lo que intento contar es que, recorriendo los enlaces que en el margen derecho de su majestuosa bitácora ha puesto el célebre polígrafo <a href="http://mnemosine.interzonas.info">Mnemosine</a>, he descubierto el blog que lleva un periodista celtíbero que responde al nombre de <a href="http://www.eduardpunset.es/index.php">Eduard Punset</a>, hombre -se dice- de convicciones liberales, y, dentro de él, mis escuadrones de búsqueda han detectado esta <a href="http://www.eduardpunset.es/charlascon_detalle.php?id=11">entrevista al neurólogo Antonio Damasio</a>. Éste, sin perjuicio de cuanto expone respecto del campo de su especialidad, me ha impresionado más en otra faceta, la de psicopedagogo y jurista aficionado. A estos últimos efectos, Damasio, con una inestimable ayudita del amigo Punset, se comporta como un verdadero profesor hippie. Veré si soy capaz de explicarles por qué. Entusiastas de Edward de Bono, de la era de Acuario, curanderos, astrólogos y programadores neurolingüísticos, por favor abstenerse, salvo que se tratare de pseudocientíficas morochas no transexuales de entre 25 y 50 años, de buena planta y decididas a convencerme de lo que fuere a costa de cualquier sacrificio.<br /><br /><i>"El cerebro, teatro de las emociones"</i>, titula don Punset la entrevista, fechada el 11 de abril de 2006 y datada en Madrid. Remítoles a la lectura íntegra de la misma. Efectuada una lectura atenta y empática del diálogo entre ambos respetables caballeros, concluyo que la parte referida a neurología me parece valiosa, porque nos pone en conocimiento de lo que constituiría una serie de avances en el plano de la casi desconocida mente humana (alguna vez un neurólogo me contó que algo así como las cuatro quintas partes de las funciones de la masa cerebral son absolutamente desconocidas en su detalle, lo que explicaría la buena estrella de mitologías literarias en funciones terapéuticas durante tantos años). Pero cuando Punset y Damasio se meten a 'ideologizar' en materia de Psicopedagogía y Derecho, en base a lo que todavía no parece haber sido suficientemente sometido a verificación y/o falsación en ciencias naturales y a reduccionismos filosóficos, la cosa se pone muy divertida.<br /><br />Al principio no pasan del ameno diálogo de divulgación científica, aunque no exento de rasgos preocupantes para el racionalista, porque no relata el entrevistado, sino el entrevistador. En un juicio, así como hace Punset, yo no podría interrogar a un testigo. La mayoría de las preguntas de Punset son puramente indicativas. Hasta mi finado padre periodista, que era medio nabo, lo hacía mejor. Miren:<br /><i>"EP: -Al principio de todo, tenemos un estímulo que desencadena una emoción, pero estamos todavía en el cuerpo, ¿verdad? Y afirmas que luego, a través de medios complicados, aparecerá un sentimiento. Y esto ya es un asunto de la mente.<br />AD:- Exacto."</i><br />Según esto, Damasio se deja presentar por Punset como un neurólogo no materialista: la mente no estaría haciendo parte del cuerpo, o sea que los impulsos eléctricos y reacciones químicas que principalmente estudia su ciencia no deben ser reales. ¿Por qué este dualismo? Más adelante ambos charlistas nos informan:<br />"<i>EP:- Es fascinante porque, en cierto modo, aunque afirmas que las emociones pertenecen al cuerpo y los sentimientos a la mente, cuando explicas los sentimientos, dices que cuando tu equilibrio metabólico, tu fisiología, tu química interna, funcionan bien, entonces surge un sentimiento de tranquilidad.<br />AD: - Sí, así es. De placer. Porque percibes que tu cuerpo funciona bien. Y cuando tienes miedo, o estás enfadado, perturbas la fisiología normal, creas conflicto, creas falta de armonía, y es entonces cuando percibes que hay algo que no va bien y que ya no funciona."</i><br />Nuevamente, Damasio, que es el experto, es más lo que asiente que lo que expone por sí mismo. Preocupante en un científico. Lo que termina diciendo es tan antiguo como el minué, más viejo que la humedad. Eso se sabe desde tiempos de Andrea Vesalio y me arriesgo a decir que ya lo sabría Hipócrates. Lo que me interesaría es que un blog de divulgación científica instara a un neurólogo entrevistado a que me explique concretamente cómo se produce ese fenómeno, y sus causas, si es que efectivamente se produce. No se hace ciencia de las consecuencias salvo para remitirse a la determinación de las causas. Y sería mucho mejor no acudir al dualismo cuerpo-mente, como si la mente no fuera, hasta donde se sabe, la conciencia del funcionamiento cerebral y corporal en general.<br /><br />No queda ahí el asunto. Síguense una serie de inocentes divagues de corte artístico-gastronómicos (son europeos a la moda de estos tiempos, no hay nada que hacerle). Sólo falta que nos indiquen el mejor restaurante de moda. Pero lo que me interesa es esto:<br /><i>"EP: -Cuando hablamos de dominar las pasiones, dices literalmente que no puede conseguirse solamente a través de la razón pura.<br />AD:- Así es.<br />EP:- Y luego dices que es necesario una emoción inducida por la razón.<br />AD: -¡Sí, exacto! Hay dos posturas sobre cómo se puede contener la pasión. La primera es la que puede asociarse con Kant, en la que, literalmente, dices que no, y por pura voluntad lo niegas; y luego está una postura que podríamos asociar con gente como Spinoza, o como David Hume, mucho más humanizada, porque se percatan de que la mejor manera de contrarrestar una emoción negativa concreta es tener una emoción positiva muy fuerte".</i><br />Así nos informan científicamente: Spinoza o Hume, porque les parece a ellos, son evidentemente más "humanos" que Kant, que comete el pecado de postular en el terreno de la mera Filosofía del siglo XVIII que austeramente se dominen voluntariamente los fenómenos de la emoción, una vez conocidos los fundamentos fisiológicos que lo permitirían. Me temo que se trate, aunque no se den cuenta Punset ni Damasio, de una nueva versión residual de las obsesiones de Max Weber, o - peor aún - de un caso particular del famoso <i>"argumentum ad colleoni"</i>, muy popular en América del Sur por su uso en los discursos de apertura y cierre del año académico, del estilo "esto es así, señor Rector, señores miembros del Consejo Universitario, señores profesores, distinguidos colegas, señoras, señores, alumnos y discipulado, porque es como hoy nos sale de los huevos, que vienen a ser nada menos que cuatro, y amparados en tan poderosa fuerza testosterónica nada ni nadie, ni Heracles, ni Teseo, ni Tirant, ni la Armada Brancaleone, ni Luke Skywalker, ni el Toshiro Mifune de 'Los siete samurais', ni el regreso de los malones ranqueles, harán cambiar de opinión en adelante a esta calificada cátedra, que desprecia al sargento Tadeo Isidoro Cruz". No lo dudo. Como tampoco dudo de que un veinteañero mercader experto en 'definiciones solicitadas' les arruinaría el diálogo en cualquier aula de Facultad de la UBA preguntando kantianamente a los eruditos expositores: <i>"-Profe, Profe: ¿qué quiere decir ahí con esa imprecisa categoría de "ser más humano"?</i><b>XD</b><br /><br />Desde ahí el par deriva coloquialmente... ¡a la noción de "contrato social"! Sería muy fuerte decirle a Punset & Co. GmbH que por "contrato social" los letrados solemos entender corrientemente al contrato constitutivo de una sociedad civil o comercial (dos o más personas asociadas para producir), o a una asociación (lo mismo, pero para actividades filantrópicas), o más concretamente a su instrumentación, y que el famoso título del libro teórico político de J. J. Rousseau, otro autor del siglo XVIII, no debe inducir a esta altura del partido a engaño al lego, ni invocarse en vano, sobre todo si se es universitario, porque no hay prueba científica histórica ni antropológica de que el querido Papá Estado haya sido jamás consecuencia del cumplimiento de contrato alguno con sus súbditos menos favorecidos. Los filósofos del Derecho y la Economía se han pelado la mente durante doscientos años, desde la Ilustración, para imaginar situaciones académicas en que se pueda limitar al poder leviatánico o behemótico del referido Papá Estado, tan bien descripto por el malvado Hobbes (aunque éste es él mismo el creador de la mañosa idea de 'contrato social' que luego Rouseeau aprovechara), transformándolo de una entidad basada en la fuerza bruta y el mero privilegio en otra más abierta a la igualdad de oportunidades para ejercer la libertad y disfrutar bienes y servicios muchas veces escasos en relación con el número de miembros. Y entonces me pregunto: ¿postulan acaso estos dos señores que a un barrabrava de fútbol, un matón de sindicato, o un tipo violento cualquiera, un sinvergüenza escudado bajo calculada emoción violenta o descontrol fisiológico ('actio liberae in causa', que le dicen los penalistas), uno puede oponerle el "flower power"? ¿Son liberales de corte hippie? ¿Se vendrá la era de Acuario? ¿Pretenderán que se enseñe en las escuelas a los pichones de ciudadanos a 'ser positivos' como los de la 'programación neurolingüística', o a usar sombreros de diferentes colores para cada materia en que se hayan de tomar positivas decisiones, como postula por ahí el inefable de Bono? Lo cierto es que un neurólogo va a revolucionar, en un diálogo periodístico de divulgación científica, a propósito de unas interesantes nociones sueltas de su especialidad, acaso inaplicables en los hechos, la teoría política y psicopedagógica. Todos los teóricos de la política, desde los más sólidos hasta los más chantas, dedican un capítulo a la instrucción pública. ¿Cómo en una charla de café se la iban a perder?<br /><br />En el hipotético caso de que algún entusiasta haya sentido, al cabo de la interesante exposición del neurólogo, cuya idoneidad profesional, repito, no hay por qué poner en duda ni tenemos calificación para ello, la necesidad de prorrumpir en estruendosos aplausos y encender bengalas como en la cancha entre emocionados vivas a la Pepa, espero comprenda por qué este muy poco emocional lector llamado Alfredo no hará una cosa ni la otra. A mí los "curriculums vitae" de los profesionales no me impresionan. Ni siquiera un genio en ciencias exactas estará libre de decir algunas tonterías a lo largo de su vida, aun a propósito de temas de su especialidad. Lo malo, como explicaron a su turno Friedrich "Zarathustra" Nietzsche y mi tocayo Jarry, es cuando los zonzos de ocasión se enamoran de la eufonía de sus palabras y se ponen a decirlas con énfasis, llenando a su discurso de una emoción no pasada por el tamiz racional, y así se meten a incursionar en la mera ideología a partir de unas pocas nociones de ciencia natural apenas trabajadas y sin conocer mínimamente la epistemología de las ciencias sociales.<br /><br />Si, auxiliados con los libros de los señores Wittgenstein, Bertrand Russell, Copi y otros maléficos expertos que han dejado las herramientas apropiadas, pusiéramos en forma de enunciados y silogismos las frases vertidas en el diálogo (ahora entiendo mejor por qué el malvado Popper desconfiaba de Platón y de los científicos de la naturaleza metidos a constatar el efecto social de las voluntades), mucho me temo más que probablemente acabáramos por encontrar al menos un vicio de razonamiento que condujera directamente a la ruina la teoría pseudoiluminista que, para que nos apartemos de toda tentación de creer que la razón es lo que permite hacer mejores a los seres humanos trabajando sobre sus emociones para que no sean cavernícolas irracionales como un fascista, se nos pretende introyectar periodísticamente, rebajándola de "evidente" a mero castillo de naipes, de ciencia a mera literatura. Hay que cuidarse de esta clase de "liberales".<br /><br />Ya subido a este tren, y puesto mi uniforme de antipático, invoco a San von Mises y al beato Juan Bautista Alberdi para que me protejan y me permito observar lo siguiente: <i>"Kinderfiebel"</i> (abecedario infantil) fue el nombre que donosamente diera el vano charlatán de Tréveris al cúmulo de mitos de apariencia racional que la escuela y el periodismo imponen sutilmente a la masa de sus víctimas para condicionarla, según la conocida teoría socialista del Complot de las Fuerzas del Mal, recuperada en estos tiempos modernos para su uso por las Fuerzas del Bien nominalmente liberales. Ello a fin de que todos cumplan su rol según el plan de ingeniería social predispuesto a través del Estado en un determinado tipo de comunidad compleja que apareció con el desarrollo científico y tecnológico. "Kinderfiebel" el de Karl y, antes que él, el de los liberales del siglo XIX, "Kinderfiebel" el de los marxistas rusos, chinos y cubanos, "Kinderfiebel" el de socialdemócratas y socialcristianos, "Kinderfiebel" siniestro el de los nazis y fascistas, "Kinderfiebel", el de los nacionalistas sin zeta de toda laya que hubo y hay por nuestra América. Menudo "Kinderfiebel" parece, también, este que por vía internáutica algunas personalidades están volviendo a insuflarnos, modificando mañosamente las ciencias a partir del pretexto de divulgarlas para ir poniendo a algunas ideologías e intereses en situación de ser o continuar siendo el ombligo del universo. No digo que lo hagan a propósito. No creo que sean parte de un complot. Lo hacen, simplemente.<br /><br />* * *<br /><br />Ha pasado el tiempo, y estamos a mediados del siglo XXI. Un gordo impetuoso, sucio y desprolijo, con la cabeza como un rábano cual el Père Ubu, baja de su cibermotocicleta y encara a unos ciudadanos condicionados desde décadas por la escuela y la prensa para no reprimir sus emociones ni dirigirlas racionalmente, para verle a todo el lado positivo, aunque no lo tenga:<br />"<i>-Yo-ten-goun-e-lefan-tequese-llama-Trom-pi-taaaa...</i> - va canturreando el obeso - ...Bueno, ahora me pongo serio, loco, que se me está pasando el efecto de la soda, che. La mano viene así: el Gran Hermano me ha designado Delegado de Manzana de la Superpolicía comunal, y les tengo que asignar a cada uno de ustedes un rol productivo o sacarlos carpiendo. No, tranquis, por favor; emociónense en positivo, chabones, que estoy armado y vienen refuerzos. No se apresuren a razonar. Es para bien de todos...".</p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-116182441457398474?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com12tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-1161470704482455132006-10-22T12:34:00.000-03:002006-10-23T14:42:56.286-03:00Crítica de críticas<p align="justify"><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;"><b>"Y por eso, por ser esta una obra amena, debo resistir la tentación de hablar eternamente de Chesterton, y debo poner fin a este prólogo. No sea que, entre mis análisis, tenga que soltar aquí y allá algunos secretos del enigma, que pongan sobre aviso al lector, y me pase así -sin desearlo- lo que a esos hombres mal educados que andan a todas horas diciendo verdades inoportunas y ahuyentando todas las sorpresas gustosas de la vida." [Alfonso Reyes: Prólogo (1919) a su propia traducción de "El hombre que fue Jueves" de G. K. Chesterton; Losada, Buenos Aires, 1938; página 16]</b></span></span><br /><br />Hace unos pocos días escuchaba opinar sobre crítica literaria a alguien que sabe más que el suscripto y me explicaba que la tal crítica es lo que hace una buena obra de arte, refiriéndose con "crítica" no sólo a la mera opinión de periodistas especializados o eructitos, digo eruditos. Según el parecer de esta persona, acaso los diferentes grados de aptitud para revisar, corregir, juzgar la perfección de la propia obra y pulirla constituyen un hecho de crítica, y conjugar felizmente tantos puntos de vista diversos sobre un mismo trabajo artístico, el propio y los ajenos, puede ser lo que haga la diferencia entre la categoría de "los grandes artistas" (arbitraria como toda forma del entendimiento) y el resto de los mortales escribientes y leyentes.<br /><br />Hasta aquí la opinión ajena. Ahora, mis dudas: ¿la crítica consiste en objetivar, o bien en revestir con palabras que reflejan la mirada de otro sujeto, distinto del que escribió y del que lee, la obra que se analiza, recreándola, como parecía ser que me estaban sugiriendo, en cuyo caso estaríamos ante otro hecho artístico?<br /><br />Acaso para el lector (esa pobre víctima), si leyere primero la obra y luego tomare conocimiento de una cierta crítica de la misma, bien pudiera suceder que otra perspectiva le permitiera terminar de entender aspectos que "se le habían escapado". Pero también pudiera ocurrir que un prólogo o un estudio anexo lo indujeran a leer con los ojos del autor o de un tercero y no con los suyos propios. Es lo que pasa casi siempre con el "narrador omnisciente y omnipresente" de algunas novelas, que pretende señalarnos cómo hemos de apreciar virtudes y defectos de sus criaturas, cuando no nos aplasta, aunque no haya prologado, con un descomunal rodillo de palabras concatenadas en oscuros silogismos.<br /><br />Por eso será que a mí no me atrae cierta manera de componer y prologar novelas: sencillamente no soy capaz de leer a autores cuya permanente imposición acerca de cómo debemos interpretarlos interfiere con mi propia lectura. Después de todo, mi punto de vista es tan respetable como el de ellos, <b>como mínimo</b>, y constituye también una crítica: la del lector ingenuo, nada menos, que invierte un valioso tiempo de su amable u hostil atención. Acaso, la atención del preciso lector que ese autor merece, que no tiene por qué ser un lector compasivo, sino un lector crítico, un lector re-creador (ya que estamos: la palabra "ingenuo" que acabo de usar indica que se ha nacido y continúa siendo un ciudadano y hombre libre).<br /><br />Un crítico literario nos hace sentir y ver una obra literaria con otros ojos, opino, <b>sólo si es capaz de ser él mismo un poco artista y abandona en el punto justo la disección técnica o "científica"</b>. Se da, muchas veces, el caso de que un crítico eficiente (o el mismo autor-prologuista) nos estropee el disfrute de la re-creación literaria en que consiste la lectura inteligente, la lectura crítica. Es lo mismo que nos sucede con ese amigo que nos cuenta el final de cada película que acaba de recomendar, situación que yo resuelvo, por supuesto, empuñando decididamente mi Mágnum 9 mm. y mi motosierra importada de Taiwán, abrigando la esperanza de que alguno de mis amigos aficionados al cine sobreviva en base a no contarme jamás un desenlace. Otras veces, ciertos críticos, sobre todo los actuantes en medios de prensa, intentan hacernos creer que un evidente torpe es un gran escritor. O que un gran escritor moralmente insolvente debe ser también un gran tipo, porque escribe bien. O que una persona a quien se atribuyen conductas sinuosas es ciertamente un agente del mal, aunque su escritura sea maravillosa y estemos habilitados para apropiarnos de su mundo intelectual al leerlo, conocerlo y recrearlo según nuestro libre entendimiento.<br /><br />Me permito observar, entonces, que existe algo que un crítico ha de ser capaz de hacer comprender a través de su óptica de "tercer observador": que <i>la aptitud literaria y artística en general no parecen susceptibles de enseñanza canónica ni de explicación</i>. Unos la tienen y otros, no. Cómo se llega a tenerla, será asunto de la Genética y la Neurolingüística, no de la crítica literaria. Y entre quienes poseen esa bendita capacidad creativa, hay quienes la aman y desarrollan profesionalmente sin que ello les represente incomodidad alguna, y hay también <i>quienes la sufren como una maldición o un accidente</i>: simplemente quisieran verse reducidos a goleador de su equipo de fútbol favorito, empleado de comercio o camionero, y poder dejar de lado el ejercicio de la propia idoneidad para la creación literaria. O hacer normalmente su vida y ponerse a escribir cuando les venga en gana, y no cuando reciben un imperativo de origen desconocido que les impone actuar. Lo que no les impide ser creativos y comunicar eficientemente; creo recordar Julio Cortázar describió en distintos momentos, en charlas con periodistas y también en textos de ficción como por ejemplo "Diario para un cuento", su propia vocación, explicando que nunca pudo encarar su oficio de escritor como tal, sino como quien repentinamente se sorprendía a sí mismo, perplejo, ante una hoja de papel, empezando un nuevo escrito.<br /><br />No pocas veces quienes nos entregan análisis críticos o recensiones proceden menos a debatir modos de expresión que a revestir de exposición de tono intelectual sus propias opiniones sobre la persona que las ha emitido o realizado. Cuando las referencias a éstas exceden largamente la proporción que se dedica realmente al texto comentado, se termina por incurrir en una larga perífrasis del <i>"argumento ad hominem"</i>, conducta que en la materia que nos ocupa es grave por dos motivos: puede orillar la falta de respeto, y además puede alejar a otros potenciales lectores del pleno disfrute de una obra que les puede parecer valiosa.<br /><br />Un apunte breve, que tiene que ver -entiendo- con nuestro asunto: he podido comprobar a través de lecturas, conversaciones y discusiones que determinados escritos no se pueden imitar ni describir completamente en su totalidad porque consisten en la habilidad para crear sin sujetarse necesariamente a la ortodoxia de los teóricos. Claro está que también hay escritos incomprensibles porque adolecen de nihilismo: no se han hecho para compartir la literatura, sino para terminar definitivamente con ella; el lector no ha sido tenido en cuenta al escribirlas, circunstancia que a uno lo mueve a pensar si debieran haber sido publicados. Suele ocurrir que no se pueda gozar de lo escrito por quien no busca comunicar sino limitarse a la mera ingeniosidad. También, que sujetos plenamente conscientes de que nunca podrán escribir en toda su vida más que dos o tres párrafos bien construidos, sabiéndose incapaces de sostener la brillantez de un texto más allá de esos accidentales aciertos, devenidos en críticos ocasionales intenten desacreditar a los que sí tienen las dotes creativas y el optimismo necesario para intentar superarse, acudiendo en sus análisis a planteos de corte más o menos irracional, a inventarse opiniones que los autores criticados nunca han sostenido, a adjudicarse el rol de árbitros indiscutibles del buen gusto y a denigrar a quienes parezcan disfrutar de esa feliz aptitud literaria.<br /><br />Por eso es que debe uno andarse, en cuanto persona con hábito de lectura, en guardia tanto respecto de los prologuistas y críticos como de sus propias decepciones e incomprensiones. La obra literaria permite compartir el lenguaje de la fantasía ajena y completarlo con la propia experiencia perceptiva. Bueno es desentrañar ciertos mecanismos creativos y comprender mejor el mundo de los otros, sí, pero a nadie en su sano juicio se le ocurriría la ingenuidad de que se puede alcanzar la plenitud de las dotes de Borges, Quevedo, Bécquer o Rulfo por el mero hecho de asistir puntualmente a un taller literario y ser un aplicado aprendiz de las supuestas reglas de estilo. Pareciera que hay en algunas personas tocadas por la buena estrella literaria una aptitud desarrollada tempranamente, un entrenamiento solitario e intransferible, vocacional, que desemboca en un poder de comunicación descomunal.<br /><br />Llegado a este punto, acudo al conocido consejo de Borges: si uno no resulta ser el lector de un cierto escritor, si alguien nos produce sueño o decepción o nos impresiona como un subproducto de técnicas de mercadeo o modas ideológicas sin sustento artístico, mejor dejemos ese libro; no sigamos leyéndolo porque es famoso, no continuemos porque se lo reputa obligatorio. Acaso sea mejor también no meterse a criticarlo, cosa que también habré hecho alguna vez, porque nuestra alabanza pudiera ser un fraude y nuestra objeción un sacrilegio.<br /><br />Y ahora, cobardemente, por la derecha del escenario, como hacía aquel León Melquíades de los dibujitos animados, a toda velocidad, huyo del inminente peligro, siguiendo mi estrella, en desesperada busca de mis dos o tres párrafos de ocasional brillantez <b>XD</b>.</p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-116147070448245513?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com9tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-1161095136223735562006-10-17T11:22:00.000-03:002007-04-27T13:36:56.378-03:00Los argumentos ocultos<p align="justify"><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:verdana;">"Es decir, el propósito de abolir el pasado ya ocurrió en el pasado y - paradójicamente - es una de las pruebas de que el pasado no se puede abolir. El pasado es indestructible; tarde o temprano vuelven todas las cosas, y una de las cosas que vuelven es el proyecto de abolir el pasado." <b>[Jorge Luis Borges, "Nathaniel Hawthorne", en "Otras inquisiciones"; Alianza Editorial, Madrid, 1998, que reproduce la edición Emecé de 1952; página 102]</b></span></span></span><br /><br />Numerosos escritores han puesto en algún momento por escrito proyectos de argumentos para narraciones. No pocas veces han resultado incapaces de plasmar textos fundados en esas ideas. Nathaniel Hawthorne, Ambrose Bierce, nuestros Borges o Cortázar, y algunos otros "pesos pesados" de las letras, han dejado bocetos para cuentos o novelas que no necesariamente desarrollaron luego. Como para demostrar que vida y ficción pueden parecerse si ejecutamos el esfuerzo de aproximarlas hasta comprender que todos somos el otro o, como decía el maestro ciego de Kung-Fu, que <i>"un valiente y un cobarde caminan juntos en todo hombre"</i>, aquí enuncio algunas posibles ficciones. Cualquier parecido con la realidad presente, pasada o futura, será pura coincidencia. O no. Ahora, Pequeñ@ Saltamontes, pelea con tu sombra... <b>;-)</b><br /><br />1. <em>"LA GRAN BESTIA POP" o "EL ÍCONO MENDAZ":</em> Dos extranjeros se cuentan en el número de los jefes que ganan una contienda fratricida en el Caribe. Uno de ellos pretende ser clemente con los vencidos, y misteriosamente muere. El otro, efectúa ejecuciones masivas previo simulacro de juicio. Al cabo de algunos años es muerto, a su vez, en oscuras circunstancias. Su efigie termina convirtiéndose en ícono que personas ingenuas y políticamente correctas acostumbran lucir en el pecho, estampada en vistosas camisetas.<br /><br />2. <em>"HÉROE DE LA CLASE TRABAJADORA":</em> El nieto de un conocido médico y diputado conservador llega, al cabo de numerosas peripecias, a alto funcionario de un gobierno de facto. Encarcelado por sus enemigos, proyecta abandonar la política. Una inesperada y multitudinaria reunión popular lo saca de la prisión y lo torna única carta de salvación tanto de sus malvados captores como de los manifestantes. Ese día, o el siguiente, mi abuelo metalúrgico muere. Sin entender nunca del todo de qué se trata este asunto, el político liberado por el pueblo seguirá hasta el fin de sus días pronunciando una y otra vez ante muchedumbres entusiastas, que se glorifican a sí mismas con el pretexto de ese hombre, el mismo discurso hipnótico de tono surrealista.<br /><br />3. <em>"ODA AL SIESTERO DESCONOCIDO":</em> <i>Der Teufel</i>, popularmente invocado en Alemania por su nombre artístico de Mefistófeles, yendo de paseo por América del Sur, obtiene permiso del Zúpay para operar circunstancialmente en su jurisdicción. Se presenta como fantasía onírica a un santiagueño durante la siesta, y le expone en castellano chapurreado las ventajas de un contrato de adhesión similar al predispuesto para con el doctor Fausto. Al despertar a la víctima para que firme, algo falla. El chango se descubre levitando cerca del cielorraso del dormitorio, desde donde puede mirar su propio cuerpo yacente en el catre y el reloj despertador, en cuya esfera las agujas señalan las 15.30 hs.. Notando que este demonio gringo ignora el ceremonial de las salamancas y avasalla los sacrosantos horarios de la administración pública provincial, tras proferir terribles juramentos en quichua contra los violadores de las normas regionales de etiqueta, regresa sin más a su envoltura carnal y continúa el sueño sin guardar al cabo del mismo recuerdo alguno de tan estrafalaria aparición. Al despertar, se sienta en camiseta musculosa en el lecho, bosteza, se traslada hasta la cocina, se toma un vinito, y eructa. Fundido a negro y fin de la proyección.<br /><br />4. <em>"EL PURGATORIO PANÓPTICO":</em> Un filósofo se obstina, como sólo se puede obstinar un filósofo, en predicar sin rigor científico que el materialismo consiste en negar a una sustancia entidad cuando el cognoscente no está consciente. Su dogma parte asimismo de la noción de que, si uno se muere, es falso que el resto de entes que integran el universo o realidad permanezcan existiendo mientras no sean destruidos. Publica con frecuencia gruesos volúmenes sobre su especialidad, repletos de lenguaje alambicado y farragoso, en que se deforma mañosamente la tradición filosófica europea. Los años pasan. Entre las elites, el número de sus partidarios crece, más entre personas zafias y fachendosas interesadas en el periodismo y la política que entre eruditos en desentrañar aporías, todo hay que decirlo. El filósofo muere, pasando su cuerpo al estado jurídico de cosa mueble. Mientras sus deudos festejan con unas ginebras en las adyacencias de la casa velatoria, el sabio se sorprende en otro sitio, plenamente consciente, convertido en espectro. Una comisión de autoridades filosóficas cuya obra él se ha cansado de manipular, ahora radicadas en el Más Allá, viene a su encuentro y le informa que en esa región rige la democracia directa, y una asamblea popular de filósofos ha decidido por aclamación mandarlo a meditar al Purgatorio Panóptico, establecimiento desde donde contemplará eternamente con lujo de detalles cuántas cacerolas, sillas, mesas, escudillas, libros, espejos, guijarros, nueces, y otros muchos entes, hasta su propio cadáver incorruptible, yacen minuciosamente abandonados en distintos puntos de la Tierra, fuera del alcance material de todo ser sensible hasta vaya uno a saber qué azaroso cuándo.<br /><br />Sí, ya sé: la 1 y la 2 son tomadas del natural y demasiado reconocibles; la 3, parece una peli de Leonardo Favio o un cuento de Roberto J. Payró; la 4, barroca y digna de Meyrink o Kafka, tiene un aire a mix entre Swedenborg y el "Cielo de los conceptos jurídicos" de Von Ihering. Pero es cuestión de intentarlo, digo yo. El número de los argumentos posibles dista de ser infinito. Y la ficción, veladamente, con cohesión textual y sin ella, narra con frecuencia la verdadera Historia (también la falsificada), así como en otras ocasiones es la inverosímil y genuina Historia de los anónimos vivientes la que, escondida entre volutas del tiempo, anticipa el sendero que tomará alguna vez la aparente ficción.<br /><br /><i>(Lástima que Sir Zaar haya largado su blog, porque sería desaforadamente capaz de hacer algo digno, en no más de trescientas palabras, con los argumentos números tres y cuatro)</i></p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-116109513622373556?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com12tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-1160664862063860392006-10-12T00:09:00.001-03:002007-02-18T11:57:10.696-03:00Grandes Fiascos de la Literatura Universal, I : Los ratones del silencio<div align="justify"><span style="font-family:arial;font-size:85%;">"La plaga de la literatura inglesa es el esteticismo, como la de la francesa el academicismo, de la española el barroquismo y de la alemana la pedantería." [Luis Cernuda, "Estudios sobre poesía española contemporánea", Madrid, Guadarrama, 1970, nota a pie de la página 181]</span> </div><div align="justify"></div><br /><br /><div align="justify"><em>Media docena de personas me han tapizado de correos electrónicos en los últimos treinta días reprochándome la ausencia de entradas en esta digna bitácora. Ahora, en represalia, les dejo este texto que rescato «ad hoc» de entre las profundidades de un disquete. Que les sea leve.</em><br /><br />La lectura de la novela de Luis Martín-Santos intitulada "Tiempo de silencio" me sumergió en una maraña de palabrería inconducente, como ocurre cuando se recorre cierto tipo de escritos expositivos de pseudofilosofía y pseudociencia. El libro deja, empero, en todo momento la sensación de ser un primer esfuerzo literario de una persona que, no poseyendo ingenio para narrar una historia manteniendo la tensión y el atractivo para el lector, cuenta sin embargo con la posibilidad de superarse en un futuro, si deja de comportarse como un Maestro Ciruela articulista del Espasa.<br /><br />El estudio que contiene la segunda mitad de la edición de Crítica informa que Martín-Santos, que murió pocos años después de perpetrar "Tiempo de silencio" y acaso hubiera evolucionado para bien, era un médico psiquiatra afín al por entonces clandestino socialismo español, pintoresca organización política que es una simpática bolsa de gatos en el más puro estilo radical o justicialista.<br /><br />La novela de marras se inserta en las consecuencias de la famosa guerra civil desatada en 1936 y aprovechada por los psicópatas Adolf y Pepe, con anuencia de sus complementarios franceses y anglosajones, para experimentar <em>'in anima vilis'</em> con la población de la península (análogamente, el científico protagonista de "Tiempo de silencio" necesita para usos profesionales lauchitas blancas de laboratorio). Los sobrevivientes de la contienda, victoriosos, derrotados o tránsfugas, cuando no optaron por emigrar acabaron bajo la bota de un pragmático dictador que no se iba a dejar sacar así nomás el control del Gran Almacén "Don Manolo". Quino, con el almacén del papá de Manolito, apenas si mostró 'la PYME española en acción': la concepción gallega tradicional de lo que pueda ser un patrimonio incluye en la universalidad a otras cosas susceptibles de apreciación pecuniaria no consideradas tales por el derecho occidental moderno, como son las mujeres, los hijos menores de edad, los socios, la clientela y el personal en relación de dependencia. Quien no esté con la Voluntad Todopoderosa del <em>pater familias</em>, está en contra de Dios y la Patria, y lo mismo da si el dominante es creyente, ateo, politeísta o agnóstico.<br /><br />Determinado el contexto histórico en que el autor compuso su obra sub examine, digamos que la lectura de Martín-Santos resulta, con sus prolijas enumeraciones y sus pinceladas sociólogicas y aun filósoficas, más insípida y aburrida que una versión literal de alguna arenga de Fidel Castro: horas y horas de cháchara insustancial carente de ritmo, llena de retórica pseudointelectual y datos inútiles que ignoran las 'navajas de Ockham', y a los bifes no se pasa nunca. Lo del autor serían los protocolos médicos y las historias clínicas psiquiátricas, matizadas con alguna charla de café, especialmente una de esas en que intelectuales aficionados a meterse en las periferias de la política deciden cómo van a arreglar el mundo por procedimientos mágicos, pero no la composición de buenas narraciones, al menos en ese instante de su vida.<br /><br />Debo reconocer que si el novelista donostiarra quiso dejarnos un testimonio impresionista de lo espantoso, gris y desconcertante que es vivir bajo una dictadura fascista siendo persona de bien, efectivamente lo consiguió, porque llegado cierto momento de la lectura ya no parece posible deshacerse un solo instante del sabor a muerte, a decadencia, a regodeo del autor en la inmundicia en que sus personajes y él mismo yacen. Martín-Santos <b>no nos narra verdaderamente historia alguna</b>: sus personajes no toman nunca las riendas de sus conductas, no tienen vida, parecen figuras recortadas sobre un fondo de posguerra, amputadas de voluntad y con ecos de tipos literarios convencionales tomados de otros literatos anteriores al segundo tercio del siglo XX.<br /><br />No se encuentra en "Tiempo de silencio" ni la abierta simpatía por el desgraciado a redimir de Benito Pérez Galdós, ni el malhumor bombardero - poético a veces - del también médico Pío Baroja, ni el poder intelectual del despelotado Unamuno, ni el grandioso barroco legible de ese notable escritor que fuera Inclán. Al no contar ya con la libertad política que se pudieron tomar esos felices antecedentes, el facultativo-narrador hace catarsis describiéndonos un mundo de seres humanos abandonados por las democracias liberales a su suerte, esto es, mostrando cómo unas personas dejadas indefensas a merced de un déspota terminan resultando en todo similares a las desdichadas ratas de laboratorio, y les nace un sentimiento a medio camino entre la resignación y la rebeldía, con algunas gotas de complicidad también, como bien lo sabemos quienes en el secundario y la Universidad tuvimos que estudiarnos la Historia del absurdo régimen monárquico del tiempo de la Colonia y las Repúblicas liberales que lo reemplazaron. Así empezaron sus trayectorias los Hidalgo, Bolívar, Belgrano, Artigas, y siguen las firmas.<br /><br />Martín-Santos promete mucho, <strong>pero</strong> - insisto en este parecer - <strong>no nos dice realmente nada</strong> de lo que nos interesaría saber de la vida de sus personajes: sus marionetas no actúan, no cobran vida propia, casi ni sugieren rumbo a sus acciones futuras, son apenas un pretexto para nuestra inmersión en un estado de ánimo del autor y unos tipos sociológicos que convienen a su ideología. Como estaba componiendo una novela, acaso el psiquiatra-autor haya supuesto que su discurso debía escindirse en numerosos personajes-voceros. Pero la narración no la escribe Baroja, ni Inclán, ni Unamuno, ni Galdós, y los personajes supuestamente centrales de "Tiempo de silencio" son como sombras de la muerte o multiplicaciones veladas de un narrador omnisciente, y los secundarios suelen parecer meramente decorativos, puestos ahí para completar la escena naturalista, semejantes a los extras del cine de Cecil B. De Mille y sus continuadores. Se nos insinúa lo que nunca se nos da, al punto que los mejores momentos de "Tiempo de silencio" son verdaderamente cinematográficos y no literarios, en forma de instantáneas de ese típico cine español de corte folklórico y de denuncia que huele a muerto y caduco, y en blanco y negro. Víctor Erice al menos fotografió excelentemente su somnífera "El espíritu de la colmena" en tenebrosos colores; lo de Martín-Santos es más bien como el "Tierras sin pan" de Buñuel y Ramón Acín, pero por escrito. Y con la ventaja para éstos de que su trabajo era <em>realmente</em> un documental sobre la miseria humana.<br /><br />Para el caso, como en los textos del insufrible Cela, todo se percibe como fragmentario y "light", sólo que Luis demuestra, a diferencia de Camilo, tener latentes ciertas reales aptitudes literarias para acaso mejorar lo presente si la vida se lo permitiere, lo que finalmente no sucedió. Es el de Martín-Santos en "Tiempo de silencio" un trabajo de literato principiante metido en camisa de once varas, de científico que intenta expresarse como artista, de intelectual tan imbuido de culebrones decimonónicos, prejuicios cientistas, necesidad de exhibir su cultura e impulsos contestatarios reprimidos, como incapaz de superar, a la hora de poner en el papel el fruto de su ingenio, a los convencionales ambientes de tinieblas modelados por artistas anteriores de menor cuantía como por ejemplo Vicente Blasco Ibáñez.<br /><br />Martín-Santos no consigue pasar del costumbrismo impresionista, rasgo que, salvo en ciertos casos excepcionales como el de Cervantes o determinados períodos intelectualmente fecundos como 1874-1936, suele ser el único sobresaliente en los novelistas españoles, y su trabajo, de no ser por el poderoso efecto de 'ambiente dictatorial' que comunica pero a la vez causa rechazo al lector, se diluiría en meros revolcones en el seno de sustancias gelatinosas y fétidas, paseos de turista por parajes urbanos miserables de los que felizmente se puede uno retirar a tiempo tras mirar lo mal que viven los marginales, interpretaciones arbitrarias de psiquiatra y escarceos tibios con la liviana filosofía orteguiana. Una especie de Castelnuovo, Stanchina o Barletta a la española, en definitiva. Más culto, eso sí.<br /><br />Acerca de Ortega, a quien se encuentra dando una conferencia en algún episodio de "Tiempo de silencio", y su perniciosa influencia sobre los pueblos de idioma castellano, es conveniente leerse el impiadoso ensayo catártico de Patricio Cantó intitulado "El caso Ortega y Gasset" (Buenos Aires, Leviatán, 1958). Aunque Cantó es, según se deduce de su devoción por el ideólogo de Tréveris tocayo del gran Groucho, marxista, circunstancia que, cuando se refiere al político y no al cómico que encarnara a Rufus T. Firefly, suele constituir otra manera elegante de exhibirse y no ir jamás a los bifes. No sabemos qué camino tomó la vida de Cantó luego de los cincuenta; si alguno sabe qué fue del perspicaz don Patricio, cuéntelo en los comentarios o calle para siempre. Lo cierto es que al menos, en vez de dar vueltas y más vueltas acerca de lo mismo sin decir nada, este es de los nuestros y en ejercicio de su indignación de lector defraudado efectúa inteligentes apostillas (y, a veces, innecesarias generalizaciones) en contra del famoso periodista madrileño.<br /><br />Hablando de pasar a los bifes, sigamos con el verdadero asunto de esta maléfica entrada. No pocas veces, el enredo con las palabras en que se mete el pobre Martín-Santos es tan espantoso que la prolongación inconveniente de una escena acaba por mantener suspendidos a sus personajes en una especie de República del Limbo. Antes que narrar directa o indirectamente una historia que promete, a partir de desarrollar mejor los caracteres de algunos personajes, prefiere hacerse ver intentando agotar el idioma, ocupando él mismo el centro de la historia en vez de dejarlo a sus personajes, y limitándose a usar estereotipos ya gastados procedentes de la novela naturalista del último tercio del siglo XIX.<br /><br />El esfuerzo de Martín-Santos por acumular arcaísmo o erudición y posar de hombre culto es tan innecesario como el de Enrique Larreta en su merecidamente olvidada "La gloria de don Ramiro". Ocurre con esta clase de escritores experimentales que me provocan algún grado de rechazo. Para no irnos a ciertos franceses que se creen que cualquiera puede ser Jarry impunemente o a casos como el del otro yo de Joyce que escribió "Ulysses" o "Finnegan's Wake", y para no salir de Gallegolandia, recuérdese por ejemplo a Góngora haciéndose el difícil intentando gustar a pedantes mecenas acaudalados e influyentes que pudieran tirarle unos mangos (cuando escribía por amor o placer era de lo más sencillo y eficiente) y al antipático pero ingenioso Quevedo haciendo lo propio con el valor añadido de que ciertos españoles como él son retorcidos y de enrevesado genio por naturaleza infantil. Así describió al anteojudo, allá por los setenta, en una serie de cuatro magníficos sonetos ("Yo, Quevedo"), Orlando Mario Punzi.<br /><br />"Tiempo de silencio", cuya lectura me fue recomendada en marzo de 2004, me aburrió de manera decepcionante. La supuesta "gran novela española de posguerra" no resultó ser tal, sino una de esas rarezas literarias para consumo intelectual de los llamados "friquis", que no dudo habrán escrito largos ensayos y tesis doctorales para explicar la acción y el sentido que todo ser racional añora en el texto que el autor plasmó. La obra del facultativo era para mí, como para casi todos los latinoamericanos no especializados, una perfecta desconocida, como que ni en los manuales de literatura de este lado del charco consta, cosa que indignaba a la autora de la recomendación, una de esas personas que sobrevaloran la importancia de los esquemas narrativos o 'técnicas' por encima de la natural fluidez del estilo que los lectores no imbuidos de los prejuicios que, como parte de la formación profesional que brinda, inculca la Facultad de Filosofía y Letras, ponemos en primerísimo lugar. El digresivo Miguel de Cervantes, divertidísimo contador de historias disparatadas de voluntades entusiastas sin rumbo fijo, iniciador de la línea continuada por Panchois Rabelais o Laurence Sterne o algunos norteamericanos, hubiera estado completamente frito con lectores de esta índole. Una escuela de deportes no puede fabricar a Maradona o Pelé, e igualmente un taller literario no puede producir a Borges o Stevenson, para desesperación de los conductistas extremos. Rin Tin Tin mata Pavlov, para decirlo en términos de juego de naipes. <i>Lo que Natura non da, Salamanca non presta</i>, por mucha cultura que uno acumule y muy inteligente que se fuere.<br /><br />Un tercio de la edición de Crítica, la que adquirí para leer la obra, está ocupado por un ensayo crítico sobre el autor y su obra y por notas eruditas y un vocabulario. Sí: notas eruditas y un vocabulario, precedidas de un ensayo. Porque a diferencia de Baroja, por ejemplo, hábil industrial de la novela que apuntaba a contar una historia a un gran público y prefería no meterse con palabras que no se oyeran en el lenguaje común y ahuyentaran a los lectores, Martín-Santos abusa de las rarezas lexicográficas y de la exhibición de lenguaje técnico de las ciencias y otras referencias hipercultas. Su lectura requiere más explicaciones al lector ingenuo que la de Bartolomé Torres Naharro, Soto de Rojas, Trillo Figueroa o un poema japonés de la época del Shogunato Tokagawa, por no incluir a las ilegibles listas-memorandum destinadas a efectuar compras en el almacén que componía, con caligrafía proletaria, una de mis abuelas, no diré cuál de las dos.<br /><br />Imaginen, por ejemplo, que el patán letrado autor de estas impertinentes líneas tratara circunstancialmente en un texto literario de la noción de 'obligación'. Si procediera como el Doctor Martín-Santos, entonces no debiera dejar pasar la oportunidad para destacar que todo buen Licenciado en Derecho (servidor) hará una tajante distinción, para nada semántica, entre "obligación", "deber" y "carga". Que la denominada "obligación" no es sino el enunciado matemático en que se parte de la existencia de: a) una fuente (F), que puede ser un contrato, una ley o un hecho al que se otorga un efecto jurídico determinado para ciertas personas; b) un "obligado" o "deudor" (D) y c) un "acreedor" (A), sin contar que además ha de existir, como requisito "sine qua non", d) una "prestación" (P) o actividad o abstención del deudor a que da derecho la fuente. Y el enunciado, en letras, porque se puede extender en símbolos, sería entonces más o menos este: <i>"Dada F, debe ser P de D a favor de A, quien puede (o no) exigir"</i>.<br /><br />Obviamente, si tal digresión ocurriera, como acaba de ocurrir, mis hipotéticos lectores me dirían: <em>"pero, Alfredo, (CENSORED), ya sabemos que te graduaste de abogado, (CENSORED) haciéndote el jurista de nota, (CENSORED) contanos de una vez qué pasó al final con el tipo ese que se obligó a entregar una libra de su carne al usurero veneciano (CENSORED-CENSORED-CENSORED)"</em>. Eso sin considerar que si en la vida real quien estas líneas escribe trajera pedantemente el enunciado matemático de marras a consideración de sus clientes, éstos se buscarían sin más trámite otro abogado para cobrar el cheque o eludir su pago; creerían estar en presencia de Ramtés, el Hombre Mirando al Sudeste.<br /><br />Hecho este paralelo para dar a entender mejor el por qué no me ha gustado un comino "Tiempo de silencio", concluyo que, en comparación con el proceder de Martín-Santos, resulta que el Góngora de las "Soledades" o el "Polifemo" sería más comprensible para el lector no iniciado aun sin el celebrado esfuerzo de Dámaso Alonso, que hacia 1927 contrajo la calvicie en plena juventud intentando poner al alcance del gran público los arcanos del "archipoeta de Córdoba". Opino que Alonso, buen poeta él mismo, se inventó "schwobiana y borgianamente" muchas de sus notas eruditas para hacerlo quedar bien a Góngora, del mismo modo que algunos elogian con artificiosos fundamentos la novela de Martín-Santos porque será políticamente correcto.<br /><br />Dos veces intenté llevar a cabo la lectura íntegra de "Tiempo de silencio" y sus comentarios, con fatiga no exenta de la esperanza de ser capaz de encontrarle otro sentido que la mera descripción de un estado de ánimo sociológico a la acumulación de ripios y palabras en desuso del novelista español. A la tercera, tercer desistimiento en tres años, y conclusiones que aquí tenéis, damas y caballeros, de cuerpo presente. Tengo sueño todavía, y ya se me hizo largo para bostezo: aquí concluye el sainete; perdonad sus muchas faltas.<br /><br /><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><strong>[Luis Martín-Santos: "Tiempo de silencio"; Crítica, Barcelona, 2000; 291 páginas]</strong></span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-116066486206386039?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com6tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-1154707167715653932006-08-05T12:53:00.002-03:002008-08-28T11:54:15.057-03:00Por si regresáramos<p align="justify"><span style=";font-family:verdana;font-size:85%;" >"...De vez en cuando, en los días de viento, bajaba hasta el lago, y pasaba horas mirándolo, puesto que, dibujado en el agua, le parecía ver el inexplicable espectáculo, leve, que había sido su vida.-"<br /><b>[Alessandro Baricco: "Seda"; traducción de Xavier González Rovira y Carlos Gumpert, Anagrama, Barcelona, 2003, páginas 124/125]</b></span><br /><br />La aventura de Internet parece haber terminado o estar mutando. Algunas conductas propias de la vida cotidiana, la de carne, hueso y piedra, se han multiplicado en la red hasta quitarnos a muchos el goce de recorrerla con frecuencia. La historia continúa, y aquí quedará esta bitácora, este ejercicio de sospecharse a sí mismo y a los demás, acertándole a veces un disparo a la verdad, como Guillermo Tell, que en realidad no lanzó con angustia de padre de familia en apuros una certera saeta hacia una manzana puesta por mano de sus enemigos sobre la cabeza de su pequeño hijo, según cuenta la vil leyenda urbana suiza, sino que dirigió, sonriendo cínicamente, su flecha más mortífera - yendo a dar apenas por accidente allí - hacia una uva moscatel colocada primorosamente sobre la testa de su amada suegra.<br /><br />Cuentan ucronistas dignos de fe que, desesperado tras fallar en su propósito de atravesar como churrasco de croto blanco tan fácil como el cráneo de la indefensa madre de su cónyuge, el hasta entonces infalible arquero helvético inició la famosa cabalgata que, para perpetuar el equívoco del heroísmo generador de naciones, inmortalizarían sucesivamente el folklore suizo, Schiller, el maestro Rossini y sus ayudantes, y - principalmente - <i>El Llanero Solitario</i>.<br /><br />A uvas situadas en la cima del cráneo de su suegra parece apuntar en sus mejores momentos mi paisano Andrés Calamaro, ese músico popular tan amante de la vida tóxica e hincha de Independiente (nadie es perfecto). Y aunque su hermano Javier cante mejor, las palabras del Calamaro <i>senior</i> suelen dar en el blanco. Él mismo nos lo avisó hace muchísimos años: <b>"Fabio Zerpa tiene razón: los marcianos están atacando la Tierra a traición"</b>, así que Dios nos arme de paciencia para convivir con los referidos marcianos.<br /><br /><i>Vergiss mein nicht</i> es el nombre que en idioma alemán identifica a cierta plantita que en cagaste llano se suele conocer como "Nomeolvides". La solía cultivar en grandes macetas mi abuela materna, amable señora que decía a sus nietos aquello de <i>"para mentir y para hervir leche hay que tener memoria"</i>. Será hasta alguna vez. Abrazo de gol a los terrícolas cibernautas y reiterados besos a las terrícolas pulposas.<br /><br /><span style=";font-family:verdana;font-size:85%;" ><b>Para no olvidar</b><br /><i>(de Andrés Calamaro)<br /><br />De un tiempo perdido, a esta parte esta noche ha venido<br />un recuerdo encontrado para quedarse conmigo.<br />De un tiempo lejano, a esta parte ha venido esta noche<br />otro recuerdo prohibido, olvidado en el olvido.<br /><br />Sentimentalmente para remediarlo,<br />voy a quedarme contigo para siempre.<br />Pero puede que te encuentre últimamente,<br />entre tanto me confundo con la gente.<br />Sentimentalmente nuestro por ahora<br />es el nido que el olvido ha destruido;<br />y si el viento me devuelve a tus orillas,<br />serenamente, será dormido...<br />Serenamente, será dormido.<br /><br />De un tiempo lejano a esta parte ha venido perdido,<br />sin tocarme la puerta, un recuerdo entrometido.<br />De un tiempo olvidado ha venido un recuerdo mojado<br />de una tarde de lluvia, de tu pelo enredado.<br /><br />Como siempre que se cambian los papeles<br />voy a quedarme dormido en tu cintura.<br />Y si me despierta el día presumido,<br />déjame quedarme un poco en las alturas.<br />¿Para qué contar el tiempo que nos queda?,<br />¿para qué contar el tiempo que se ha ido?,<br />si vivir es un regalo y un presente<br />mitad despierto, mitad dormido,<br />mitad abierto, mitad dormido.<br /><br />Sólo sé que no sé nada de tu vida,<br />sólo me colgué una vez en el pasado.<br />Presenté mis credenciales a tu risa<br />y me clavaste una lanza en el costado.<br />Creo que no te dejé jugar con fuego:<br />sólo nos dijimos cosas al oído.<br />Y si un día te encontrare, una mañana,<br />será posible, será dormido, será posible, será dormido...<br /><br />Y si un día te encontrare, una mañana,<br />será posible, será dormido, será posible, será dormido.</i></span></p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-115470716771565393?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com13tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-1149442282539429782006-06-04T14:26:00.002-03:002008-08-28T11:54:07.486-03:00¿Legalización?<p align="justify"><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;">Antes de dejar congelada por un tiempito más o menos largo la bitácora (la realidad inmediata me reclama), subo esto que sigue, mejora de un borrador de post que escribí -y finalmente no me atreví a publicar- para un foro. Quizás sea un disparate. Se está intentando abrir un debate legislativo acerca de estos asuntos, y en mérito a la tendencia argentina a importar modas bobas de las Uropas, como la creencia <i>escohotadiana</i> en el carácter de vegetal decorativo de ciertas plantitas...<br /><br /><b>"...¡Mentira, mentira! - yo quise decirle -<br />las horas que pasan ya no vuelven más..."</b><br /><i>(estribillo de "Volvió una noche", famoso tango argentino del uruguayo-francés aporteñado don Carlos Gardel y el excelente poeta brasileño aporteñado don Alfredo Le Pera; con acompañamiento de arpa guaraní sería un antecedente musical del bloque regional en estado de coma llamado 'Mercosur':-))</i></span></span><br /><br />Los efectos producidos por los alucinógenos son imprevisibles porque dependen tanto del contexto y el componente biológico y psicológico del consumidor como de la vía de ingestión y la dosis empleada. La <i>Cannabis Sativa</i>, de la que se extrae la marihuana, contiene el alucinógeno <i>tetrahidrocannabidol</i>, abreviado a THC. Si fuera un fármaco, diríamos que ese es el 'principio activo' del específico. La cantidad varía según el tipo de planta, el clima y la calidad de la tierra, y para colmo la mayoría de la marihuana se vende con aditivos químicos, lo que produce daños anexos en el cerebro. Un comentario marginal: gracias a la mejora de técnicas de cultivo y a los aditivos, la marihuana que le propinan hoy, año 2006, a los consumidores, es de diez a quince veces más potente y llena de porquerías anexas que la que se fumaba, entusiasta, el prócer rastafari Bob Marley, que mientras tecleo estas líneas suena cantando "No woman, no cry" en mis potentes altavoces. </p><p align="justify">Este THC actúa como depresor y desorganizador ('alucinógeno') del sistema nervioso central y es consumido de tres maneras: a) como 'marihuana', cigarros de pura yerba o mezcla de marihuana con tabaco y vaya uno a saber qué más (aclaro que en los cigarrillos normales tampoco sabemos muy bien 'qué más' le meten las tabacaleras al tabaco, sobre todo al rubio que pasa por ser menos nocivo sólo porque apesta menos con su olor), b) como 'haschisch', que se saca prensando la resina de la planta y trae un veinticinco por ciento más de THC que la marihuana, y c) como 'aceite' obtenido de mezclar la resina con algún solvente (acetona, alcohol o nafta).<br /><br />Según bibliografía médica coincidente con relatos de consumidores y ex consumidores conocidos míos, se percibirían sensaciones de calma y bienestar, hambre, locuacidad e hilaridad, taquicardia, enrojecimiento de los ojos, dificultades para controlar procesos mentales complejos, seguidos -porque no todo es felicidad en esta vida- por depresión, somnolencia y sensación de descenso o ascenso de la temperatura corporal, esta generalmente en sentido inverso a la temperatura ambiente. En dosis altas provoca confusión permanente, letargo, estados de pánico. <i>Percepción alterada de la realidad</i> como la describe (pero respecto de su experiencia con la mescalina) Aldous Huxley en "Las puertas de la percepción", en suma. Y aquí, en la percepción alterada, me detengo. Porque esta droga dicen algunos que es divertidísima e inofensiva, pero no me parece lo sea tanto. ¿Razones? Los que dicen saber aducen varias.<br /><br /><i>Primera</i>: El THC no es soluble en agua. Al igual que sucede con el peyote o el LSD, por ejemplo, los efectos podrían llegar -según el grado de consumo y el metabolismo de cada uno- a reaparecer como <i>'flashback'</i>, que dicen los especialistas, manifestándose repentina e inesperadamente años después de haber dejado de consumirlo habitualmente; además causa daños permanentes en la memoria, sobre todo la memoria a corto plazo, la de lo que te está pasando ahora o te ocurrió hace poco. El cerebro afectado sólo procesa del todo lo que ya le ocurrió hace largo rato, porque la marihuana produce cambios en la estructura de las células cerebrales, especialmente la conexión entre las neuronas (te jode los axones, las dendritas, la mielina) del lóbulo frontal del cerebro. Es decir que según la personalidad del consumidor altera la capacidad de razonamiento, atención y aprendizaje, adormece o exalta -según la persona y la porción de masa cerebral donde se haya ido a alojar esta simpática sustancia- los sentidos y la capacidad de reacción. Así que si uno tiene algún ser querido (amig@, pareja, herman@, etcetera) que sea ex consumidor/a, deberá ponerle toda la mejor disposición del mundo y ser sumamente paciente, porque cuando aparecen sin aviso estas recidivas o crisis fisiológicas suelen deprimirse inexplicablemente, discutirnos sandeces sin nombre durante tres cuartos de hora, vomitar cualquier cosa que comen, sentir cambios de temperatura corporal (curiosamente siempre en sentido inverso a la ambiente) o tener angustias incomprensibles.<br /><br /><i>Segunda</i>: El cerebro es capaz de traer al presente recuerdos de tiempos lejanos gracias a una parte del cerebro llamada <i>cíngulo anterior</i>, relacionada con enfermedades como la depresión y el mal de Alzheimer; consiste en un sistema de enseñanza que toma la información de los circuitos emocionales humanos y luego la envía a todas partes de la corteza cerebral. Los científicos conocen desde hace mucho que una parte del cerebro llamada <i>"hipocampo"</i> es la encargada de almacenar los recuerdos recientes. Sin embargo, esta estructura no guarda la información de manera permanente. De acuerdo con los expertos, una reducción de la actividad del cíngulo anterior puede ocasionar apatía, depresión, pérdida de atención y otros problemas.<br /><br /><i>Tercera</i>: El cerebro humano tiene, según parece, un equilibrio químico que no se debe cambiar si se quiere mantenerlo bajo control. Aproximadamente el tres por ciento de la población mundial nacería con una predisposición genética a padecer esquizofrenia. Esta enfermedad se produce por un aumento en la cantidad de <i>dopamina</i>, un neurotransmisor que facilita la conexión entre las neuronas. Su aparición siempre obedece a algún disparador, puede ser una crisis vital, un stress alto o el consumo de una droga ilegal. La marihuana (y no sólo la cocaína, el LSD y otras drogas ilegales) activa fuertemente la producción cerebral de dopamina.<br /><br />Según médicos y psicólogos especializados, y véase <b>sólo como muestra</b> <a href="http://www.ciencia-hoy.retina.ar/ln/hoy61/marihuana.htm">lo que dice al respecto un investigador brasuca, de la Universidad de San Pablo</a>, habría a partir de todo lo expuesto evidencia científica bastante contundente de que la marihuana acaba por alterar con efectos irreversibles la memoria a corto plazo, la fertilidad en ambos sexos y el ciclo menstrual de las mujeres, y arruina el sistema inmunológico de modo tal que quien la haya consumido mucho tiempo luego resultaría mucho más proclive que el que no lo ha hecho a contraer simpáticas enfermedades mentales como la esquizofrenia (aguantate a un esquizofrénico, si tenés huevos), y puramente fisiológicas de diverso tipo; entre estas aumenta el riesgo de padecer reiteradas bronquitis y neumonías, úlceras y cánceres. Puede resultar más cancerígena la marihuana que el tabaco, pese a la leyenda urbana que fomentan los traficantes en el sentido de que la cosa es al revés y resulta más 'sana' la "yerba" que la Nicotiana Tabaca, leyenda que fomentan también algunos abolicionistas de la prohibición, pero eso ya nos introduce en otras discusiones, como por ejemplo la de quién hace publicidad de estas cosas y por qué, y la de qué es peor, si punir el tráfico y/o el consumo o dejarlos ser a uno, al otro o a ambos dos. Hay otra leyenda urbana - ésta, fomentada por las 'fuerzas represivas', e igualmente falsa, y ojo que lo afirman la poli y algunos políticos, atención, y si uno es buen ciudadano entonces 'no se puede' ni intentar discutir esta arbitrariedad - que dice que todo usuario experimentará necesariamente luego con otras sustancias más peligrosas, cuando en realidad la mayoría de los marihuaneros que uno se cruza por el mundo son consumidores ocasionales, o que se engancharon pero no pasaron luego a otras sustancias, así que eso no me lo creo.<br /><br />Lo irónico (y nada gracioso) es que uno muchas veces ha escuchado la defensa del porro u otras sustancias alucinógenas hecha por algunos ex consumidores que manifiestan síntomas como los que describí arriba y aun así nos quieren vender el cuento de que drogarse les resultó innocuo. Y eso, cuando en pleno 'flashback' otr@ que no es su propia personalidad de cuando están desintoxicados nos ha discutido más de una vez con los argumentos más atrabilarios la correcta interpretación de cualquier amable e inocente frase nuestra de hace cinco minutos. Para justificarse, suelen embestir contra la coca y otras drogas duras, desviando el centro del debate hacia esas 'drogas malas' que ellos no consumieron o consumen porque tienen -dicen- control suficiente (nadie lo duda: si con los alucinógenos lo pasaron bomba, y obtuvieron lo que les satisface), y he aprendido en los hechos que supuestos ex consumidores ocasionales no abandonan nunca del todo a Doña Cannabis Sativa, en especial si son fumadores y les andan revoloteando alrededor suyo relaciones familiares y/o amistades que fabrican o trafican y convidan no genuinos cigarrillos rubios ordinarios sino lisos y llanos porros caseros, cosa harto fácil de que suceda.<br /><br />Acotaciones de abogado de menor cuantía, pero con un poco de sentido común. La primera: <b>punir el consumo de drogas es una de las cosas más idiotas que se pueden hacer</b>. Es como punir una sífilis, o el engriparse, o el estar neurótico; exactamente igual de absurdo: un retroceso intelectual en la noción de justicia. El tráfico, incluyendo en la definición de "tráfico" a ese simpático vecino o pariente del adicto que cultiva cannabis en su propio balcón y lo regala a sus seres queridos, ya es otra cosa, porque legalizar la comercialización y el suministro gratuito sin control facultativo de las sustancias que denominamos 'drogas' deja siempre en pie el problema del consumidor (la persona enferma) que es una tremenda carga para sí y para terceros. <b>O sea, respecto del consumidor, tampoco se puede salir por la tangente con el fácil recurso tan caro a algunos 'juristas' de la responsabilidad individual (esa utopía, tratándose de enfermos) como solución al haberse hecho adicto</b>. Porque en general, nadie le quita el porro de la mano a su novia, su amigo o su hermano, o a su vecino. Así que si 'los comprendemos' y los 'toleramos', bueno: a jodernos luego; hemos perdido el derecho de dejarlos abandonados a su suerte. La segunda: más que liberar el tráfico de sustancias perjudiciales para la salud habría que dejar a los traficantes sin mercado; a la larga resulta mejor negocio, a menos que se quiera vivir en un capítulo del "1984" o del "Brave New World" y añejas novelitas por el estilo.</p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-114944228253942978?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com23tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-1149349305564644012006-06-03T00:25:00.002-03:002008-08-28T11:53:57.837-03:00Universidad Burrocrática Argentina, Sociedad del Estado<p align="justify"><span style=";font-family:verdana;font-size:85%;" ><strong>"Iré por el camino más largo -le dije-. La carretera principal. No por el sendero de la colina. El embrague me está fallando. ¿Por dónde doblo?"</strong> <em><br />[Theodore Sturgeon, 'Más que humano'; Traducción de José Valdivieso para Minotauro, Buenos Aires, 1968, pág. 113]</em></span><br /><br />El ejercicio del poder no cambia a las personas: las revela a otros y a sí mismos, en sus mejores y peores aspectos, aun los más insospechados, los que están latentes y se niegan a aceptar como reales. También revela ese ejercicio, asociado al transcurso del tiempo, la naturaleza de las instituciones. Y cada tanto nos encontramos reflexionando a propósito de las dificultades que hay en el camino de quienes intentan ir por donde nosotros ya hemos pasado.<br /><br />La Universidad, <em>long ago &amp; far away</em> (© William Henry Hudson), antes de su "apertura", cumplía la función de otorgar diplomas que identificaban a un señor como perteneciente a alguna de las oligarquías que hicieron la República meramente Argentina versión 2.0, la de entre 1870 y 1945. Abogado, médico, contador público o ingeniero, eran títulos vinculados a técnicas de control social necesarias para el ejercicio de las reales cuotas de poder adquiridas por ciertas familias.<br /><br />Luego, y como consecuencia de una serie lenta pero persistente de cambios sociales, empezó a hacerse notar el paulatino acceso a la Universidad de hijos de comerciantes o empleados públicos o de empresas de servicios u obreros especializados y bien pagados, personas que no estaban vinculadas de ninguna manera al sistema político tradicional.<br /><br />Este fenómeno, iniciado durante las primeras dos presidencias de Perón, se hizo definitivamente masivo en los años sesenta. También se fue ampliando el abanico de carreras posibles. Como estos nuevos estudiantes y egresados de la Universidad pública "post 45" <b>ya no tenían real poder político</b>, y hasta sucedía que a muchísimos la militancia política les importaba un pito (servidor de todos ustedes <b>:-)</b>), los que de entre ellos fueron más hábiles para "acomodarse" empezaron a despuntar el "vicio de clase dirigente" copando paulatinamente los puestos de funcionario en el sistema de enseñanza: cátedras, jerarquías administrativas, profesorados auxiliares, profesorados terciarios y secundarios, representaciones gremiales y cuanto sirve para hacerse ver y sentirse importante, amén de cubrir toda tarea institucional que los "oligarcas" (como los llamarían los peronistas) o "chanchos burgueses" (como los llamarían los zurdos) ya no estuvieran interesados en desempeñar.<br /><br />A partir de entonces, el ámbito universitario pasó a estar condicionado por la presencia de unos tipos pedantes, resentidos, con fuertes complejos de superioridad o inferioridad, manipuladores, intolerantes, por consiguiente autoritarios. Potenciales pacientes de psicólogos y psiquiatras, <i>of course</i>.<br /><br />Como muestra de su "modernidad" y adhesión a lo que entienden por el signo de los nuevos tiempos (que lo mismo puede ser "lo que se usa en Europa", "lo último que salió en Gran Bretaña o los Estados Unidos" o la dramática -por los muertos que costó- "liberación nacional y social", u otras hipócritas sanatas semejantes, pongo por caso algún tipo de revolución o reacción), estos personajes dedicaron su tiempo a la Universidad que, concebida en el siglo XIX para ser usada por privilegiados CON PODER POLÍTICO REAL como signo externo de pertenencia a la oligarquía, ahora era funcional al ascenso y parasitismo de otros sectores.<br /><br />Así que nuestros amiguitos <em>tecnoburrócratas</em>, so pretexto de democratizar la institución universitaria, noción que uno entendería ha de ser sinónimo de mantener la calidad intelectual de sus institutos apoyando el ingreso de cualquier hijo de vecino CON VOCACIÓN UNIVERSITARIA (es decir, no un mero coleccionista de cartulinas que lo acreditan como Licenciado -servidor de todos ustedes, nuevamente- o Doctor -unos pocos con más cerebro o mejores padrinos que yo-, sino <i>alguien interesado en aprender un oficio intelectual preciso porque su naturaleza personal lo impulsa hacia ello</i>), procedieron a desmantelar el fruto del esfuerzo de aquella oligarquía en vez de difundir a todos los ciudadanos que así lo requirieran sus provechos antes restringidos arbitrariamente a una minoría.<br /><br />En otras palabras, para que los de las generaciones que siguen, más numerosos que ellos y tan bien preparados como ellos lo estaban, no los desplazaran luego de sus miserables quintitas que cuidaban <b>y cuidan</b> como si fueran auténticas y solariegas estancias, se cargaron lisa y llanamente el otrora excelente sistema de instrucción pública argentino, en vez de mantener lo mucho que de bueno tenía y revertir el carácter "domesticador de rebeldes" y "generador de asensos automáticos" y cambiarlo por el sano espíritu crítico y la creatividad.<br /><br />Por esta vía clientelística, en diversos oficios que requieren para su ejercicio la graduación universitaria y/o la matriculación se ha ido formando una prolija especie de 'tecnoburocracia' que sólo selecciona y promueve los trabajos de determinados 'amigos de la casa'. De esta guisa, uno - sin ser ni querer ser docente ni administrativo UBA - puede ver a amigos de real valía desviviéndose por abrirse paso en el mundo de su especialidad mientras engendros paridos por destacadas nulidades intelectuales (basta con leerlos y notar cómo sus textos definitivos siempre parecen malos borradores) son publicados con bombos y platillos por el mero hecho de ser hijos o sobrinos de alguien que en su momento tuvo un cuarto de hora de fama, o porque sus declaraciones sobre posturas políticas o estéticas van en el sentido de la opinión pública que ciertas empresas o sectores de poder desean formar en los ciudadanos-consumidores. Y un largo etcétera, encabezado por el <em>'compartir lecho con'</em> y el <em>'ser amigo de'</em>. Todo lo cual, me temo, es la manifestación en el campo de la enseñanza universitaria de una general pérdida de las libertades individuales: aquí también vale eso de que 'las ventajas comparativas también se crean' (léase: uno puede desvirtuar mercados para llevarse el toco mientras los ingenuos que creyeron ser parte de unas circunstancias espontáneas se quedan llorando a la vera del camino).<br /><br />La Universidad estatal argentina hace décadas que no tiene nada que ver con la oligarquía. Sin embargo hoy la situación del estudiante ajeno a los circuitos del poder es peor que en 1917: son los pobres más pobres de nuestro país los que pagan a personas hijas de comerciantes o empleados públicos o profesionales de clase media, que a veces tienen buenos empleos en un país lleno de gente en el paro, sus estudios universitarios, mientras no pueden ayudar a la propia prole a cursar los preparatorios para acceder a esos mismos estudios. Los audaces y muchas veces ingenuos infiltrados, que todavía los hay, lo pasan tan mal como algunos lo pasamos otrora.<br /><br />Así se mantienen establecidas diferencias "de clase" que no se originan en la mayor inteligencia, esfuerzo o suerte de cada cual sino en la ley no escrita de la "nivelación para abajo", el "<i>semos todos iguales</i>" y la prepotencia de un sistema de castas que se finge democrático, se pretende igualitario tomando como ideal la mediocridad que no se remite jamás a instancias superiores, y hasta hipócritamente dice tener sentido "social". Basta con mirar como funcionan la mayoría de los Colegios profesionales.<br /><br />La Universidad de Buenos Aires es actualmente de una perversidad moral, sociológica, económica y sobre todo jurídica que espanta. A quienes menos ingresos devengan (cuando tienen trabajo) este sistema perverso los obliga a contribuir al sostén de esta entidad autárquica vía impuestos indirectos al consumo (ejemplo: IVA a la manteca, a los fasos, a la cerveza, a la leche, al pasaje de colectivo, a la factura del gas, a los preservativos, y un largo etcétera, que por ahora no alcanza a los libros) aunque no vayan a poder en los hechos usar realmente el servicio. Si cada trabajador-burro de carga, desempleado-desesperanzado o cartonero-bestializado tomara conciencia de lo que le exacciona Papá Estado por distintas vías a lo largo de cada año para mantener esta situación tendríamos una como la del 17 de octubre de 1945 o diciembre de 2001. Me vienen a la memoria los nombres, apellidos y rostros de antiguos compañeros de la Facu que no se pudieron graduar porque no tenían plata para seguir viviendo en Buenos Aires, o hasta porque debían elegir si le daban de comer a sus familias o compraban el abono del tren suburbano que los acercaba a los ya entonces (años ochenta) patéticos institutos de la UBA. </p><p align="justify">La mayor parte de las carreras universitarias de ingreso masivo tienen como función prepararte para que mantengas el orden social establecido a cambio de tirarte unas migajas. De eso la mayoría de los giles que las hemos cursado creyendo simplemente estar adquiriendo cultura superior y capacitarnos para un laburo tomamos conciencia a medida que se nos va la vida, con nuestro diploma esforzadamente adquirido colgado de la pared para impresionar a las víctimas, digo clientes, o guardado hecho un prolijísimo rollito papiresco dentro de un tubo de plástico.<br /><br />Estamos asistiendo a una serie de escenas pintorescas a propósito de la administración de los fondos que se asignan a la entidad universitaria autárquica más importante de la República meramente Argentina y los negocios paralelos que sospechamos (sabemos) allí se hacen: escenas de pugilato, chicanas de todo tipo, intervención de personas que nada tienen que hacer tomando decisiones en lugar de las autoridades universitarias y un relajo de la sana y legal disciplina que espanta y que ha llegado a derivar en hechos policiales. La única razón por la que algunos no nos presentamos a devolverle a la puta UBA el diploma que nos acredita como licenciados o doctores en algo es que, por mucha vergüenza que nos dé actualmente haber egresado de semejante institución, debemos seguir ganándonos la vida con lo que allí, mal que nos pese, se supone aprendimos a hacer. En realidad lo que sabemos hacer lo aprendimos tras egresar, golpeándonos la cabeza contra las paredes, porque la venerable entidad autárquica - salvo esfuerzos individuales de puntuales profesores que se compadecieron de 'los educandos' - no nos preparó en absoluto para el mercado laboral real sino para el de la República Popular Pasatista de Disneylandia.<br /><br />La política no es nada de lo que los señores que disertan sobre política en ciertos foros creen ingenuamente que es. La política es Economía más Derecho, no una actividad literaria en que se debate cómo construir la Nova Ínsula Utopía o la Ciudad del Sol. Esas, Economía y Derecho, son las carreras que estudian por lo general, en la Universidad nacional o en las mejores de las privadas, los hijos de los empresarios, los banqueros y los políticos, que los giles creen que se van a esas carreras porque son fáciles (nada más falso: los desafío a que intenten, sin poseer las herramientas mínimas, hacer la exégesis del título de las obligaciones del Código Civil o desarrollar un plan económico sustentable para un quinquenio, a ver si eso es tan fácil como imaginan) y los suponen incapaces de hacer otra cosa. Pero esos - no todos los abogados y contadores, sino los que son del medio social "del que hay que ser para mandar en la Argentina" - son los que acaban, desde la política, el mundillo de las finanzas y de los negocios a gran escala y por supuesto las jerarquías de la Administración Publica, imponiendo a los que en su juventud se creían "despiertos", "cultos", "inteligentes" y "vivos" sus intereses y sus políticas, a veces disfrazadas de progresismo, pero siempre egoístamente autoritarias. La última moda de estos señores es hacer la apología mediática de la tecnología y la ciencia, con la segunda intención de perpetuar a la santa tecnoburocracia, por los siglos de los siglos, amén...</p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-114934930556464401?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-1148592095538532702006-05-25T18:18:00.000-03:002006-10-28T16:56:53.770-03:00Del Caos, el Cosmos, el sueño de la razón y las personas que son, sin saberlo, el Diablo.<p align="justify"><span style="font-family:arial;font-size:85%;"><strong>"Un caballero de la calle Caracas resolvió negociar su alma. Siguiendo los ritos alcanzó a convocar a Astaroth, miembro de la nobleza infernal.<br />- <em>Deseo vender mi alma al diablo</em>- declaró.<br />- <em>No será posible</em> -contestó Astaroth.<br />- </strong></span><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;"><strong><em>¿Por qué?<br /></em>- <em>Porque usted es el diablo."<br /></em>[Alejandro Dolina, 'Crónicas del Ángel Gris', cap. Veintidós: "Pactos diabólicos en Flores", Montevideo, Ed. De la Urraca, 1988, pág. 125]</strong></span></span><strong><br /><br /></strong>Pueden encontrarse en autores como Swedenborg, Papini, Bierce, Lugones, Hesse y otros, narradas directa o indirectamente, situaciones similares a la de la cita precedente. En efecto, no pocas veces nos desayunamos, con el feliz deterioro ocasionado a nuestras Augustas Personas por el mero transcurso del tiempo y el (creemos que buen) uso de nuestras facultades mentales, de quiénes somos realmente nosotros y quiénes resultan ser los demás, por conocidos que éstos fueren.<br /><br />Es que a cierta edad uno cree haber aprendido a no considerar a nadie por más de lo que ha demostrado valer; no pocas veces hay desagradables sorpresas con nuestros semejantes: el dinero, el poder, la ambición, hasta el mero ejercicio del egoísmo, desenmascaran a muchos que no es que le hayan vendido el alma al Diablo sino que SON prolijamente el Diablo. Y lo peor es que ni ellos se dan cuenta, ni los que les han puesto afecto y esperanza han querido verlo hasta constatarlo a sus expensas.<br /><br />Sucede con políticos, amigos de la infancia, familiares directos, socios, amores y admirados deportistas, artistas o intelectuales. Por eso, pasados los treinta y cinco, uno empieza a descubrirse teniendo -a su pesar- muchos ex amigos, ex ídolos, ex familiares, y así. Al menos, eso ocurre en mi caso ;-).<br /><br />La palabra escrita, por ejemplo, en estos tiempos modernísimos empleada como vector en cartas, foros, blogs, grupos de debate cultural, intercambio cibernauta de videos y MP3 y demás yerbas, sirve a quienes tienen aptitudes para expresarse certeramente como instrumento para terminar de descubrir quiénes son y para comprender quiénes resultan ser otras personas que se han retratado cabalmente por sus propias palabras y preferencias. Asunto ya tratado en esta misma bitácora <a href="http://intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com/2005/02/qu-hacemos-y-quines-somos-en-el.html">en este viejo post</a>.<br /><br />Ha de ser la vejeztud, imagino, lo que en los últimos años me ha llevado de lamentar los repentinos cambios de conducta en determinados seres humanos a comprender que el salame que no sabía ver lo obvio en ellos, es decir la sinuosidad de sus conductas y su natural desmesura, era yo. Así las cosas, se me ocurrió tiempo atrás, mientras dejaba un comentario en otra bitácora, que esto del descubrimiento de la verdadera esencia moral de las personas y de la toma de conciencia individual es algo tan complejo como el ordenamiento de las bibliotecas personales; eso de poner y sacar 'otros mundos' de nuestra estantería de coleccionistas que los han encajado en la caprichosa cuadrícula de nuestra propia óptica acerca del Universo.<br /><br />Comprendí entonces cuánto tiene que ver el uso que demos a ese ordenamiento personal con el haber llegado a comprender que nadie puede caminar en los zapatos de otro, ni a mirar con otros ojos que los propios, por mucho que psicólogos, sociólogos, 'politólogos' y últimamente hasta supuestos expertos en ciencias exactas y naturales (que deberían repasar sus fundamentos epistemológicos antes de abrir la boca) se esfuercen por demostrarnos contra viento y marea que el oficio de zahorí sigue siendo tan válido y sagrado hoy como en los lejanos tiempos de Asurbanipal III, Darío el Grande, Alejandro de Macedonia o Moctezuma II. A veces uno, que no simpatiza mucho con ellos, lamenta que tipos como Arouet-Voltaire o Swift se hayan muerto. Al menos, nos harían pasar buenos ratos despanzurrando los egos y delirios irracionalistas de algunos 'científicos'.<br /><br />La razón ha sido hecha para servir a los fines de la vida y -como explicara Goya al retratar mutantes- su sueño produce monstruos, de dos maneras complementarias: a) dejando el lugar del control a los impulsos primitivos más egoístas del ser humano y b) fantaseando al grado de imaginar ser ella misma un absoluto abstracto independiente de lo real, apartándose de su función, cayendo en el delirio subjetivista y meramente lúdico en vez de clasificar objetos para poder tomar decisiones aproximadamente realistas. La hipertrofia de la inteligencia es a veces peor que la simple y sana ignorancia, que al fin y al cabo se supera instruyéndose. El problema se da cuando señores muy pero muy inteligentes, hasta con grados y posgrados universitarios, que debieran estar convenientemente aleccionados por la experiencia histórica colectiva acerca de los concretos riesgos de la paja mental, empiezan a usar la razón siempre en abstracto y a apartarse de la realidad, no conformándose con vivir ellos mismos un ensueño sino pretendiendo además ejercer de matones espirituales para que afirmemos estar viendo los imaginarios enanitos verdes que su ego les hace creer reales. A medida que nos hacemos viejos empezamos a descubrir con preocupación conductas por el estilo en personas que creíamos 'normales'.<br /><br />¿Qué es la normalidad? ¿Qué es el orden? Dicen los que juran saber de Física cuántica (los que dicen que saben, no yo, y si me mintieron ya habrá una o dos personas que comparecerán indignadas a hacérmelo notar) que la naturaleza del cosmos es azarosa, entendiendo por 'azar' a la imposibilidad de calcular a ciencia cierta y mientras estamos en movimiento cuándo será posible que un objeto que probablemente debe estar allí llegue efectivamente a encontarse en esa determinada posición. O sea, que el cosmos consistiría en un simpático caos que nosotros ordenamos según la necesidad del momento. Y de paso entendemos por qué en nuestra adolescencia los profes de matemáticas contaban que en geometrías helenas como la perpetrada por el compañerito Euclides el movimiento no era considerado, y los geómetras de aquellos tiempos necesitaban imaginar un 'momento' congelado en el tiempo para poder desplegar su teórica mecánica del movimiento a la manera de los fotogramas del cine, o cosa así.<br /><br />Alzo la vista, miro la desconcertante distribución de mis libros - que conviene suponer análoga a la de mis pensamientos - y hago memoria del título borgiano "La lotería en Babilonia" (relato cuyo argumento parece el de un partido de fútbol o el de una epopeya política). Me permito opinar que si nuestros semejantes pudieron engañarnos y engañarse, entonces no estaban más lejos de las verdaderas virtudes que las personas dotadas de mayor sinceridad: sólo los ha separado de ellas una toma de decisión. Y no puedo entonces sino concluir que si proporcionalmente una parte del cosmos es análoga al todo, entonces los sabios de la Grecia clásica (y los chinos, recuérdese que todo Yin contiene al menos una mínima porción de Yan, y viceversa) tendrían razón.<br /><br />En <a href="http://intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com/2005/03/palimpsestos-y-ucronas.html">esta otra entrada</a> ya me dio por enlazar <a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/bradbury/ruido.htm">este cuento del viejo Ray Bradbury</a>, a propósito de eso del "efecto mariposa"...<br /><br />¿Quod erat demostrandum?<br /><br /><span style="font-family:verdana;font-size:85%;">(En el Día de la Patria de 2006, a falta de cosa mejor que hacer, dejo estas paranoicas palabras al viento <strong>;-)</strong> )</span></p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-114859209553853270?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com10tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-1144207727741044872006-04-05T00:26:00.000-03:002006-05-22T12:19:56.436-03:00Así se duerme en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires<p align="justify"><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;">"La higuera más próxima se encontraba en una chacra situada a poco más de un kilómetro, y dada la época del año se encontraba cargada de brotes color verde claro." [Manuel Puig. 'Boquitas Pintadas', pág. 239, Sudamericana, Buenos Aires, 12ª edición, 1973]</span></span><br /><br />El tipo no va mucho al cine, pero es muy cinematográfica la manera en que se le cruzaron emociones e imágenes de otros tiempos. Primero fue la silueta del jardinero gordo cortando rosas mientras el pibe se sacaba las legañas. El aroma con que una rosa cortada impregna el aire es inconfundible: hay poemas de Borges, de Rilke y hasta del poco conocido y menos imaginado Cortázar sonetista que lo traen nuevamente con todas sus propiedades a la todavía en este otro siglo normalmente anósmica nariz de aquel niño de 1967.<br /><br />Luego, la secuencia muestra una perrita de la prestigiosa raza Puro Perro, campeona moral en varias exposiciones del más alto nivel internacional, deslizándose, acaso una mañana diferente de la del corte de rosas y césped, por la ventana del dormitorio hacia el lecho del precoz detector de la materialidad de los supuestos emblemas poéticos.<br /><br />La acción discurre en la secuencia siguiente hacia un rincón del jardín donde el padre del sujetito, mientras se espera el secado de la pintura recién aplicada a la cucha de las perras (en esos tiempos arcaicos a los <i>canis familiaris</i> se les construía su casita en madera, en símil "Viviendas Tarzán"), enseña a su vástago las propiedades musicales del corcho frotado sobre una botella vacía de vino Toro, cuyo efecto armónico y contrapuntístico inmediato resulta ser la respuesta del canario, un auténtico <i>chansonnier</i> plumífero que nada tiene que envidiar a los mirlos de archivo sonoro de la discográfica EMI que responden a Paul Mac Cartney en "Blackbird".<br /><br />Ahora el oportuno fundido a negro nos lleva a una mañana, acaso la del día siguiente: un canal de la televisión marplatense emite "Randall, el Justiciero", con Steve Mc Queen. La serie se ve en el blanco y negro de estilo, pero muchos años después varias damas que no se conocen entre sí dirán al entonces niño que sus ojos son iguales a los de Mc Queen. La noche anterior, y si no fue la noche anterior habrá sido una noche cualquiera de esa época, el televisor Philco, tras un partido de uno de los San Lorenzo, porque hay que tener en cuenta que el Milan marplatense y el Ciclón en blanco y negro fotografían igual, y eso ayuda al señor del corcho a asentar la Leyenda de la Imbatibilidad Azulgrana en la ya poderosa mente del pequeño, el televisor Philco, arrastrado del living al dormitorio de los padres del enano mediante una serie de alargues de cable de electricidad (redondo enrollador rojo y blanco como la Sociedad de Fomento o la UCR a la que estuvo afiliado papá) y alargue de cable plano de antena, éste metido en un enrollador ocre (el cable del alargue era transparente y plano, y se veían los filamentos dorados que morían en la ficha blanca), el televisor Philco, más pequeño que el CBS que la abuela tenía en Buenos Aires, refleja un capítulo de "Los intocables": eran cerca de las 22.00 hs. en aquel invierno marplatense, cuando en su lujosa mansión cercana a Cabo Corrientes, al tiempo que las furiosas olas azotaban la escollera, el futuro Presidente de San Lorenzo de Almagro se quedó dormido mientras el joven matrimonio A & M (treinta y dos ella, morocha y Géminis, treinta y uno él, rubio y Piscis) se castigaba con las andanzas de Robert Stack, supuesto el caso que no hayan procedido a menesteres más lujuriosos <b>;-)</b>. Después preguntan por qué me gustan Chandler y el gordo Soriano.<br /><br />Ahora estamos en una oficina de un diario o acaso la sala de redacción de una radio, tras un aburrido paso por el canal de televisión local, donde el señor del corchito ha entrevistado a un funcionario de la dictadura número chiquicientos mil cuatrocientos dos (un poroto en comparación con lo que vino años después) o acaso a un <i>centroforward</i> de madera destinado a que luego con la comisión que recibirán los desinteresados hombres de prensa cuando el tronco sea fichado en Baires vayamos todos a comer como lima nueva en algún sitio caro de la ciudad. Lo cierto es que era un fulano de remera amarilla, circunstancia que viene a hacer mucho más potable a la segunda que a la primera de las hipótesis enunciadas, y ahora el alevín de bitacorero, para vengarse del mortal aburrimiento imperante desde su punto de vista en los medios en que se desenvuelve laboralmente su progenitor, castiga duro y parejo con dos dedos (igual que papá: no hay periodistas dactilógrafos) una Remington de enormes teclas. Años más tarde, acaso por influencia de mamá y seguro como preparación para menesteres propios de ladrones de gallinas de alto vuelo, el nene se hará dactilógrafo, usando todos sus diez dedos al punto de ser reconocido fácilmente por sus amistades en los mensajeros por culpa de su endiablada velocidad así tome la precaución de cambiarse el nick.<br /><br />Lo que queda es una sesión de instantáneas, Polaroids ajadas por el paso del tiempo: algunas vueltas por la playa, asados, una cortina que se incendia al rozar la estufa de querosén, y la gloriosa luna anaranjada de la Ciudad Ombligo del Universo, que años más tarde alguien no quiso mirar al amanecer, iluminando en solitario los veleros de la Revista Naval Internacional que pasaban ante la costa como los barquitos de la caja de Old Spice.<br /><br />Ahora el tipo se ha levantado a mear y, como está completamente loco, después de la micción va a la cocina y se toma dos vasos de Terma pomelo cortado con agua mineral.<br /><br />La lucha continúa: al volverse a amodorrar, regresa a 1970, más o menos. Olmedo, con bigotazos y bombín, aparece en blanco y negro, pero en el tele de la abuela, pantalla de más pulgadas que el de los viejos. El viejo payaso rosarigasino aúlla entusiasta "¡Rucuuucu!!!" y tapa la cámara con la palma de su mano. El televisor está puesto en la puerta de una de las habitaciones, mirando al patio, porque es verano. Circula el matienzo y es de noche en Buenos Aires Portuarian City. A unas diez cuadras está la sede de Huracán: los delata el pertinaz olor a residuo domiciliario que viene del lado sur, desde la Avenida Caseros, a la vuelta del Correo ("...los dos carteros y tres mensajeros del barrio le desean unas Felices Fiestas" <b>;-)</b>: una tarjeta de cartulina blanca con letras azules). El forastero que buscase la cárcel famosa no debería, entonces como ahora, sino orientarse por medio del olfato y hasta tendría la desgracia de dar con esa pintoresca gentuza también, cosa que su amargura sea completa. El Más Grande pasa por su Hora Más Gloriosa: ya ha sido campeón, tras casi una década de espera, y próximamente habrá más Victorias Azulgranas para deleite de los Hombres de Bien. Nadie me ha avisado que semejante circunstancia no es normal: cuatro campeonatos en siete años desborda largamente nuestra media histórica. Hay incomprensibles quilombetes políticos, y uno de mis tíos llega de la Facultad a altas horas de la madrugada relatando al núcleo familiar inverosímiles excusas, y luego se sienta a darle al pan con salame y queso.<br /><br />Una nueva interrupción: la murga del barrio está ensayando su percusión a las dos de la mañana de un lunes, <i>¡porca miseria!</i> Ya que estamos, viene bien una nueva visita a la cocina para ingerir unos bizcochitos que sobraron del mate. Y en el camino de regreso, iluminado por el reflejo de la luz pública municipal, presentar nuevamente nuestros respetos al popular Mr. Ferrum. En aquel lejano 1970 me las hubiera tenido que ver con el Sr. Pescadas, que pese a su apellido luego supe era miembro de una sufrida, estoica familia de níveos sanitarios que se importaban de Gran Bretaña.<br /><br />La tercera secuencia de la película se desata al coincidir la victoria de Morfeo sobre el dúo Eco-Momo y sus Percusionistas Asesinos (lindo nombre para una banda punk). Los brotes de color verde claro de la tela de encuadernación de la cubierta de una selección <i>in English</i> de poemas y cuentos de las hermanas Charlotte y Emily Brontë que su destinataria dijo estar disfrutando como una enana y hasta tradujo para él. También, el tallo severo y negro de una edición CEAL de los "Espantapájaros" de Girondo y la extraña antología "Cuando la ciencia empezó a ser ficción", o título por el estilo, que reunía a Cyrano y a Bierce, entre otros, libros que quitó para ella del desorden cósmico de su propia biblioteca. Y las "Crónicas del Ángel Gris" de Dolina, pero no en su primera edición <i>made in Uruguay</i>, azul y con una cubierta fantástica, sino una nacional más reciente, aumentada y disminuida por su autor.<br /><br />Llegado a este punto, empezó el bello durmiente a inquietarse al advertir que eso ya no era sino un <i>collage</i> fílmico y a tomar repentina conciencia de que si esos libros ya no estuvieran en poder de la propietaria de aquellos ojos negros (sabido es que en su opinión el infrascripto es un cínico de tomo y lomo), entonces acaso el niño que aprendió a percibir el aroma de las rosas hubiera muerto un poco más. Esa sensación era el preludio de una vigilia. Y se despertó, yendo a buscar en plena madrugada otoñal la cita precisa de "Boquitas pintadas" que sirve de preludio a esta fantasmal sesión cinematográfica de medianoche de martes a miércoles. Una improvisación de miércoles sobre el fresco recuerdo del lunes, lo sé, pero es que el aroma de una rosa despierta a cualquiera. Los cultores de la memoria solemos encontrarnos en sitios insólitos con nosotros mismos, ante cualquier puerta o ventana que haya quedado sin cerrar del todo.<br /><br />Tengan ustedes muy felices sueños.</p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-114420772774104487?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com31tag:blogger.com,1999:blog-11102924.post-1141831853546170792006-03-08T00:27:00.000-03:002006-03-23T22:30:45.676-03:00Desmesura de la felicidad y crónica del velorio del Sr. Spock<p align="justify"><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:arial;"><strong><em>"......Es duro vivir con miedo, ¿verdad?; eso es lo que significa ser esclavo. He visto cosas que ustedes, gente, no creerían: naves ardiendo más allá del hombro de Orión, rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser... Y todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia."</em> (Versión castellana 'a lo Alfredito' del diálogo final entre Deckard y Roy Batty en "Blade Runner" de Ridley Scott, 1982 - El que habla es Roy)</strong></span></span></p><p align="justify">Hablemos del lapso que va de la nada a la Nada. Perdonen ustedes que me ponga algo heideggeriano o sartreano, yo que detesto a ambos y a sus respectivas mujeres, aunque admiro a existencialistas un poco más serios como serían Camus o Jaspers. Hace poco retomé la costumbre de someter anteproyectos de textos a una suerte de falsación (si lo no científico es susceptible de falsación 'a lo Popper') y pegué una especie de prototipo en cierto foro que sucede -en decadencia rutilante- a uno de los que otrora visitaba asiduamente.<br /><br />Dejaré para una próxima entrada consideraciones varias acerca de la peligrosidad de quienes simulan el discurso científico para impresionar a sus interlocutores, a las víctimas de sus defraudaciones, a los estudiantes ingenuos y a los ciudadanos-electores. Me concentraré en cambio en la circunstancia de que escaso eco tuvo mi texto en ese ámbito: lo leyeron muchos, pero no respondieron el intríngulis formulado usurpando la personalidad del Replicante, o sea "¿qué es realmente la felicidad para un humano 'occidental' del 2006?"<br /><br />Ayuno de impresiones ajenas, no ha quedado otro remedio que retocarlo y exponerse al exigente sentido crítico de los comentaristas de esta bitácora. ¡Allá vamos!<br /><br />El asunto surgió de relacionar el diálogo final de "Blade Runner" y las obsesiones del paranoico Philip Keith Dick con el velorio del Señor Spock. Como leen: casi siempre que escucho música electrónica me fastidia la sobresaturación sensorial que acaba por producir el ambiente que su emisión genera. He imaginado (alucinado) estar en medio del velorio del Sr. Spock, en un descomunal Xanadu construido con cristal, de paredes y cielorraso transparentes e iluminado con lasers de colores, el féretro negro de diseño espacial ocupando el centro del salón principal vacío y dentro de él, yacente, el orejudo de "Star Trek", tan inexpresivo en la muerte como lo fuera en vida, aburrido como la insufrible serie que protagonizaba, haciendo juego con la parodia de música ambiental que satura la atmósfera de la casa velatoria. Mientras, los asistentes a su capilla ardiente (el nombre menos apropiado para las pompas fúnebres de alguien como Spock) nos vamos despedazando sin dolor pero con un residuo de espanto, perdiendo consistencia y conciencia de nosotros mismos, abandonándonos a lo sensorial hasta evaporarnos como espíritus que han partido (copyright los hermanitos Gibb, hacia 1979). Un ambiente tan poco propicio para los maléficos racionalistas que queremos mantener el máximo control de nosotros mismos hasta el momento de la muerte si ello fuera posible, como ideal para aquellos adictos a los efectos atribuidos a ciertas sustancias tóxicas que pueden llevarnos fácilmente a estados alterados tales como la esquizofrenia paranoide si es que tenemos la constancia de consumirlas con la debida frecuencia y cantidad.<br /><br />Pongamos a mis divagues visionarios acerca de los efectos de Helmholtz y su descendencia musical prudentemente a un lado, y pasemos directamente a los bifes: esa rara imagen me hizo recordar conversaciones de mi pasado con personas interesadas en el destino, la felicidad y el ser en el tiempo. Vayamos donde vayamos, llegaremos a un punto en que no podremos escapar más. Ni del conocimiento de nosotros mismos, ni de ninguna otra cosa, ni de nadie.<br /><br />Un poco de Historia de la Filosofía ayudaría a ponernos en materia. "<b>Eudaimonía</b>" ('hado propicio', o 'buen hado', o cosa así) llamó Aristóteles al vivir satisfecho consigo mismo al punto de exorbitar los límites de la propia sensación de existencia. Aunque el término cagaste llano "<i>felicidad</i>" (del latín 'felix'--> fértil, fecundo) sea el más aproximado al significado originario, <i>"beatitud"</i> (de 'beo' --> colmado de dicha, de plenitud), <i>"bienaventuranza"</i> o <i>"dicha"</i> también designan la misma noción. Platón usaba otra voz: "<b>makariótes</b>", que no era un <i>stopper</i> del Panathinaikós en tiempos de Perikles sino un término corriente en el griego del Ática, indicativo -dicen los hombres sabios- menos del esfuerzo por comportarse bien que de la coincidencia espontánea de circunstancias con las necesidades del humano para vivir bien.<br /><br />Un instante aislado de felicidad de un ser humano no lo convierte en "feliz". Terrícolas consultados en mi busca permanente de la empatía afirman que les resulta necesario ligar en su mente plenitud y conformidad con una serie de conductas propias adoptadas de manera voluntaria: la virtud y el esfuerzo. Pero otros afirman que la felicidad consiste en aislados instantes de dicha, unidos por la memoria. Confieso sentirme mucho más cerca de los primeros, que se atreven a construir una Felicidad acaso ilusoria, una esperanza, que de los segundos, que se deciden derrotados por el tiempo de antemano.<br /><br />Siguiendo con los grandes filósofos griegos, Epicuro, ese señor de quien tantas cosas estupendas tuve que decir en esta misma bitácora, <a href="http://intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com/2005/03/continuacin-de-lo-anterior.html">aquí</a> y en algún otro lugar, pretendía formular el camino correcto, recopilado en el '<i>tetrafármaton</i>': "<i>No debe temerse al dios; la muerte está exenta de riesgos; el bien es fácil de adquirir; el mal, fácilmente soportable con el coraje</i>" (Filodemo, De dis, I, 12). Y proponía encontrar la felicidad personal en el placer natural y necesario: "... ni banquetes ni orgías constantes... engendran una vida feliz, sino un cálculo prudente que investigue las causas de toda elección y rechazo", se lee en uno de sus escritos. Pero siempre han quedado rondando estos interrogantes: <b>¿por qué lo que para unos resulta un placer, un caso de prosperidad, un avance en la dicha, para otros puede resultar desagradable? ¿Se puede ser feliz entre infelices? ¿Se puede ser feliz sabiendo que se condena a otros a lo que consideran infelicidad?</b><br /><br />Los estoicos, por su parte, mucho más conscientes -me temo- de eso tan llevado y traído de que "los recursos son escasos y las voluntades de difícil o nula susceptibilidad de cálculo" (la sal de las ciencias sociales como el Derecho y la Economía), pretendían bajar de las nubes y formar hombres prudentes desde el aprendizaje de la experiencia social, porque la toma de decisiones no depende exclusivamente del sujeto agente: hay acción de otros y circunstancias de hecho que pueden estar fuera de su alcance dominar. El estoico intentaba ser feliz a partir del dominio de lo racional para controlar emociones y conducirse conforme a una apropiada interacción con los demás y el medio que no debe confundirse mañosamente con la resignación.<br /><br />El esquema estoico fue retomado en el Renacimiento y en la Ilustración. En particular Kant (si lo sabremos los que tenemos formación de ave negra) fue propicio a la adquisición de fortaleza moral para minimizar la dependencia de factores no racionales ni voluntarios en la acción humana. Un autodominio creativo, decía, permite modificar la realidad para acentuar las posibilidades de sentirse feliz, conforme con los medios empleados para ser quien se pretende ser. Así, según esta concepción, el ser humano libra una lucha permanente contra sus pasiones y contra las limitaciones sociales y naturales.<br /><br />Quodlibetum para deleite de individuos e individuas (© cierto político leonés y la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que imita contra la lógica de la lengua castellana algunos absurdos 'tics' léxicos de determinadas corrientes ideológicas peninsulares) como Mnemosine, Ignis y El Curioso Lector; la felicidad a la antigua usanza española, y olé: <a href="http://www.filosofia.org/enc/emm/e190171.htm">tomo 19 de la "Enciclopedia Moderna" de Mellado, Madrid, 1852.</a><br /><br />Hay quienes saben encontrar el encanto de lo fugaz y conciben la felicidad como una serie de momentos concretos, pero no aciertan a comprender que éstos les pertenecen en exclusiva. Cuando narran su felicidad pasada al partícipe de su presente no lo están incluyendo en ella: el tiempo y la Física lo impiden, y sólo le llega un relato, unas palabras que reflejan apenas un débil eco de lo disfrutado en un instante. El arte de muchos narradores y poetas consiste en ser capaces de hacer evocar a otros humanos su mejor pasado a propósito de unas situaciones distantes y sentir que participan de una sensación ajena.<br /><br />Algunos, a partir de cierto instante de la vida, tiran la toalla, se rinden, se limitan a durar, sabiendo que la marcha atrás es históricamente imposible pero sería hermoso bañarse otra vez el mismo río acompañado de sus afectos, afectos que, mientras luchan por hacer con ingenio e intrepidez aventureras que el camino de regreso a Itaca-la Nada sea largo, son reliquias de instantes de felicidad que no son, empero la Felicidad, pero pueden ser la única que esas personas hayan tenido. Signos de pasadas dichas, bienaventuranzas y beatitudes que acompañen a Ulises hasta que Argos reconozca entre muchedumbre de vagamundos a su amo y Penélope se entere de que puede dejar de fingir, que los superhéroes de la Red disfrazados de desconcertados mortales lo perdonamos todo, hasta el injusto paso del tiempo. No pueden perdonarse el olvido: también ellos saben que, con mayor o menor grado de probabilidad y posibilidad, en otra voluta de las curvas espaciotemporales una ocasión amnistiada pero latente volverá a parecer propicia y entonces, antes que la diosa calva se aleje de nuestro alcance, hay que asirla fuertemente por el escurridizo mechón.<br /><br />No siempre se es quien uno quiere ser. Circunstancialmente se resulta estar siendo otro, el complementario, el que necesita que uno impida que el olvido lo aniquile. De manera que, aun siendo óptimo el tener en claro quiénes somos o preferimos ser, no está mal que nos presten otros ojos y otra piel por un ratito. Saber cómo mira el comisario Deckard desde su óptica humana es buena medida para dejar de ser replicante.<br /><br />¿Qué nos hace más humanos al final del día? ¿Nuestra personal manera de buscar la plenitud (a lo Séneca) o los instantes de dicha aislados del contexto (a lo Epicuro)?<br /><br />Salud y memoria emotiva (el elixir de la Eternidad, los qualia, o algo así).</p><br />___________________<br /><p align="justify">Un apunte necesario, fuera de tema:<br /><br />Al pie de mi post <a href="http://intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com/2005/12/olvido.html">"Olvido"</a>, del 6 de diciembre de 2005, GUSTAVO me ha puesto un comentario que acaso convenga repasen. En él encontrarán algo sobre Moyano que les puede interesar.</p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11102924-114183185354617079?l=intrepidosnavegadoresdeltiempo.blogspot.com'/></div>Alfredohttp://www.blogger.com/profile/03759967172860296299noreply@blogger.com34